LA PATADA QUE EMPEZÓ UNA GUERRA

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Zvonomir Boban, enganche técnico y cerebral, no pasó a la historia por un caño, ni por un pase entre líneas o un sombrero, sino por una patada. Una patada que comenzó una guerra.

Los comienzos del año 1990 eran agitados para la región balcánica, ya que tras la caída del comunismo, en Yugoslavia comenzaban a acrecentarse el odio existente entre las distintas etnias y religiones que lo componían. Macedonios, serbios, croatas y bosnios  empezaron una escalada de pleitos entre sí, y pedidos de independencia de un país liderado por el genocida Zlobodan Milosevic.
 
El 6 de mayo de ese año se celebraron las primeras elecciones autónomas en Croacia y el pueblo eligió a Franjo Tudjman, representante del partido nacionalista croata y acérrimo rival de Milosevic. Una semana más tarde se enfrentaban por la liga yugoslava el Dinamo Zagreb de Croacia y el Estrella Roja de Serbia. 3.000 hinchas del Estrella Roja, denominados  Delije (héroes), partieron desde Belgrado con cánticos como “mataremos a Tudjman” o “Croacia es Yugoslavia”. Eran  liderados por Zelkjo Raznatovic, alias Arkany que años después comandaría un grupo paramilitar dedicado a exterminar croatas. En Zagreb los esperaban los Bad Blues Boys, hinchas del Dinamo. Los incidentes comenzaron en la previa, en las puertas de ingreso al estadio Maksimir, pero aún así se decidió proseguir con el “espectáculo” planteado y ambas parcialidades ingresaron.
 
Los  equipos realizaban el calentamiento previo. Por el lado del Dinamo se veía a Boban (de tan solo 21 años) junto a Davor Sukermientras que en el Estrella Roja a Robert Prosinecki y a Dejan Savicevic. A menos de una hora del comienzo el polvorín explotó. Los dos bandos se encentraron en la cabecera de una de las tribunas comenzando la pelea con golpes de puños, armas blancas, sillas, piedras y todo lo que tenían a mano. La policía yugoslava, controlada por Milosevic, solo reprimió a los croatas que ingresaron al campo de juego para escapar de los gases lacrimógenos y perseguir a los serbios. Muchos de los jugadores buscaron refugio en el vestuario, incluso los del Estrella Roja se retiraron del estadio en un helicóptero perteneciente a una televisora. Pero Boban no se fue ni se quedó de brazos cruzados.  Cuando vio como un policía se ensañaba a macanazos con un hincha que estaba en el suelo, decidió ir a defenderlo, propinándole una patada voladora al pecho del agente. Inmediatamente, los hinchas lo ayudaron a para salir sin que nadie se acercara. Boban acababa de convertirse en un prócer.
 
El saldo fue un centenar de heridos, 132 detenidos (en su mayoría croatas), Boban sancionado y apartado de la Selección, y el preludio de una guerra que provocó miles de muertos.  Años más tarde se conoció que el policía agredido era un bosnio-musulmán que perdonó al jugador ya que “lo entendía”. 
 
Hoy en día en el Maksimir hay un placa de bronce que conmemora esos hechos: “Para los seguidores del equipo, que comenzaron la guerra con Serbia en este estadio el 13 de mayo de 1990“. 

“Ahí estaba yo, una cara pública, dispuesto a arriesgar mi vida, mi carrera, todo lo que la fama puede comprar, todo por un ideal, todo por una causa: la causa croata”. Zvonomir Boban.

 
Martín Olivé

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3 comentarios

  1. Nada es blanco y negro y mucho menos en una guerra. La versión de que “Serbia son los malos y Croacia los buenos” es tán fácil como falsa.

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