MANDELA, UNA LUCHA QUE SIGUIÓ EN EL DEPORTE

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A los 95 años, después de una intensa lucha, en la que logró poner fin al Apartheid que regía en Sudáfrica y ser reconocido por todo el mundo, falleció Nelson Mandela, el líder que peleó por erradicar la discriminación. El deporte fue uno de los ámbitos en donde más trabajó desde presidente, y su figura se agigantó.

Lógicamente, ante la temática que trata la página, primero desarrollaremos un recorrido por la relación que tuvo con el mundo del deporte y sus allegados. Luego sí, ahondaremos en su lucha, una lucha de toda la sociedad. Una disputa que todo el mundo le agradece. Mandela, nacido el 18 de julio de 1918, se fue a finales del 2013, después de todo lo hecho, que aquí explicaremos.

“La mayor gloria no es caer, sino levantarse siempre”
 Su relación con el mundo del fútbol
Nelson Mandela fue el responsable de que la Copa del Mundo, en el 2010, tenga lugar en Sudáfrica. Consolidó al fútbol, también al rugby, aunque en el balompié tuvo una importante relación, con varios protagonistas. Su primer intento fue en el 2006, aunque Alemania le ganó el terreno y se llevó el premio de ser la sede. Sin embargo, en la siguiente edición, no perdió la oportunidad.
 
Mediante el deporte, logró unir todavía más a su pueblo. Produjo que fuera una unidad, un solo grito de furia y de festejo; todos por una única causa. Nada más importaba, ante semejantes actos. Porque el fútbol sudafricano, se sabe, no tiene esa jerarquización con la que parten otros países, aunque en el rugby es una de las potencias mundiales.
 
Fue en 1995, cuando cumplía un año en la presidencia, que en un estadio ubicado en su suelo natal, con su presencia y después de su trabajo para que el torneo se lleve a cabo allí, los sudafricanos ganaban el Mundial al vencer a los All Blacks. Sudáfrica triunfaba sobre Nueva Zelanda. El escenario rugía de felicidad y satisfacción, todo era un solo grito, y aparecía Mandela, congraciado entre la multitud.
Después de muchos años de seguir con su lucha, volvió a dejar su nombre en la escena deportiva. Más allá de que los alemanes le quitaron el lugar, se desquitó cuatro años después, siendo embajador de la Copa, aunque ya padecía graves problemas de salud y apenas pudo estar en la final disputada entre España y Holanda en la que se impuso La Roja de Vicente del Bosque.
 
De todos modos, no fue lo único que desarrolló. Su ambición por generar algo en el deporte provino desde mucho tiempo antes. En su etapa en la que estuvo preso, se sacaba las ganas con los otros presos jugando al fútbol. Hacían pelotas con cualquier material que encontrasen y, pese a diferencias irreconciliables entre un recluso y otro, se hizo un torneo en el que competían sin problemas.
 
Fundaron la Makana Football Asociation, en la liga de la Isla Robben, lugar donde se situaba la prisión. El nombre provenía de un viejo luchador social que murió en la isla, después de estar varios años encerrado. Pese a que no les permitían jugar, después de mucho tiempo peleando por sus derechos consiguieron que los dejaran disputar 30 minutos cada sábado.
 
Para 1969, la liga era una realidad. Se crearon hasta tres divisiones, y todos podían formar parte de un equipo, en momentos donde se salían del ámbito general de las celdas en el que vivían cada día. Se regían bajo normas FIFA, dado que en el lugar poseían un libro con el reglamente del ente más importante del planeta en este deporte.
 
Fue tan importante lo creado, que hasta tenían una especie de tribunal, en las que quejas eran presentadas por escrito, y hasta se capacitaba a los árbitros. Igualmente, con la finalización del Apartheid y el cierre de la Isla Robben, la Liga Makana desapareció. Quedó como símbolo otra pelea más, por los derechos y por imponer su ideología. Un torneo serio, disfrutado al máximo, con Madiba como el líder del movimiento.
 
Por otra parte, en 1976 Sudáfrica había sido excluida de la FIFA (se había unido en 1910), tras los hechos de violencia que dejaron miles de personas asesinadas luego de una sublevación en Johannesburgo. Madiba sabía de la importancia del deporte como unión social, como movimiento de masas, y siguió para adelante, consiguiendo que años después la institución le restableciera su lugar. Así, el Orlando Pirates logró hacerse con la Copa Africana de Clubes en 1995. Después, todo se potenciaría con los tres oros en los Juegos Olímpicos y el título en fútbol del equipo nacional en un certamen continental.
 
Su lucha también pasó por el deporte. Los Springbooks se armonizaron con la sociedad, son hoy uno de los tres mejores equipos de rugby del mundo. Por el lado del fútbol, Sudáfrica no estará en el próximo Mundial de Brasil, aunque Mandela ya vio llevado a cabo su sueño hace cuatro años. Allí, logró el grito de júbilo de todo su país, de toda la gente que esperaba una alegría así, pese a sus casi nulas posibilidades de ganar el campeonato.

Su lucha, la lucha de un pueblo

Un gran líder, el líder de una lucha, la de todo el pueblo sudafricano. Con el tiempo, su nombre trascendió fronteras, por su disputa, por su ideología. La sociedad entera lo fue tomando como héroe. Una persona que peleó por la paz, globalmente, después de poner fin a la discriminación en Sudáfrica. Premiado, reconocido por el mundo entero, amado por casi todos, deja un gran vacío el día jueves 5 de diciembre al comunicarse su fallecimiento.
 
Fue el presidente actual quién dio a conocer la noticia. Jakob Zuma expresó por la noche la muerte de su predecesor, aquel que terminó con el Apartheid, aquella política instalada en 1948, cuando el Partido Nacional asumió en la nación sudafricana e institucionalizó la segregación racial. Su lucha contra este sistema hizo que en 1952 se produjeran cerca de 8.000 detenciones, incluyendo la suya, tras una represión.
 
Tenía una ideología política muy diferente, y disputaba por imponerla y erradicar la discriminación. Se basaba en un socialismo africano, antimperialista, antidiscriminatorio. De a poco, fue adquiriendo el apoyo de distintos grupos culturales, con los que hizo que su pelea fuera más general, y deje de estar solo en su minoritario grupo. Con una gran cantidad de personas que se unieron, se erigió como el líder de la causa y acabó perdiendo en primera instancia ante esa condición política.
“La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz».
 Durante esa primera detención, fue recluido en Johannesburgo. Después de unos años en los que estuvo en prisión, salió en libertad aunque volvió a aparecer públicamente tres años después. Esa lucha que representaba se había iniciado muchos años atrás. En 1942 se recibió en la carrera de Derecho, y pronto ingresó al Congreso Nacional Africano (ANC, siglas en inglés), un movimiento contra la opresión de los negros sudafricanos.
A medida que fue corriendo el tiempo, se convirtió en uno de los líderes de esa corriente. Y no la abandonó pese a estar en prisión. En 1961 fue elegido secretario honorario del Congreso de Acción Nacional de Toda África, otra escuela, con los mismos pensamientos, como medio para la recién proclamada República Sudafricana. Desde allí, siguió con sus intenciones.
 
Recorrió varios países del mismo continente, fue propagando la causa, recibiendo instrucciones militares y recaudando fondos. Al volver a su país, por dichas acciones fue detenido, obligado a cumplir cinco años de cárcel. Todo se agravó cuando, posteriormente al juicio, fue condenado a perpetua. Corría 1964, y por esos días también era nombrado presidente de la ANC.
 
Las condiciones en las que estuvo en prisión nuevamente fueron pobrísimas, aunque logró salir 27 años después. El gobierno, mientras tanto, rechazaba todo pedido de libertad, y eso hizo que el mito de su figura se agigantara. Así, se convirtió en el líder más representativo de la lucha contra el Apartheid, y su nombre trascendió fronteras, no solo las de su país.
 
Fue en 1990 cuando Frederik De Klerk, por entonces presidente de la República por el Partido Nacional, tomó la decisión de liberarlo. La relación entre ambos fue acrecentándose cada día, con el fin de lograr la democratización nacional. A causa de esto, en 1993 compartieron el Premio Nobel de la Paz. Un año más tarde se convirtió en el primer presidente negro de la historia de Sudáfrica. Sin duda alguna la lucha estaba claramente ganada, después de tantos años. Mantuvo a De Klerk como vicepresidente, y puso en marcha la reconciliación nacional.
“Si yo tuviera el tiempo en mis manos haría lo mismo otra vez. Lo mismo que haría cualquier hombre que se atreva a llamarse a sí mismo hombre”.
Renunció a una tercera parte de su sueldo, creó movimientos para generar fondos, como el Fondo Nelson Mandela para la Infancia. Consiguió poner fin a la segregación racial, fue el primer presidente negro de la nación, consiguió ser un mito y ser amado por todos. Pasó por muchas enfermedades, las pobres condiciones en la que estuvo privado de la libertad contribuyeron, y tuvo tuberculosis, cáncer, y su salud por estos años estuvo muy debilitada. Fallece, considerado por el mundo entero, en su casa en Johannesburgo. Madiba, como se lo conocía (un título de honor que le fue entregado por los ancianos del clan del que formaba parte) se va, dejando un gran legado. Enorme, para el planeta entero.
 
Nicolás Galliari
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About Author

Periodismo y fútbol. 24 años, de Roldán.

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