CINCO SANTOS PARA EL ALTAR CUERVO

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San Lorenzo de Almagro pasó los 100 años de vida, con una historia rica en gestas, tanto deportivas como institucionales. Enormes equipos han defendido los colores del Club, nutrido a las páginas azulgranas de grandes jugadores. No todos llegaron al altar de ídolos, pero sí son más de cinco.
El desafío es elegir ese caprichoso número, de aquellos a los que la gente del Ciclón reverencia. Pero, ¿cómo elaborar una lista de esta naturaleza sin cometer injusticias? Siempre rondarán la polémica y el reclamo por el que debería y por el que no debería formar parte. Hay segundas y terceras lecturas en esta colección de perfiles. San Lorenzo de Almagro vivió sus mejores momentos entre las décadas del 40 y del 70. Tiempos en los que el club tuvo su absoluto esplendor. Entre esos años defendieron la honra azulgrana, quienes formarán parte de esta nota.

Roberto Marcelo Telch

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Señalado como el mejor volante central de la historia del club, la “oveja” Roberto Telch llegó a Boedo en 1960. Con 19 años, este cordobés de San Vicente pronto comenzó a demostrar sus cualidades en el centro de la cancha y en 1962 debutó en primera enfrentando a Ferro. Fue un gran tiempista y a pesar de ser volante esquivaba el roce, intuía los pases y los cortaba permanentemente.
Es uno de los cinco jugadores –junto a Villar, Cocco, Veglio e Irusta– que se consagró cuatro veces campeón con San Lorenzo de Almagro: Metropolitano 1968, Metropolitano y Nacional de 1972 y Nacional 1974. En 1964 integró la Selección Argentina que ganó la Copa de las Naciones en Brasil, convirtiendo dos goles decisivos en el partido final para ganarle a Brasil por 3 a 0, y salir Campeón. Luego, en 1974 integró la Selección que viajó a Alemania para jugar el Campeonato Mundial y fue titular en los cinco partidos que disputó.
Fue técnico en varios equipos del ascenso, Banfield entre otros, formando dupla con Miguel Ángel Tojo. Telch jugó un total de 630 partidos en Primera División y es el tercer jugador con más partidos oficiales en Primera detrás de Hugo Gatti y Ricardo Bochini. Entre los tantos homenajes que ha recibido en el club, uno de los sectores del estadio Pedro Bidegain lleva su nombre, inmortalizando su paso por Boedo.

Rafael Albrecht

José Rafael Albrecht nació en Tucumán el 23 de agosto de 1941. Siempre tuvo claro que quería jugar al fútbol profesional. Miguel Muñoz, que hizo las inferiores junto con Albrecht, contó alguna vez que este fue un profesional ciento por ciento. “Desde muy chico dijo que se dedicaría al fútbol de manera profesional. Se cuidaba en las comidas y no salía de noche. Para aquellos tiempos, estas características eran totalmente revolucionarias y así le fue”. Se inició como jugador en Atlético Tucumán, y en 1957 con 16 años debutó en primera división del “Decano”, donde rápidamente se destacó y en 1960 se lo llevó Estudiantes de La Plata.

En 1963 sus grandes actuaciones en el “Pincha” le abrieron las puertas de San Lorenzo de Almagro, quién lo compró en una cifra record para la época y por tratarse de un defensor. El “Ciclón” tuvo que pagar 10 millones de pesos para hacerse de sus servicios. En el 64 integró el equipo de los “Carasucias” con figuras de la talla del Veira, Doval, Telch, Casá y Areán, entre otros. Fue protagonista con “Los Matadores”, bicampeón de la AFA en 1968. Este elenco, dirigido técnicamente por el brasileño Tim, ganó invicto el Metropolitano, con la ofensiva más goleadora y la defensa menos vencida.
Albrecht jugó en San Lorenzo entre 1963 y 1970. Era casi infalible ejecutando penales. De los 30 que convirtió entre San Lorenzo y la Selección, hubo dos que fueron decisivos. Así los rememoraba: “En La Bombonera, cuando Argentina le ganó a Bolivia y empató con Perú debí ejecutar dos penales casi calcados. Yo daba un paso y miraba de reojo a los arqueros; llegaba a la pelota y le daba fuerte, al palo opuesto al movimiento de ellos. Los arqueros me habían estudiado y ninguno se movía. Entonces, di dos pasos y en el último cambié la decisión, pegándole fuerte a media altura. Los dos remates, con diferencia de una semana y con 60.000 almas empujando, al final entraron. Pero no alcanzó y quedamos fuera de México 70”, apuntó. Formó parte de la Selección Argentina en dos mundiales, Chile 1962 y en Inglaterra 1966 (donde Argentina salió quinta). Su debut se produjo a los 19 años, cuando fue llevado a la Selección Nacional para una gira europea en 1960. Es el séptimo defensor con mayor cantidad de goles de la historia del fútbol mundial, convirtió 95 goles en 506 partidos. Su paso por San Lorenzo quedará recordado para siempre, ya que una de las mitades del sector preferencial de la Platea Sur, lleva su nombre.

Héctor Horacio Scotta

Héctor Scotta nació el 27 de septiembre de 1950 en San Justo, Santa Fe. Surgió en Unión, donde debutó en Primera en 1970, año que completó 9 goles en 23 partidos. La temporada siguiente lo contrató San Lorenzo y ahí comenzó su furia goleadora. El 11 de abril de 1971 se puso por primera vez la camiseta azulgrana, en un 3-0 contra Atlanta: el preludio de un raid de festejos y bombazos. Ese año, anotó 20 goles en 34 presentaciones. Perseverancia, búsqueda empedernida del gol, desinterés por si algún remate suyo sacudía un nido de águilas. Scotta no tenía muchas condiciones técnica, pero la gente le pedía goles y él cumplía.
No fue el futbolista más grande de estos pagos. Ni siquiera el mejor delantero que se recuerde. Pero consiguió, sin embargo, lo que muy pocos pueden: dejar una marca imborrable en la historia. En 1975 hizo 60 goles para San Lorenzo y marcó el récord absoluto de gritos en una sola temporada. Atrás había quedado el reinado de Arsenio Erico, el legendario paraguayo de Independiente, con sus 47 goles en el campeonato de 1938. Atrás quedaron también los cuestionamientos del público y el periodismo, los gritos de “burro” y los chistes eternos sobre sus limitados recursos técnicos: “Ahí, donde están las huellas de herradura, es la punta donde juega Scotta”.
Ese glorioso 1975 le valió al “Gringo” la tapa de todas las revistas del país, la televisión, los personajes del año, la gloria. Todo de golpe y a fuerza de goles. Lo invitaron a las peñas de San Lorenzo en todas las provincias del país. En San Justo lo agasajaron con asado para doscientas personas y el intendente le entregó una plaqueta. Hasta lo llevaron a los programas políticos. “Fue un momento maravilloso”, recuerda Héctor Scotta.

Rodolfo Fischer

Nació en Oberá, Misiones, el 2 de Abril de 1944.  Llegó a San Lorenzo en 1963 y poco tiempo después ya jugaba en tercera división. Su debut en primera se produjo en 1965, enfrentando a Argentinos Juniors. A pesar de su físico resultó ser un atacante de una rara habilidad. Utilizaba la llamada “bicicleta”, jugada que lo caracterizó, aunque lo mejor era cuando se lanzaba en velocidad y aprovechaba los espacios de contragolpe.
Cultor del bajo perfil, desde siempre fue un ejemplo de perseverancia y dedicación. El primero en llegar a los entrenamientos y el último en irse. Desde la humildad supo forjar una gran carrera, convirtiéndose en uno de los mayores goleadores en la historia del club, con 141 goles en 272 partidos oficiales. Solo superado por José Sanfilippo, Diego García y Rinaldo Martino. Jugó en San Lorenzo de Almagro en dos etapas, 1965-72 y 1977-78, siendo su participación clave en el campeonato de 1968. En la final de ese campeonato, convirtió quizás su gol más decisivo. En cancha de River se enfrentaron San Lorenzo y Estudiantes. El partido terminó igualado en un tanto, goles de Verón y Veglio. El encuentro siguió en el suplementario y en esa media hora final Fischer puso las cosas 2 a 1 regalándoles a todos los hinchas la victoria y el campeonato.
El “Lobo” comentaba en uno de sus tantos reportajes: “Gracias a Dios pasé años muy buenos en San Lorenzo, tuvimos grandes equipos, con excelentes jugadores, yo era uno más de ellos. Aquel de Los Matadores en el 68, con el que salimos campeones invictos, fui goleador. También el del 72, por lo menos en la primera etapa. Ese fue un bicampeonato, Metropolitano y Nacional. Son satisfacciones muy grandes”. En el metropolitano de 1972, enfrentando a River Plate, Rodolfo Fischer tuvo una destacadísima actuación, convirtiendo tres de los cuatro goles (el otro lo marcó Sanfilippo) en el triunfo del “Santo” por 4 – 0.
El debut con la camiseta de la Selección Argentina se dio el 22 de agosto de 1967 en México y cinco años después -el 6 de julio de 1972- vestía por última vez la casaca “número 9” del seleccionado, tras participar en 35 encuentros y anotar doce goles. Su paso por la “Albiceleste” es recordado ya que estableció dos récords: fue el primer jugador que militaba en el exterior -actuaba en el Botafogo de Brasil- en vestir la camiseta de la Selección y el último futbolista en anotar cuatro tantos en el mismo partido, esa vez fue al seleccionado de la Concacaf (por la Copa Independencia).

Sergio Bismark Villar

El 5 de enero de 1944 nacía en Montevideo el mejor lateral derecho en la historia de San Lorenzo. Luego de jugar en Club Sportivo Cerrito, Club Canillitas y Club Atlético Defensor, Sergio “el sapo” Villar llegó a San Lorenzo en 1968. Apenas unos meses le bastaron a Sergio para adueñarse del puesto y acoplarse al equipo, nada menos que a Los Matadores.
Villar se destacó por combinar la marca, el excelente criterio para manejar la pelota y una muy buena proyección en ataque. La consagración llegó rápido a la vida de este “botija”, ya que el mismo año en el que debutó, San Lorenzo obtuvo el Campeonato Metropolitano. También fue partícipe de la obtención del bicampeonato de 1972 y el título de 1974, todavía manteniéndose como titular en el equipo y con sus características de juego y su alto rendimiento.
También le tocó formar parte de la época más triste del Ciclón, que fue el descenso a Primera B, aunque jugó muy poco en 1981, debido a una pelea con Victorio Cocco, el técnico en ese año. Como parte de los desatinos dirigenciales que llevaron a San Lorenzo a la B, increíblemente Villar no podía ingresar al Club. A raíz de esos disparates, se marchó a All Boys. Había jugado trece años en el club, marcó 6 goles y disputó 446 partidos, por lo que se convirtió en el jugador que más veces vistió la casaca azulgrana.

Lateral derecho que también supo alternar en otros puestos de la defensa, siempre se lo recordará como uno de Los Matadores, aquel equipo invencible que marcó una época en el fútbol argentino. Villar es una presencia permanente en la vida actual de San Lorenzo, sufriendo o festejando al ver a su Ciclón en el Pedro Bidegain. Unas viejas declaraciones suyas lo pintan de cuerpo entero: “Yo a San Lorenzo lo llevo debajo de esta camisa (se toca el pecho). Me dejó la gloria de jugar con los Matadores, de ser campeón invicto, de salir bicampeón. Lo otro (descenso) también queda, pero prefiero dejarlo de lado”.

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About Author

56 años, escritor. El fútbol y el rugby, mis pasiones. San Lorenzo de Almagro un sentimiento. Escribir sobre fútbol y sus protagonistas, un oficio que intento aprender día a día.

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