JORGE BURRUCHAGA: EL CÓMPLICE IDEAL

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Apenas 10 minutos le habían bastado a Alemania para desfigurar la sonrisa Argentina. La “albi-celeste” acababa de hipotecar el dominio nítido que la había puesto 2-0 arriba en la Final del Mundo con 2 simples errores en sendos corners, convertidos en goles por Karl-Heinz Rummenigge y Rudi Völler, y el panorama auguraba una definición electrizante. Allí cuando la sombra del tiempo extra se cernía sobre el gigante Estadio Azteca, casi 115.000 espectadores presenciaron atónitos cómo Diego Armando Maradona, de opaco partido, sacaba de la galera un pase en profundidad para su gran socio en aquella competencia, Jorge Burruchaga, quien confirmó su eficacia y frialdad en momentos cúlmine, escapándose en una corrida que hoy es eterna para vencer la resistencia de Harald Schumacher, y así traer la Copa para nuestras tierras por 2da vez. Ese minuto 90 consagró al equipo de Carlos Salvador Bilardo como campeón y, por consiguiente, a su capitán como el mejor jugador del Mundo. Pero, ¿Qué hubiera sido de Diego sin ese Mundial? ¿Qué hubiera sido de esa final sin ese gol? ¿Qué hubiera sido de Maradona sin Burruchaga? El cómplice perfecto que toda estrella necesita, el que convirtió al “Diez” en “D10S”, hoy cumple 52 años de gloria.
Resultado de imagen para burruchaga independiente24 años antes del momento más importante en la historia del fútbol argentino, un atareado municipio de Entre Ríos llamado Gualeguay veía el nacimiento de quien perpetraría aquella hazaña. El pequeño Jorge Luis salió a la calle a intentar mantener a su numerosa familia desde temprana a edad. Pudo rebuscárselas vendiendo helados, repartiendo diarios y trabajando de albañil, pero su talento y su pasión siempre fueron de la mano de la pelota. Tras un breve paso por Arsenal de Sarandí, Burruchaga debutó en la Primera de Independiente el 12 de Febrero de 1982, y convirtió su 1er gol 15 días después. En las filas del “Diablo” dio muestras ostensibles de su brillantez intelectual, un despliegue que le permitía desempeñarse tanto de delantero como de volante, y una certeza goleadora que lo erigía en héroe siempre que apremiaba la presión. En Avellaneda también le dio forma a una dupla exquisita con Ricardo Enrique Bochini, que hacía evocar a la que el mismo “Bocha” encarnara con Daniel Bertoni en la década anterior.
Construyendo paredes que poblaban los campos rivales de desconcierto e impotencia, el “Burru” se hizo ídolo codo a codo con Bochini, mientras obtenían el Metropolitano 1983 (mítico torneo en que salieron campeones en simultáneo con el descenso a la Primera B de su eterno clásico, Racing Club), pero la coronación suprema arribó en 1984. Aquel año Independiente consiguió su séptima Copa Libertadores de América –marca que ningún club ha podido igualar hasta la actualidad-, y las 2 figuras conformaron junto a Claudio Marangoni y Ricardo Giusti un medio-campo reluciente que liquidó la Final del principal torneo continental de Sudamérica al ganar en Brasil ante el Gremio, en lo que muchas voces de autoridad catalogaron como un partido perfecto. La superioridad del “Rojo” fue arrolladora y el 1-0 que selló Burruchaga fue un resultado estrecho. El 0-0 cómodo en la Doble Visera le otorgó al “Rey de Copas”la posibilidad de definir en Tokio la Copa Intercontinental. En otra gesta heroica, los dirigidos por José Omar Pastoriza derrotaron por 1-0 (José Percudani) al Liverpool inglés, y volvieron al país con el ansiado trofeo entre sus manos.
La etapa de Jorge en Independiente concluyó en 1985 con su traspaso al Nantes de Francia, en donde jugó durante 7 temporadas, registrando 27 goles en 139 partidos. No obstante, el año del paso a la inmortalidad de Burruchaga fue 1986. En México, en donde Maradona brilló en su máxima expresión como el mejor futbolista de todos los tiempos, “Burru” tomó la posta que también había esgrimido Bertoni en 1978 cuando fue ladero indispensable de Mario Kempes en la consecución del Mundial. Con la “7” en la espalda, y ubicado como punta acompañante de Jorge Valdano, el crack entreriano entendió a la perfección cada paso que daba la genialidad de Diego y completó la hercúlea tarea de seguirle el ritmo y servirle de apoyo y fluido interlocutor. Además del histórico gol en la final, Burruchaga anotó en el 2-0 a Bulgaria en la fase de grupos, y participó en los 7 partidos de Argentina en el certamen. Con la Copa en su vitrina, volvió a ser pieza clave del Sub-campeón en Italia 1990. Nuevamente bajo el mando del “Doctor” Bilardo y como referente indiscutido, anotó en las tandas de penales contra Yugoslavia y contra el local, además de liquidar con su 2-0 el duro encuentro de la zona inicial ante la Unión Soviética.
En Francia también militó en las filas del Valenciennes, en donde se vio envuelto en una acusación de soborno que le costó una sanción de casi 2 años sin jugar, motivo que lo privó de viajar con la Selección de Alfio Basile a la cita mundialista de USA 1994. Los últimos 3 años de su carrera los pasó en el club de sus amores, el que lo vio brillar entre 1982 y 1985, adosando a su palmarés los festejos en la Supercopa y Recopa Sudamericana de 1995.
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Comunicador social antisocial. Inconformista crónico. Profesor de Periodismo Deportivo. Fundamentalista de Messi.

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