Mundial de Uruguay 1930

SIEMPRE ES COMO LA PRIMERA VEZ: URUGUAY 1930

Los últimos escombros de la Primera Guerra Mundial aún surcaban los aires de la vieja Europa en 1930. El Siglo XX, problemático y febril, empezaba a recuperarse de la devastadora caída de la bolsa de Wall Street y a definir los lineamientos que guiarían el plano de la globalización en las décadas subsiguientes. En este alborotado contexto, una pasión deportiva emergía con velocidad meteórica desde las vías de los trenes y los clubes de barrio: la ola de profesionalización y organización de torneos internacionales comenzaba a convertir al Fútbol en lo que sería uno de los negocios más grandes en la historia de la humanidad. Luego de ser expulsado de los Juegos Olímpicos, el deporte regido por la FIFA estableció la necesidad de crear un campeonato que reuniera a las mejores Selecciones del Mundo, con la meta de determinar cuál podía considerarse la mejor de todas. Fue así que, con el impulso invaluable de Jules Rimet, Presidente de la Federación Internacionaly quien posteriormente daría su nombre al trofeo, Uruguay recibió el privilegio de organizar la primera Copa Mundial de Fútbol
El impresionante desempeño del combinado charrúa que conquistó los JJ.OO. de París 1924 y Ámsterdam 1928 fue uno de los grandes factores que motivaron la elección del país rioplatense como sede, pero no fue el único. La celebración del primer Centenario de la Jura de la Constitución uruguaya en Julio de aquel año fue el empuje definitivo que “La Celeste” necesitó para ganarse el derecho a albergar el campeonato. También en conmemoración al aniversario de la independencia del país, Uruguay construyó el Estadio Centenario, con capacidad para 90.000 personas (el más grande fuera de las Islas Británicas), con el objetivo de erigirlo como campo de juego de todos los encuentros del Mundial. Sin embargo, ciertos inconvenientes climáticos impidieron su inauguración para el kick-off del torneo el 13 de Julio. Los primeros encuentros fueron disputados en Gran Parque Central (Nacional) y Pocitos (Peñarol). Bautizado por Rimet como “El templo de Fútbol”, el monumental escenario apenas se encontró disponible para el 6to día de competencia, y a partir de ese momento fue sede de todos los cruces restantes.
Para inicios del Siglo, al igual que las relaciones políticas y el plano económico internacional, el Fútbol atravesaba por un período de cambios turbulentos y buscaba estabilizar sus dinámicas. El ampliamente aceptado esquema táctico de la WM ideado por el inglés Herbert Chapman estaba constituido por 2 defensores centrales, un mediocampo con 3 volantes en el que los carrileros se convertían en marcadores de punta en defensa, y un ataque de 5 puntas. Era en este último apartado en donde se libraba una feroz batalla estratégica: la corriente tradicional ubicaba a 2 punteros abiertos, dos entre-alas creativos y movedizos y un 9 ariete, estacionado en el área y representando luchas cuasi grecoromanas con los centrales rivales; la corriente reformadora, alimentada por las explosivas delanteras inglesas, le daba al 9 el rol central de organizador de juego, retrasándose para permitirle al 8 y 10 llegar al gol mediante incisivas diagonales. En Argentina, esta nueva raza fue denominada “9 Piloto” y encontró a su mayor exponente en el histórico Manuel Ferreira. El “Nolo” desplegaba un estilo opuesto a los gigantes que integraban el grupo de “9 bombarderos”, entre los que figuraban Herminio Masantonio, Francisco Varallo y Guillermo Stábile. Salvo el goleador de Huracán, todos estos hombres participaron del Mundial, trazándole al cuerpo técnico una fuerte disyuntiva, de cuya resolución dependería el rendimiento del equipo.
Los planteos estratégicos no eran la única problemática que dividía al Fútbol en 1930. Debido a los costos del viaje en barco y la desconfianza que había sobre la capacidad de Uruguay para llevar a cabo el evento, la mayoría de las Selecciones europeas decidieron no formar parte de la cumbre futbolística. La única potencia del “Viejo Continente” que se embarcó en la travesía fue Francia, aunque no contó con su figura Manuel Anatol ni su técnico Gastón Barreau. Los galos fueron acompañados por Yugoslavia, Rumanía y Bélgica. En América, en cambio, la predisposición fue alta: Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Perú, Paraguay, Estados Unidos y México completaron la nómina de 13 equipos que le dieron forma a los 4 grupos del Mundial. 3 zonas de 3 equipos y 1 de 4, en las que los ganadores avanzarían a semifinales, fue la composición del formato del fixture.
En la Grupo A, Argentina confirmó su favoritismo venciendo a Francia por 1-0, México por 6-3 (incluyendo un hat-trick de Stábile, luego goleador del certamen con 8 tantos) y Chile por 3-1. El Grupo B otorgó la gran sorpresa con la eliminación de un incipiente pero candidato Brasil, que cayó por 2-1 a manos de Yugoslavia, antes de que ambos vencieran con facilidad a Bolivia. En el Grupo C, el local también cumplió con la lógica superando a Perú y Rumanía sin recibir goles en contra. En el Grupo D, el seleccionado norteamericano aprovechó la inexperiencia de Bélgica y Paraguay para clasificarse a semifinales luego de un par de contundentes 3-0. Stábile se quedó con la titularidad para la albi-celeste ante la breve ausencia del “Nolo” Ferreira por un viaje personal, y su buen rendimiento le ganó un lugar permanente en el equipo. Cuando la figura de “Los Profesores” de Estudiantes LP regresó, debió tomar una posición diferente en la alineación. Esta formación era más que suficiente para derrotar a débiles selecciones semi-amateurs, pero para el ya inminente cruce final con Uruguay, podía no alcanzar.
Las semifinales se desenvolvieron de manera previsible: Argentina y Uruguay aplastaron a USA y Yugoslavia respectivamente, ambos por 6-1. De esta manera, la Final del Mundial se confirmó en la reedición de la definición de Ámsterdam ´28, en donde “La Celeste” se había impuesto por 2-1. El ya clásico derby rioplatense se desarrolló inicialmente en favor de los visitantes, que se fueron al entretiempo en ventaja por 2-1 (goles de Stábile y Carlos Peucelle), pero la presión terminó siendo demasiado para los jóvenes argentinos. Si bien el fervor de los casi 100.000 fanáticos charrúas que colmaron el Centenario jugó un papel preponderante, la leyenda cuenta que el vestuario de los dirigidos por Alberto Suppici fue testigo de una de las reprimendas más violentas en la historia del Fútbol por parte del fiero capitán José Nasazzi hacia sus compañeros. En el complemento, los ídolos del público local se alzaron en todo su esplendor. “La Maravilla Negra”, José Andrade, predecesor de los modernos marcadores de punta ofensivos, estableció el dominio uruguayo en la banda derecha y sirvió de soporte para disparar la contundencia de los delanteros Héctor Scarone, Héctor Castro y Pedro Cea. Finalmente, Uruguay superó a Argentina por 4-2 y se hizo acreedor del primer título Mundial.
Para muchos quedó en el olvido, o es un recuerdo borroso del que ya ni siquiera quedan sobrevivientes (el último fue “Pancho” Varallo, quien falleció en 2010 a los 100 años). Lo cierto es que la estructura de los Mundiales de Fútbol ha mutado enormemente desde aquel primer ensayo, hace ya 84 años. Sin embargo, a pesar de no haber contado con todas las potencias y figuras del momento ni tampoco la inversión y difusión que la desborda hoy en día, la Copa del Mundo Uruguay 1930 fue un éxito organizativo y deportivo que estableció un precedente histórico para una competencia que llegaría a convertirse en el evento más observado del planeta. 
FOTO: Fifa