LA MAGIA DE BOCHINI PARA OTRO TÍTULO

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El Nacional de 1978 terminó en 1979. Un 3 de enero, Independiente River accedieron a la final tras dejar en el camino a Talleres y Unión, respectivamente. Una semana más tarde la Doble Visera volvió a repetir una costumbre de aquella época: gritar campeón.

Fueron 32 los equipos que disputaron aquel certamen. Los cuatro grupos contaban con ocho equipos. Independiente integró el suyo junto a Vélez, Gimnasia, Racing de Córdoba, Deportivo Roca, Rosario Central, Argentinos Juniors y Altos Hornos Zapla. Ese también fue el orden en el que terminó la tabla de posiciones, con la salvedad de que el Rojo igualó en lo más alto con los de Liniers. De todas formas, ambos accedieron a la fase final, donde esperaban Talleres, Huracán, Colón, River, Unión y Racing.

En cuartos de final, el equipo dirigido por José Omar Pastoriza se midió ante Colón. La Ida en Santa Fe terminó con empate 2-2. En Avellaneda las cosas resultaron más cómodas. El poder ofensivo que componían Omar Larrosa, Ricardo Bochini, Alejandro Barberón, Norberto Outes y Antonio Alzamendi era de los mejores en el fútbol local. El “Bocha” y el uruguayo marcaron los tantos. En semifinales, un viejo conocido: Talleres de Córdoba.

A principio de año, Independiente había logrado en Córdoba una hazaña espectacular tras consagrarse campeón con tres jugadores menos. El entrenador Roberto Saporiti decía que para él no se trataba de una revancha, lo cierto es que otra vez dos grandes equipos se medían en una instancia decisiva. Allí donde los genios demuestran sus trucos. Bochini marcó un doblete en Avellaneda y el Rojo venció 2-1 a Talleres. Mismo resultado se dio en la revancha, donde fueron Enzo Trossero y Outes los que convirtieron.

River e Independiente estaban en la Final. Dos equipos que pregonaban un buen trato de la pelota y tenían como estandartes a glorias del fútbol argentino: Norberto Alonso y Ricardo Bochini. El Millonario, conducido por su ídolo Ángel Labruna, tenía jugadores de la talla de Ubaldo Fillol, Daniel Passarella, Juan José López, Reinaldo Merlo y Leopoldo Luque. Pese a los grandes nombres, la primera final en El Monumental terminó sin goles. En Avellaneda, Bochini sería amo y señor de la final. En dos oportunidades superó a Fillol, que meses antes había sido determinante en la obtención del Mundial 1978. En aquella noche de verano, el “Pato” no pudo ante la magia de Bochini. En el primer tiempo recibió al borde del área tras una gran patriada de Carlos Fren-con quien luego haría dupla técnica tras su retiro- y casi con los cordones del botín, empujó la pelota como con desprecio bien al lado del palo derecho. Como le pegaba Bochini, con precisión geométrica. Alonso estuvo cerca: Héctor “Chocolate” Baley voló de forma espectacular para ahogarle el grito de tiro libre. Ya en el segundo tiempo, Alzamendi metió el centro desde la derecha y Barberón la bajó. La pelota parecía perdida, demasiado alta, pero Bochini estuvo más rápido que todos y ni la dejó picar para volver a mandarla a la red. El Bocha agitó sus brazos y festejó el gol como pocas veces. No era de hacer demasiado escándalo en sus celebraciones, pero como en Italia ante Juventus y en Córdoba contra Talleres, su magia valía un título. El bicampeonato nacional para el gran Independiente de Pastoriza.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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