RIQUELME: 10 MOMENTOS DEL 10

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Un día se cansó. Dijo basta. Juan Román Riquelme anunció su retiro, y el hincha del fútbol se puso nostálgico. El hincha del fútbol, si, porque Riquelme fue de esos futbolistas que hacen disfrutar a todos, sin importar qué camiseta usara. A lo largo de toda su carrera tuvo admiradores, y también detractores. Su particularidad carácter hizo que muchos lo amen y otros lo odien. Sin matices. Y lamentablemente, hubo que esperar este triste anuncio para que todos nos decidamos, de una vez por todas, a recordar pura y exclusivamente lo que el ídolo de Boca hizo adentro de la cancha. Gracias Román, tu talento ya tiene un lugar reservado en el escenario de los grandes artistas que dio el fútbol argentino.

1) EL DEBUT SOÑADO

Riquelme y su debut ante Unión.

“¿Queres jugar mañana?” le preguntó Carlos Salvador Bilardo a Riquelme el día antes de que Boca reciba a Unión en La Bombonera. ¡Qué pregunta! ¿Cómo no va a querer jugar? ¡Si es de las cosas que más disfruta en la vida! Román disfrutó de verdad. A él le gusta “jugar a la pelota”. Y jugó como pocos. En el día de su debut, fue la figura de la cancha y la hinchada xeneize se animó a ovacionarlo. No importó que fuese apresurado, ni que recién sea el comienzo. Aquel día Román hizo lo que sentía, y jugó como a él le gusta. El hincha, también hizo lo que su corazón futbolero le pedía. Fue el primero de muchos gritos: “Riqueeeeelme, Riqueeeeelme”.

2) TALENTO ARGENTINO

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1997. Riquelme todavía era un purrete pero ya demostraba clase de sobra. Usaba la “8” en la espalda, y José Néstor Pekerman, que siempre lo tuvo muy en cuenta, lo convocó al Mundial Sub-20 de Malasia. Román manejó la batuta junto a otros cracks como Walter Samuel, Esteban Cambiasso, Diego Placente, y quien luego sería su amigo y rival dentro de la cancha: Pablo Aimar. Aquel equipo brilló y acabó quedándose con el titulo. Riquelme aportó 4 goles, pero más allá del titulo y el festejo, aquel equipo tenía la impronta de Román. Ese equipo jugaba a la pelota, se divertía, y de paso, como consecuecia de todo lo anterior, ganaba. La impronta de Román, esa que veríamos más tarde con la camiseta de Boca, la observamos antes en la Selección Argentina.

3) UNA EXHIBICIÓN ÚNICA

Riquelme dio una clase de fútbol ante el Real Madrid.

Quizás la mejor actuación individual de Riquelme. Por el contexto, el rival y también su ingerencia en el resultado. Boca le ganaba 1-0 al Real Madrid. Pero ante semejantes bestias, un gol sonaba a poco. Entonces, Riquelme recibió cerca de su propia área y con dos toques demostró técnica e inteligencia. Con un leve movimiento, se puso la cancha de frente. Luego, la paró. Ya sabía lo que iba a hacer, incluso antes de amortiguar la pelota con su botín derecho. Pero por las dudas, levantó la cabeza para ver si Martín Palermo ya estaba corriendo de cara al arco. Y si, Martín corría. Dulce e intratable como pocas veces. Entonces, Román hizo el resto y metió un pase espectacular, con una precisión increíble.Boca se puso 2-0, pero el show debía continuar. Su actuación lo coronó como un verdadero crack. En Europa comenzaban a observarlo.

4) SIN ÉXITO

Dos mentes brillantes: Riquelme junto a Andrés Iniesta.

“Eres el mejor del mundo con la pelota en los pies, pero sin la pelota jugamos con un hombre menos”. Esas fueron las primeras palabras que Riquelme escuchó de su nuevo técnico en Barcelona: Louis Van Gaal. El holandés es un amante de la táctica, y el fútbol de Román entendía mucho de gambeta, toque, pausa y claridad, pero poco de compromiso y retroceso. Si bien regaló pinceladas, lo mejor de Román no pudo verse en el gigante club español. Eso si, la estadía del enganche sirvió para que uno de los grandes mitos del club, aprendiera cosas de él: Andrés Iniesta daba sus primeros pasos como futbolista profesional, y por aquellos años inició una relación de amistad y admiración para con Juan Román Riquelme.

5) EL MEJOR QUE HA VISTO EL MADRIGAL

Riquelme condujo al Villarreal en sus días más felices.

Tras salir del Barcelona, Riquelme no solo demostró que podía jugar en el fútbol europeo. También evidenció que era capaz de lograr grandes cosas, y con un equipo no precisamente rodeado de estrellas. En Villarreal, son muchos los que lo describen como el mejor jugador de la historia. Primero, fue el principal responsable de que el submarino amarillo termine en el 3º lugar: anotó 15 goles y ayudó a Diego Forlán para que el charrúa sea el Pichichi. Luego, llevó su magia a toda Europa. Villarreal dio la sorpresa en Champions League, llegando hasta semifinales. Contra el Arsenal inglés, esta vez a Román le tocó ser el villano: Lehmann le atajó un penal que podría haber significado el pase a la final. Nadie pudo reprocharle nada, claro. Después de todo, sin Riquelme, El Madrigal no hubiera podido disfrutar de esas noches de Champions.

6) CONFIRMADO: RIQUELME ES UN DISTINTO

Una muestra de carácter de Riquelme en la Selección Argentina.

Mientras la rompía en el Villarreal, Riquelme también deleitaba con la camiseta de la Selección Argentina. El Monumental, Estadio de River, se rompió las manos muchas veces aplaudiendo al ídolo de Boca. Por ejemplo, en aquel triunfo ante Brasil que significó la clasificación al Mundial 2006, en el que Román convirtió un golazo. Ya en la cita mundialista, el diez no pudo convertir, pero fue el máximo asistidor de la Copa (4). Una de ellas -lamentablemente la última-, fue en cuartos de final contra Alemania: desde un córner, Riquelme hizo uso de su guante. Es recordado el gesto de Roberto Fabián Ayala, diciéndole “tuyo, tuyo”. Luego, Pekerman sustituyó a Román y los penales fueron para los germanos. El diez no pudo tener revancha ante Lehmann. Se alejó de la Selección por un tiempo, y regresó en una situación particular: con conflictos en Villarreal, y estando inactivo, Alfio Basile le dio su confianza, lo convocó y lo puso de titular. Ante las dudas sobre su estado, Riquelme le dio el triunfo a Argentina ante Chile con dos tiros libres exquisitos. Y ya no quedaron dudas. Riquelme era distinto. No precisaba estar estar al 100% para hacer ganar partidos.

7) UNA CUENTA PENDIENTE

Riquelme fue uno de los tres mayores campeones de los Juegos Olímpicos.

La Copa América le fue esquiva. En realidad, quizás toda su trayectoria en la Selección Argentina haya terminado con gusto a poco. Porque un jugador de su talla siempre merece algo más. Aquella Copa parecía romper la malaria. Riquelme se paró cerca de otro maestro como Juan Sebastián Verón. Sabía que atrás tenía a Javier Mascherano, y aprovechó a sacar lo mejor de Esteban Cambiasso. Miró para adelante, y tenía nada más y nada menos que a Lionel Messi, y a los últimos goles que le quedaban en la mochila a Hernán Crespo. Argentina ganó y gustó. También supo golear. Avanzó con autoridad hasta la final ante Brasil, pero allí sucumbió una vez más. Parecía que era el final, pero no. Román tuvo el honor de ser uno de los +23 en participar de los Juegos Olimpicos de Beijing 2008, junto a Mascherano y Nicolás Pareja. Allá lejos, Riquelme se sacó la espina. Junto a Pablo Zabaleta, Fernando Gago, Ángel Di María, Ever Banega, Ezequiel Lavezzi, Lautaro Acosta, Diego Buonanotte, Sergio Aguero y el propio Messi (entre otros), conquistó el Oro olímpico. No lo sabía, pero ese sería su último capitulo con la albiceleste: las diferencias con Diego Armando Maradona lo llevarían nuevamente a alejarse de la Selección.

8) REY DE AMÉRICA

Riquelme fue la gran figura en la Libertadores 2007.

Agarra la pelota, y la besa. No se ve mucho. Boca necesita su guante, otra vez. Pide distancia, una y otra vez. En su mirada se ve que el diez pretende hacer algo. A él le encantan los desafíos. No precisa volver a romper con aquel mito de que es un “pecho frío”, pero por las dudas, por si a algún desprevenido todavía no le queda claro, él agarra la pelota con coraje y autoridad. Y la clava en el ángulo. “Cuando le pegué ya sabía que iba a ser gol”. Cosas que solo un crack como Riquelme puede decir. Aquella noche, bajo la niebla, Boca eliminó a Deportivo Cúcuta y se metió en la final de la Copa Libertadores. A Román todavía le dolía la final perdida en Japón ante el Bayern Munich. Quería volver a medirse contra los grandes, y que mejor que con la camiseta xeneize. Por eso pegó la vuelta, se puso el equipo al hombro y fue la figura por excelencia de la Copa Libertadores 2007; convirtió 8 goles en el certamen. 3 de ellos, en las finales ante Gremio (2 en Brasil). Ya era la tercera Copa Libertadores en su palmarés. Gambetas, caños, lujos, cambios de frente, pases milimétricos y pausas justas, lamentablemente no entran en ninguna estadística.

9) EL ADIÓS A SU HOGAR

Antes de partir, Riquelme volvió a ser campeón local con Boca.

Faltaba más, si. Con Riquelme siempre faltaba más. Parecía que estaba, que ya nos había dado demasiado a los hinchas del fútbol, pero no. Siempre sacaba algo de la galera. Su físico no era el mismo, pero el talento seguía intacto. Boca fue campeón invicto del Apertura 2011, con Julio César Falcioni como entrenador. Se decía que el ex DT de Banfield no quería a Román; que prefería jugar sin enganche; que a Román no le gustaba la forma de trabajar de Falcioni. Se habló mucho, como siempre. Riquelme habló poco en los micrófonos y mucho en la cancha. ¿Casualidad o causalidad? Dos de las últimas grandes rachas del fútbol argentino son de Boca: con Bianchi y Falcioni. En ambas, estuvo presente Román. El diez ayudó a que Boca, además de ese titulo, consiga también la Copa Argentina, y la yapa fue haber llegado una vez más a la final de la Copa Libertadores. La de 2012 sería la N°4 en su carrera, y la única que no pudo levantar. Corinthians le impidió la consagración. En la previa a la final, Riquelme anunció que se iba del club xeneize porque se sentía cansado. Más tarde, regresaría junto a su padre futbolistico, Carlos Bianchi, pero los dos se irían por la puerta de atrás luego de no contar con el apoyo del presidente Daniel Angelici. Igualmente, su último pasó le permitió a Román transformarse en el jugador con más partidos disputados en La Bombonera. “Soy bostero”, se cansa de repetir. Por lo que aquel récord es especial para él.

10) EL CIERRE IDEAL

Riquelme se alejó del fútbol profesional tras su paso por Argentinos Juniors.

“Me fui del club hace 18 años, y hoy tengo la suerte de estar otra vez acá”. Esas fueron algunas de las palabras de Juan Román Riquelme el día de su regreso a Argentinos Juniors, el club que lo vio nacer y lo formó futbolisticamente antes de su paso por Boca. En Paternal acababan de sufrir el descenso a la B Nacional, y tras enterarse del adiós de Riquelme en el xeneize, no dudaron en tentarlo. El enganche tenía ganas de seguir jugando a la pelota, y accedió. La misión: regresar a Primera en los siguientes 6 meses. Un desafio distinto; y en una categoría distinta. Una vez más, se habló de si Riquelme estaba o no capacitado. Una vez más, el diez habló adentro de la cancha. Ya con el físico pasándole factura, pero una vez más, con la sabiduria intelectual y técnica suficiente como para callar aquellas voces. Román metió 5 goles, y un par más en la Copa Argentina. Después de un gran martirio, Argentinos logró su objetivo y regresó a Primera. En medio de una ovación, el diez soltó: “ahora estamos a mano”, y se fue a comer asado con su familia, para nunca más volver a ser futbolista profesional.

Por ser un distinto, por aguantarla como nadie. Por tantas veces que puso la pelota bajo su suela y nos hizo disfrutar a todos. Por cada una de las veces en que acarició el balón con su botín derecho para clavarla en el ángulo. Por cada segundo de más que se tomó para que todos abriéramos la boca de admiración. Por cada pase entre mil piernas rivales, y también por cada bochazo hacia el otro rincón de la cancha pero al pecho de un compañero. Por hablar siempre, pero siempre adentro de la cancha.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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