GALINDEZ: DEL MASAJE A LA GLORIA

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¿Qué tanto puede influir un masaje para que un equipo se corone campeón? ¿Y para que muchos equipos se coronen campeón con el mismo masajista? Definitivamente, lo extraordinario de este personaje es su locura y su carisma. Hablamos, claro, de Miguel Galindez, el hombre más ganador del fútbol argentino.
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Miguel Di Lorenzo
nació hace 69 años en el Oeste de la provincia de Buenos Aires, y con una infancia muy difícil a cuestas, tuvo que salir a buscar trabajo con tan solo 12 años. En 1961, no se le ocurrió mejor idea que tocar las puertas de Boca Juniors para ofrecerse: mantuvo una muy divertida charla con el encargado del club, Sotelo, y terminó ganándose su confianza y el puesto de ayudante en la utilería. Fue este hombre su maestro, y quien lo inició en el mundo del fútbol. También fue ahí donde le pusieron el apodo que lo acompaña hasta estos días: Galindez, por un boxeador de aquella época. “Él y yo éramos iguales, así de feos”, recordó en una ocasión. Estando en Boca, presenció la época de oro con el Toto Lorenzo en el banco, cuando el conjunto de la Ribera ganó 2 Nacionales, 1 Metropolitano, 2 Copas Libertadores de América y la gloriosa Copa Intercontinental.
Pocos meses después de su alejo del Xeneize, recaló en Argentinos Juniors por pedido del brasileño Delem, al que recordó en más de una entrevista entre carcajadas: “Muy buena persona, siempre me hablaba en portugués y yo no le entendía nada, pero igual sabía que era un buen tipo”. En esa etapa, llegó a su vida uno de sus más grandes compañeros, un pibe, petiso, con rulos, que ya pintaba para crack, y que años más tarde se consagraría como el más grande de todos. Trabajando en Argentinos, vio jugar a un Maradona de 15 años y quedó obnubilado con su clase. Luego de un partido lo esperó en el vestuario, y con la efusión que lo caracteriza, le gritó “Pibe, usté es un maestro! Yo vi jugar a Pelé, a Rojitas, pero usté es superior a todos!”. La historia es conocida, el Diego la rompió, fue vendido a Boca, y luego, dio el salto a Europa.
Corría el año 1982, y Galindez, como siempre, se dedicaba a sacarle brillo al vestuario del Bicho, cuando le llegó un ofrecimiento que no pudo rechazar. Maradona se iba a Barcelona y le ofrecía acompañarlo, con la condición de que una vez instalados en el viejo continente, se dedique a estudiar para fisioterapetuta. Y así fue, en la ciudad catalana empezó sus estudios de las articulaciones y músculos, centrándose en el fortalecimiento del tobillo. Durante esos años conoció a figuras de la talla de Joan Manuel Serrat, José Luis Perales, Frank Sinatra y Julio Iglesias. Cuando se recibió, ya acompañando a Diego en Napoles, su amigo le consiguió trabajo en la selección de Bilardo, mientras paralelamente comenzó a trabajar para River.
Resultado de imagen para galindez maradonaProbablemente la década del ‘80 haya sido la más gloriosa para el ya masajista. Campeón de la Copa del Rey con el Barca, de la Libertadores y la Intercontinental con River Plate con el Bambino Veira, y campeón del Mundial de México 1986 con Carlos Salvador Bilardo como DT. Durante los 90 no dejó de ganar. A pesar de no haberse llevado la de oro, se trajo la medalla plateada de Italia ’90, aunque es recordado por un suceso un tanto extraño. En el partido con Brasil, fue quien le acercó el famoso bidón a Branco y lo “dejó atontado”. Con el Coco Basile al mando del seleccionado, se coronó en las Copas América de 1991 y 1993, con una extravagante cábala que dio resultado: antes de comenzar todos y cada uno de los partidos, colocaba en el centro del campo un pedazo de algodon mojado en alcohol.
En 1995 y por orden de Daniel Passarella, se dio por terminado su affaire con la selección nacional. Galindez no tardó en conseguir trabajo, ni mucho menos en volver a gritar campeón, ya que el Bambino lo llevó a San Lorenzo para ganar en el ‘95. Luego, en el Ciclón, repitió y salió campeón del Clausura 2001 y la Sudamericana de la mano de Manuel Pellegrini. El último título que figura en su memorable palmarés es el del Clausura 2010, en Argentinos Juniors, con Claudio Borghi al mando del Bicho. El equipo dio la vuelta olímpica en cancha de Huracán, y el dio una muy particular, igual a la que había dado 24 años atrás: en aquella ocasión, dio la vuelta al Azteca de Rodillas, y en el Ducó, repitió la celebración.
Esa es la historia de un tipo que la luchó siempre, que comenzó en la utilería, estudió, se dedicó a los masajes, siempre con una sonrisa en la boca, y fue factor común en muchos conjuntos memorables del fútbol mundial. Así que ya saben, si quieren salir campeones, llamen a Galindez…

“Porque el jugador es el que me da de comer. ¡Y no hablo de plata, eh! Hablo de compañerismo, de piel, de sentimientos, mates en la concentración, asados compartidos. Eso que se lleva acá (señalándose el pecho)”.

Por David Kreimer
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About Author

Estudiante de Historia en la UBA. A veces oficio de periodista. Hincha y socio de Argentinos Juniors.

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