Luis Enrique

NO ERA TAN MALO

Barcelona volvió a gritar campeón de la BBVA, y sin lugar a dudas, es un logro merecido. Porque en la segunda recta no hubo rival que pudiera parar al trío Messi-Suárez-Neymar, y porque también fue muy dificil convertirle. Entonces, ¿qué es Luis Enrique?

A Luis Enrique llegaron hasta a decirle que no servía para nada. Que no estaba a la altura, que quería ponerle los puntos a ¡la rebeldía! de Messi. En la mala -o la no tan buena-, cuando su equipo peleaba pero los pergaminos se los llevaba Real Madrid, parecía que el entrenador español era el responsable de todo. De que Dani Alves ya no se parezca al de antes, al igual que Busquets. Culpable, si, culpable, de que Xavi tenga 35 años y ya no tenga la ingerencia de antes en cada partido, e Iniesta jugara en bajo nivel. Para muchos, Luis Enrique también fue causante de que el equipo no se acomodara aún con la ausencia de Luis Suarez, de que Neymar sea por momento intermitentes, y de que Messi no parezca Messi. Pero atención: todos estos problemas ya habían aparecido, quizás en menor medida, con la dirección técnica de Gerardo Martino. Porque era obvio, algún día iba a pasar: los jugadores de Barcelona no podrían ser perfectos para siempre. Entonces, consciente del paso del tiempo en varios de los suyos, Luis Enrique, que venía de hacer un gran trabajo en Celta y además, tenía «más espalda» que el ‘Tata’, debía tomar decisiones. Por más antipáticas que resulten.

Luis Enrique decidió que Claudio Bravo era el adecuado para la Liga, pero que el alemán Ter Stegen debía tener minutos. Entonces, el rubio de 23 años jugó en la Champions. Al principio mostró dudas, pero con el correr de los partidos se fue asentando. Despacito, Dani Alves fue retomando su nivel, al igual que Piqué, de gran temporada. Pese a las críticas, el entrenador también decidió confiar en Jeremy Mathieu, y éste terminó cumpliendo de sobremanera. Con Mascherano, fue versátil. Habiendo tomado nota de que «El Jefecito» se desempeñaba hace rato como defensor central, pero en el Mundial de Brasil la descosió como mediocampista, Luis Enrique lo fue utilizando en ambas posiciones, según el partido y las necesidades del equipo. Cuando Busquets estuvo flojo, Masche se adueño del mediocampo sin ningún tipo de complicaciones. Y atención, porque Xavi Hernández un un símbolo indiscutible. Pero al equipo no le rendía, y ahí apareció otra vez la mano del técnico: confió en Rafinha, y este, pese a sus jovenes 22 años, respondió siempre bien. Después, cuando Rakitic fue amoldándose mejor, fue el croata quien se adueñó del puesto siendo importante en la creación y también pisando el área. A Iniesta lo bancó muchísimo, y en la delantera metió mano: Luis Enrique devolvió a Messi al séctor derecho, pero de ninguna manera dejó que se estacione solo por allí. Los últimos cinco meses de Lionel han sido fantásticos: goles, gambetas, caños, quiebres de cintura, asistencias y más. La apuesta de sacarlo del puesto de «falso 9» era arriesgada, pero dio resultados.

Pero más allá de nombres y de estados de confianza, el cambio radicó en el estilo. Este Barcelona de Luis Enrique entiende todos los libretos. Aprendió a ser más vertical. Hace goles casi sin proponérselo. Sabe llegar al arco sin tener que hacer una superjugada repleta de pases. Aunque también sabe hacerlo, claro. Sabe esperar y salir de contra pero también es capaz de atacar y atacar todo el partido (muestra de ello el 8-0 al Córdoba). Por momentos, también asfixia a los rivales con presión alta y además, arregló déficits en las pelotas paradas.

Barcelona es campéon, si, pero también jugará dos finales más. En ambas (ante Athletic por Copa del Rey y Juventus por Champions League) parte como favorito, y eso no es casual. La primera temporada de Luis Enrique en el banco de suplentes de su nueva casa, ya puede ser considerada como muy buena. Quizás mejor de lo esperada. Quizás también, el entrenador le deba mucho al gran momento de Messi y compañía, pero, vamos, ¿algo de trabajo hay, no? Porque Barcelona recibió solo 19 goles en 37 partidos disputados. En su última temporada, al Barcelona de Guardiola le convirtieron 40 tantos. Entonces, aquel técnico que se codeaba con la renuncia/dimisión si perdía en Camp Nou ante Atlético Madrid, es parte importante de una nueva vuelta olímpica blaugrana. Se equivocaron muchos: Luis Enrique sí estaba capacitado.