Copa América 2015

QUIEREN HACERSE LA AMÉRICA

La Copa América es la obsesión futbolística por la que luchan las selecciones de estas latitudes. El haberla conquistado no es un aliciente: siempre se quiere más. Sin embargo hay un puñado de países que todavía se preguntan qué sensaciones genera levantar el trofeo, y son ellos los que irán por todo a Chile, uno de los más necesitados por desahogarse y gritar campeón.

Con la desaparición en 1984 del British Home Championship, el certamen que enfrentaba regularmente a los conjuntos de las islas británicas, la Copa América se convirtió desde ese momento en el torneo de selecciones más antiguo del mundo, además de ser uno de los de mayor trascendencia tras la Copa del Mundo y la Eurocopa.

Pese a ser una competición reducida en cuanto al número de equipos intervinientes, si comparamos por caso con la superpoblada Euro -la que necesita a su vez de una eliminatoria para conformar sus grupos-, se puede comprobar una gran diferencia entre unos y otros de los representativos de América del Sur: por un lado hay equipos inmensamente laureados y ganadores, y por el otro, conjuntos más pequeños y con vitrinas sin la joya de la Conmebol.

Las líneas de esta nota, lejos de referirse por caso a las quince conquistas de Uruguay, que lo convierten en el más ganador de la cita –y que lo ayudaron a ser la selección con más títulos del mundo-, o los múltiples festejos de la albiceleste, como también los éxitos de Brasil y de alguna selección más, hará mención a aquellos países olvidados en las tapas de los lunes, esos que por mala fortuna, impericia o sólo mala suerte nunca han podido levantar la Copa América.

A lo largo de las últimas ediciones los equipos de la Concacaf dijeron presente con buenos y destacables rendimientos -por caso México, que logró acumular algunos subcampeonatos en poco más de diez años de presencia-. Sin embargo, este repaso se centrará en el grupo privilegiado que conforman Chile, Ecuador y Venezuela, los tres países que intentarán dar el golpe de una vez por todas en esta edición.

CHILE: EL DESEO DE FESTEJAR ANTE SU GENTE

¿La séptima será la vencida? Es claro que la condición de ser anfitrión envalentona a los equipos con menos recursos futbolísticos. Sin dudas el empuje de las tribunas, el contagio general y algún que otro fallo siempre a favor del dueño de casa, son las causas que pueden explicar tal situación.

Pero esta vez será diferente para Chile, o por lo menos así lo imagina todo el país trasandino. Es que la Roja será local una vez más del certamen que paraliza al cono sur americano y los de Sampaoli tienen que con qué hacer frente al traje de “favorito”. Las buenas producciones acumuladas en las últimas dos Copas del Mundo, en donde llegó a octavos de final, y cuyo camino quedó trunco por el mismo verdugo –Brasil-, dejaron un mensaje alentador de cara al futuro.

¿Pero del pasado qué? La Roja visitó muchas veces las puertas de la gloria: En nueve ocasiones se metió entre los tres primeros, siendo segundo en cuatro ocasiones. Los roces con el éxito comenzaron en 1926, cuando se escribían las primeras páginas del Campeonato Sudamericano de Selecciones –la denominación inicial que tuvo en su inicio el certamen-, al colgarse la “medalla de bronce”. En esa ocasión hizo las veces de anfitrión, una condición que había inaugurado seis años antes, y la que le permitió lograr siempre buenos resultados.

El privilegio de jugar ante su público se repitió casi veinte años después, cuando organizó las copas de 1941 y 1945. Si bien en esos torneos fue protagonista, en las décadas del 50’ como del ochenta se quedó con cuatro subcampeonatos. El primero de ellos, en casa como de costumbre, y en la edición de 1955 tras quedar a dos puntos de Argentina en la clasificación final, cuando el campeón se dirimía mediante el sistema de todos contra todos.

Al año siguiente, esta vez en Uruguay, también debió conformarse con ser segundo detrás del local. Tras varias participaciones deslucidas llegó el momento de revalidar el sueño en 1979, aunque otra vez la suerte le fue esquiva: llegó a la final con Paraguay –en una de las tres únicos copas que no contó con sede fija-, cayó en Asunción y se impuso en Santiago. ¿El bueno? Buenos Aires fue elegido como sede, y en el José Amalfitani, los guaraníes se hicieron fuertes y con el 0-0 con el que concluyó el partido se llevaron su segunda estrella por diferencia de gol.

Alexis Sánchez, la carta de gol para cortar la larga sequía de Chile

La Roja contó con otra chance clara en 1987, cuando la Copa América se decidió en la misma ciudad que había presenciado la derrota ocho años atrás, aunque en un recinto diferente: la cancha de River. Sin embargo la historia se repitió; Chile cayó 1-0 y Uruguay fue quien festejó del otro lado del charco. Para el recuerdo quedó la gran actuación ante Brasil, al que Chile goleó por 4 a 0.

La última vez que el elenco chileno recibió a sus pares sudamericanos fue en 1991, y pese a una buena primera ronda, donde sólo cayó ante Argentina -a la postre campeón-, no pudo cerrar de buena manera la competencia, despidiéndose de su gente sin triunfos y con una derrota ante Brasil.

Si bien los finales de las películas no han sido para nada felices, dejando un gusto más que amargo en la boca, en 2015 -y de la mano de Jorge Sampaoli- todo Chile querrá que la misma sea agradable y con un cierre lleno de alegría para el pueblo trasandino.

Una vez más cerca del título: derrota en la final de 1987

ECUADOR: UNA EVOLUCIÓN QUE CONTINÚA

El fútbol ecuatoriano corre en desventaja por su tardío crecimiento y expansión. Debieron pasar 14 ediciones para que La Tricolor ingresara en la competencia. Si bien en la última década se evidenció un crecimiento sostenido, los títulos en la Copa América aún no llegan, una marca que un país entero quiere romper en Chile.

Ecuador ingresó en el certamen recién en 1939, en una edición en la que tanto Argentina como Brasil no estuvieron presentes: tan sólo fueron cinco los participantes y el nuevo integrante de la familia sudamericana pagó un precio caro en su debut. Tras cuatro partidos se retiró nada más que con derrotas en su haber, además de los 18 tantos que permitió su valla.

El atraso futbolístico que sufrió, por su demorada inserción en los primeros planos, se hizo carne en la cancha y no logró redondear buenas actuaciones ni resultados salientes hasta bien entrado el siglo pasado. Entre tantas pálidas se dio el gusto de organizar la 20ma. edición del Campeonato Sudamericano de Selecciones en 1947. Guayaquil fue la ciudad elegida, y sobre el final de aquel año –con el último partido de la liguilla disputado el mismo 31 de diciembre-, la Argentina de Alfredo Di Stéfano y compañía se floreó, conquistando su noveno título. Por su parte, la Tricolor tragó bronca  una vez más y se despidió sin siquiera lograr un triunfo ante su gente.

En 1959 se dio un caso singular. Entre marzo y abril de aquel año se disputó la vigesimosexta edición en Argentina. Pese a la aparición de Pelé en la Copa, la Albiceleste fue finalmente campeón, con un punto de ventaja sobre la verdeamarela. ¿Ecuador? Renunció a su plaza y no participó pero la Conmebol, insólitamente, celebró otro torneo, esta vez en suelo ecuatoriano,  y sobre el final de ese año. Poco le importó a la Tricolor que en ese campeonato extraordinario se metió entre los mejores cuatro de la región, con la figura destacada de Carlos Spencer -fichado posteriormente por Peñarol-. Aunque la ausencia de Perú, Chile y Bolivia le quitó un poco de mérito a tal conquista.

Antonio Valencia, la gran baja de Ecuador de cara a esta copa

A partir de allí, y con el cambio de formato y aparición de de la primera fase clasificatoria, Ecuador se quedó sistemáticamente en esta frontera inicial. Debieron pasar muchos años para que, otra vez en casa y en la copa del 1993, se lograra pasar de ronda. Para el equipo que contaba con la presencia de Alex Aguinaga como baluarte, la zona de grupos fue un trámite: triunfos ante Venezuela –con goleada 6 a 1-, Estados Unidos –debutante al igual que México- y Uruguay. Todo marchaba bien y este parecía ser el año de la consagración, más aún tras la cómoda victoria ante Paraguay en cuartos. Sin embargo, se topó con el Tri, que había pasado como segundo mejor tercero, dio el golpe y venció a Ecuador por 2 a 0. Una vez más la ilusión se frustraba…

Pasaron muchas desilusiones pero en Chile, y con el argentino Gustavo Quinteros en el banco, se renovará la esperanza. No obstante la Tricolor llega mermada por las bajas de Felipe Caicedo, Joffre Guerrón y Antonio Valencia, capitán y máximo referente, quien debió ser intervenido en su pierna izquierda producto de derivaciones provocadas por una vieja lesión.

Cuarto en la Copa América 1993, tras caer en semis

VENEZUELA: MIENTRAS MÁS AÑEJO…

La Cenicienta del continente buscará en Chile continuar con su mejoría futbolística, y de paso comprobar si es posible sacar la espina que dejó la última Copa América, donde la Vinotinto se metió en semifinales. Sin dudas, el seleccionado que conduce desde el año pasado Noel Sanvicente Bethelmy pasó de promesa a realidad, tras un largo derrotero de pálidas campañas, con afiliaciones y desafiliaciones de por medio.

Venezuela comenzó a su camino en la Copa América, allá por la edición de 1967 celebrada en Uruguay. Su debut no pudo ser peor: el 18 de enero se enfrentó ante Chile y un hecho particular marcó su ingreso al torneo de Conmebol: por la tonalidad similar de ambas casacas debió recurrir a la vestimenta de Peñarol, hallada en uno de los vestuarios del Centenario. El resultado fue anecdótico y esperable (derrota 2-0), lo importante era que más allá de esta situación la Vinotinto se había insertado en el mapa continental. En lo que se refiere a su camino en el torneo, en el cual tomaron parte seis selecciones, Venezuela concluyó en el quinto lugar tras derrotar a Bolivia por 3 a 0.

Tras esa irrupción siempre dijo presente en el certamen, aunque no logró salir del fondo en ninguno de ellos. En 1993 fue tercero en el grupo A, detrás de Ecuador y Uruguay, pero sin embargo no logró superar el corte clasificatorio. Sin embargo se dio el gusto de que el goleador del equipo, José Luis Dolgetta, se llevó el premio al goleador de la copa gracias a sus cuatro tantos.

Por qué no soñar con Juan Arango, el mejor futbolista venezolano

En 2007 Venezuela se dio el gusto de recibir a la cuadragésima segunda edición. Entre el 26 de junio y el 15 de julio el béisbol se hizo a un lado y fue el fútbol el deporte que acaparó la atención de todo el país. El camino se inició con un 2-2 ante Bolivia, luego la Vinotinto obtuvo un triunfo ante Perú (2-0), una victoria que cortó la sequía de 40 años sin alegrías, tras aquella goleada ante la selección del Altiplano en Uruguay 1967. El partido final del grupo terminó en cero ante Uruguay, el rival al que debió enfrentar en un histórico partido de cuartos de final. La ilusión llegó hasta aquí: la Celeste se impuso 4 a 1 y dilapidó las esperanzas del país bolivariano.

Aunque lo logrado fue destacable, cuatro años más tarde, en Argentina, aquella Cenicienta del comienzo se codeó con la gloria como nunca antes y estuvo a un paso de meterse en la definición del certamen. Tan buena fue la producción de la selección bordó que sufrió su única derrota ante Perú, en el partido que nadie quiere jugar y que definió el tercer puesto. Se metió en la segunda ronda tras sumar dos empates (Brasil y Paraguay) y un triunfo (Ecuador); en cuartos superó a Chile por 2-1 hasta que cayó por el azar de los penales, tras verse las caras nuevamente con Paraguay, finalmente subcampeón tras Uruguay.

Cuatro años más tarde el único país sudamericano que no nunca logró meterse en una Copa del Mundo intentará sumar más experiencia en búsqueda de ese objetivo, y de ser posible, seguir asustando a más de uno a su paso.

Su mejor ubicación: cuarto en Argentina 2011

https://www.youtube.com/watch?v=2OMjJV5iQEk