COLÓN Y LA FAMOSA MANTA CORTA

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Atlético Tucumán y Colón de Santa Fe jugaron un partidazo hasta que los locales se pusieron en ventaja. El Sabalero de Eduardo Domínguez llegaba invicto y se plantó en el campo de juego con un 4-1-4-1 que contó con la particularidad de incluir a ambos extremos a perfil cambiado, y lo propio con Pablo Ledesma, diestro que ocupó el puesto de interior izquierdo. Esto hizo que en cada lugar de la cancha, Colón optara por juego interior al mismo tiempo que adelantaba a sus laterales. Las asociaciones a partir de triangulaciones estaban garantizadas y el arranque fue bueno: en los primeros diez minutos, la visita tuvo dos chances claras, una con cada lateral. Gustavo Toledo apareció por dentro y Marcelo Estigarribia lo hizo por afuera. La propuesta resultó atractiva y por momentos bien ejecutada, ya que en 3/4 los de Domínguez lograban encontrar verticalidad y profundidad. Pero como sostenía el brasileño Tim, el fútbol es una manta corta: si te tapás los pies te descubrís la cabeza, y si te tapás la cabeza, te descubrís los pies; el retroceso Sabalero resultó un dolor de cabeza.

Con un año lleno de competencias, Atlético Tucumán se ha afirmado como un equipo que encuentra momentos, estudia bien al rival hasta detectar las debilidades. Esta vez, los de Ricardo Zielinsky reaccionaron en el peor momento: cuando Colón era el dueño de la pelota, Atlético encontró la falencia en el sector izquierdo de la defensa rival, y atacó por allí hasta el cansancio. Con Guillermo Acosta como lateral derecho en un nivel estupendo, David Barbona como extremo y Favio Álvarez muy activo y lúcido en la mediapunta, el Decano explotó ese sector, abrió el marcador y siguió atacando tras quedarse con un jugador más. Esto se debió primero a que la línea de cuatro volantes que Domínguez colocó por delante de Matías Fritzler, nunca sintió el retroceso. En el 1-0 convertido por Luis Rodríguez, tanto Ledesma como Tomas Chancalay quedan a enormes distancias de la jugada. Estigarribia, que tampoco hace de la defensa su fuerte, poco podía hacer. Para Fritzler, cubrir todo el ancho del campo también resultaba imposible. Tras la expulsión de Chancalay esto se acentuó y Colón tambaleó en la cancha al punto de que irse al descanso sólo un gol abajo resultaba alentador.

Eduardo Domínguez ajustó en el complemento. Colón pasó a jugar 4-3-2, con Christian Bernardi como segundo punta flotando por detrás de Nicolás Leguizamón; el ingresado Adrián Bastía colabó con Fritzler y Ledesma pasó a tener más responsabilidades ofensivas. Esto permitió que el Sabalero siguiera atacando con ambos laterales: Bastía hizo las veces de interior izquierdo para taponar al tándem Acosta-Barbona. Estigarribia dejó de defender en soledad y los ataques de Atlético Tucumán por ese sector perdieron profundidad, así como Álvarez se repitió en imprecisiones. Los locales no corrieron demasiado peligro pero no pudieron aprovechar el hombre de más. Apenas el despliegue y la técnica de Rodrigo Aliendro destacó en un complemento que volvió a tener a Colón como el protagonista que fue en el inicio. Aún así, el conjunto tucumano llega envalentonado a la final de Copa Argentina ante River. Por su parte, el Sabalero deberá seguir trabajando su idea, que resulta atractiva y por momentos muy bien ejecutada. La pregunta que debe hacerse Domínguez es cómo mejorar en el retroceso sin perder demasiado volumen de juego.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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