LA PEOR BRASIL DE LA HISTORIA

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Hace dos días publicamos una nota analizando la eterna discusión futbolera que se da en Argentina acerca de los estilos de juego, que se puede traducir en 2 escuelas: Bilardismo vs Menottismo. Las dos tienen millones de adeptos y han cosechado muchos títulos a lo largo de la historia. Bueno, en Brasil, esta dicotomía no parece haber existido nunca, al menos hasta estos años.

El estilo de juego que marcó tanto a los clubes brasileros como a su selección es el conocido como «jogo bonito». Conocido por su astucia, fluidez y un carácter decididamente ofensivo, es muy común oír que «en Brasil se juega como se vive«, y ciertas analogías que intentan explicar este fenómeno. Una de ellas es que la gran habilidad en los pies y la velocidad mental para decidir qué hacer en pocos segundos se debe a la influencia del capoeira y la samba en la población. Hay una imagen que sintetiza este pensamiento a la perfección y es la de Ronaldinho sonriendo mientras hace bailar a la pelota.

Yendo a lo estrictamente futbolístico, basta con analizar ciertos equipos brasileros para entender a qué apuntamos con esto del jogo bonito y el fútbol ofensivo: Pelé jugando con Garrincha y Zagallo en el ’62, el equipo que ganó el Mundial de México 1970 jugando con 5 números diez, el equipo del ’94 que le puso samba a un país sin cultura futbolística, y las alineaciones con 2 laterales, como Cafú y Roberto Carlos, que se la pasaban en la linea de fondo y aportaban poco a la cuestión defensiva.

El Mundial de 2014 se iba a jugar en Brasil y no se podía repetir lo ocurrido en el 1950, cuando perdieron la final contra Uruguay en el famoso «Maracanazo«. Era casi una cuestión de estado. Para eso, el histórico «ganar y jugar bien» se convirtió en un simple «ganar, a como de lugar«. Scolari armó un equipo rocoso, basado en una defensa férrea, cediéndole la pelota a los rivales y jugando de contra, dependiendo de su as de espadas, Neymar.

En la previa a la cita mundialista, el Scratch visitó varias ciudades del país disputando partidos amistosos, y a pesar de los buenos resultados, hubo una constante: los abucheos. El público no se sentía identificado en nada con esos 11 jugadores que esperaban a los contrarios, pegaban y hacían tiempo. Sin embargo, cuando el torneo empezó, el clima mundialista se empezó a sentir en plenitud y otras selecciones ganaban sus encuentros, la gente empezó a aceptar esto y hasta a festejarlo. En la victoria por 2 a 1 ante Colombia, correspondiente a los cuartos de final, la pelota le quemaba a los de amarillo y la reventaban a la tribuna en vez de salir jugando, mientras la gente aplaudía este nuevo estilo. Como dije antes, de local y con el fantasma del Maracanazo más latente que nunca, sólo valía ganar.

El 7-1 cayó como un baldazo de agua fría y las aspiraciones de ganar el «Hexa» se terminaron. En estos 4 días que pasaron, en Brasil se habló mucho del tema del estilo y la identidad. Se aniquiló a Luiz Felipe Scolari y hasta se planteó la posibilidad de llevar un técnico extranjero para recuperar ese fútbol que ahora otros países desarrollan. Tras el fracaso alemán en la Euro 2000, una frase cambió al fútbol teutón para siempre: «Es la técnica, estúpido». A partir de ahí, los alemanes adoptaron muchas formas del juego brasileño. Ahora, si quieren recuperar su identidad, deberán mirar hacia Europa.

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About Author

Estudiante de Historia en la UBA. A veces oficio de periodista. Hincha y socio de Argentinos Juniors.

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