Defensa y Justicia 2020

LAS LLAVES A BOTTA Y CARDOZO

Florencio Varela acostumbra a regalar un fútbol entretenido. Desde el ascenso con Diego Cocca, y pasando por entrenadores como Ariel Holan, Juan Pablo Jojvoda y Sebastián Beccacece, Defensa y Justicia ha logrado convertirse más de una vez en un buen atractivo de la Superliga Argentina. Ese camino busca retomar con la llegada de Hernán Crespo. Y lo cierto es que en los primeros partidos, el Halcón parece ir encaminado. La goleada ante Talleres en la reanudación del certamen, con Pablo De Muner como interino, dio el puntapié a una mejora de confianza. El nuevo entrenador se encontró con un contexto favorable a pesar de la renuncia de Mariano Soso a poco días del reinicio de la Superliga.

En aquel inicio de año, Defensa y Justicia se organizó en un 4-4-2 que tuvo a Rubén Botta y Neri Cardozo -dos de los más talentosos y experimentados- como volantes externos, a pierna cambiada ambos, con mucha libertad para ir hacia el centro a organizar los ataques. En principio, Crespo buscó no alterar demasiado aquella estructura, pero los empates ante Atlético Tucumán (1-1) y Colón (0-0) sirvieron de alarma. En ambos encuentros, el Halcón estuvo por encima del 70% de posesión, pero careció de profundidad. Defensa dominó sin pasar grandes sobresaltos defensivos; logró que su salida desde el fondo el permitiera instalarse en campo rival; incorporó a los laterales gracias al movimiento hacia dentro de Botta y Cardozo; mantuvo al bloque arriba gracias a la solidez de sus centrales, Juan Rodríguez y Héctor Martínez.

Juan Rodríguez y Héctor Martínez han tenido una Superliga muy buena; ambos se adaptan a jugar lejos de su arco y tienen buen pie.

Para visitar a Estudiantes, Crespo realizó una modificación sustancial: el ingreso de Francisco Pizzini por Guido Mainero -de gran actuación ante Talleres- llevó a que Botta pasara a jugar como mediapunta y ganara en influencia. El rango de acción de Juan Martín Lucero -único punta- se amplió de forma considerable. El ex Independiente es un atacante que se mueve mucho y bien; posee más técnica y despliegue que olfato goleador, aunque arrancó el año con tres gritos y dos asistencias en cinco partidos. Por lo demás, Botta brilló ante Estudiantes y acortó su recorrido, ya que el carril derecho perteneció a Pizzini, un jugador más joven, veloz y que, a pierna natural, puede facilitar la profundidad por ese sector tras la baja por lesión de Nicolás Tripichio -lateral derecho-, quien fue reemplazado por un jugador más defensivo como Néstor Breitenbruch.

El último ajuste de Crespo pasó por llevar al centro también a su otro futbolista de talento y experiencia: Neri Cardozo. Marcelo Benítez comenzó el año jugando en una nueva posición -volante central- y cumplió con creces, pero el intercalar las posiciones con Cardozo puede dotar al Halcón de mayor precisión y creatividad en fase ofensiva. Botta y Neri, que empezaron el año separados, partieron más cerca ante Rosario Central y le dieron un salto de calidad a un equipo. Al centralizarlos, y con los respaldos adecuados, Crespo les otorga las llaves del equipo; ambos tienen libertad para intervenir en distintas alturas y pasillos; además, se cubren las bandas con futbolistas más idóneas para el ida y vuelta. El esquema, si se quiere, es un 4-1-3-2 (o 4-1-3-1-1), con un mediocentro más posicional -pueden ser Matías Laba, Nelson Acevedo o Francisco Cerro-, Neri Cardozo por delante, Pizzini-Benítez a sus costados y Botta detrás de Lucero. Con esta disposición, el Halcón goleó a Rosario Central, hizo bajar el «ole» de las tribunas y llegó a ocho encuentros sin conocer la derrota. Aunque claro: su próximo rival es River Plate en el mismísimo Monumental. Habrá que ver si el contexto no inhibe a su habitual estilo asociativo, ofensivo y descontracturado.