LOS PIBES LO LOGRARON PESE A TODO

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En la nota anterior señalábamos que la Selección Argentina Sub-20 había llegado con chances hasta la última fecha por puro corazón y amor propio. No hubo una preparación adecuada, ni la elección del entrenador estuvo prevista en tiempos lógicos de trabajo para una cita internacional. De hecho, Claudio Úbeda fue designado apenas dos meses antes de certamen. A pesar de eso, los pibes corrieron siempre desde atrás y consiguieron el objetivo: Argentina estará en Corea.

Antes la misión era obtener el título; ahora fue una hazaña haber conseguido clasificar. Para conseguir el pasaporte, Argentina venció por 2-0 a Venezuela. El equipo dirigido por Úbeda salió a la cancha en busca de los cinco goles que lo depositaran en Corea sin depender de nadie, pero tras un buen arranque sin conseguir abrir el marcador, lo anímico hizo efecto y el juego mermó. El entrenador dispuso un arriesgado pero ofensivo 3-1-2-4 con muchos espacios en defensa. El capitán Santiago Ascacíbar debía correr como nunca, y lo hizo; por delante de él, dos interiores ofensivos como Matías Zaracho y Joaquín Pereyra. Lucas Rodríguez y Brian Mansilla de extremos, y la dupla Marcelo Torres – Lautaro Martínez en ataque.

El 5-0 parecía imposible ya que desde su llegada a Ecuador, Úbeda no logró solucionar ninguna carencia ni potenciar alguna virtud. Cabe destacar que con el arco ocupado por Franco Pétroli, se usaron a los 23 convocados en nueve partidos disputados. Lo sorprendente fue que a pesar del esquema ultraofensivo, la defensa jugó su mejor partido en el Sudamericano, una muestra de carácter en momentos importantes. Juan Foyth, el zaguero que pertenece a Estudiantes, también se las ingenió para conducir con balón cuando todos sus compañeros estaban tapados. Los movimientos de Pereyra fueron interesantes y llevan a preguntar por qué no tuvo más minutos. El joven de Central demostró ser inteligente para ganar la espalda a los volantes venezolanos y velocidad para buscar a sus compañeros. Le faltó más serenidad en la toma de decisiones. Eso, y sumado al gran desgaste en la altura, inclinaron a que Úbeda intentara refrescar en el segundo tiempo con los ingresos de Tomás Conechny y Ezequiel Barco, pero no pesaron demasiado, principalmente el joven de Independiente.

La táctica de hacer eterno cada segundo funcionó para Venezuela, que sólo respiró con pelota en las conducciones de Yeferson Soteldo, quizás la gran aparición del certamen. Por su parte, Argentina volvió a mostrar un buen entendimiento entre Torres y Martínez. El de Boca es una grata sorpresa: además de su olfato goleador, en el primer tanto cae a un costado, aguanta ante los centrales y asiste a su compañero de ataque. Martínez, de más renombre, fue de menor a mayor y resultó fundamental en la clasificación: anotó el gol del triunfo ante Colombia, los dos ante Venezuela, el agónico empate ante Brasil y mostró un coraje notable para nunca bajar los brazos.

El 2-0 sirvió para pasar a Brasil en la tabla, aunque parecía que la Verdeamarelha la tendría fácil ante Colombia ya eliminada. No obstante, el conjunto cafetero demostró mucho profesionalismo al brindarse al máximo y rescatar un empate que le permitió a Argentina colocarse entre los cuatro primeros del hexagonal final. Un milagro si se tiene en cuenta el nivel del equipo y la poca atención que se le brindó desde AFA. Al confirmarse la clasificación, Lautaro Martínez reconoció: “No tuvimos los entrenamientos que deberíamos haber tenido”. Venezuela, el rival derrotado, trabajó un año y medio para lograr el objetivo. En cambio, Argentina regaló un año sin entrenador, y recién designó a Úbeda cuando faltaban dos meses para el inicio del certámen. Aún así, contra todo eso y sin ser una camada brillante, los pibes albicelestes lograron la clasificación. Cuánto más fácil sería todo entonces si a las selecciones juveniles se les prestara la atención que se merece. La clasificación al Mundial no debe opacar el resto.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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