FALTA ENCONTRAR EL NORTE

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Racing hizo su debut en la Superliga contra San Lorenzo y dejó sensaciones encontradas: la muestra de un plantel con calidad y variantes que se movió por el Nuevo Gasómetro sin una idea conjunta. Sin embargo, el saldo del clásico es positivo y deja pensar que el futuro será auspicioso.

¿A qué juega Racing? Esa fue la pregunta que surgió en la mayoría de los espectadores que vieron el debut de la Academia. La respuesta no es clara, aunque hay indicios de lo que se busca. No hay ninguna conclusión ni una continuidad de lo que se hizo el semestre pasado, lógicamente. El cierre del torneo anterior fue casi un suplicio en el que se vio la mano y astucia de un técnico inteligente como Diego Cocca para sacarle jugo a las piedras y disfrazar limitaciones grupales con decisiones arriesgadas: Miguel Barbieri de líbero, Leandro Grimi para cubrir a Emanuel Insúa, las apuestas de Matías Zaracho y Pablo Cuadra.

Con 13 jugadores nuevos (11 refuerzos y dos regresos) no se podía esperar demasiada coordinación, pero lo más llamativo fue la escasez de un plan. Por momentos hubo futbolistas que deambularon sin posiciones o roles fijos, como Cuadra, Enrique Triverio y Augusto Solari. No es nuevo el gusto de Cocca por armar equipos directos, simples y fuertes defensivamente, pero con San Lorenzo no se vio ninguno de los tres ítems. Racing fue abusivo del pelotazo sin sentido para salir unos pocos metros; no tuvo visión para salir con laterales imprecisos y que, por momentos, dan ventajas; ni fue resistente en defensa, sino vulnerable por los costados de Pillud y Grimi, sobre todo de este último, que no tuvo ayudas de Cuadra.

En los 70 minutos que Racing se mostró inconexo, sólo pudo hilvanar una buena jugada, y terminó en gol de Lisandro López. Luego, el retroceso excesivo le permitió a un Ciclón sin ideas empatar el partido. Egidio Arévalo Ríos y Diego González quedaron demasiado replegados y el arco de Nicolás Navarro fue casi un adorno en el campo. La curiosidad fue que, cuando se animó, Racing fue superior al rival. Con el cerebro de Matías Zaracho en cancha, el equipo fue otro: directo, simple y resistente. A favor de Cocca, la plantilla deja entrever las sobadas variantes para ser más audaz, como Nicolás Oroz, Brian Mansilla, Andrés Ibargüen –cuando esté adaptado-, y el mismo Zaracho.

Un aspecto positivo fue la jerárquica conducción de Lisandro López y el mayor protagonismo del Pulpo González. El contexto (adversario, escenario, falta de ritmo, refuerzos) deja un crédito impoluto para los encuentros que se aproximan en Copa Argentina y Copa Sudamericana, pero el entrenador deberá encontrar una idea para formar un conjunto con identidad. Contrariamente a tiempos recientes, refugiarse ya no tiene sentido. La calidad de los defensores mejoró y ahora pareciera que sobran generadores de juego. Se puede contraatacar sin estar escondido cerca del área, pero le llevará trabajo a Cocca.

Este debut deja otro asterisco importante: la Academia estuvo lejos de presentar su equipo ideal. El presente de los titulares da a pensar que en el mediano plazo se impondrán Renzo Saravia y Alexis Soto en la alineación; falta aparecer Ibargüen; dependiendo de la recuperación, quizás Lautaro Martínez; tal vez un defensor más aplomado que Barbieri. El estreno de la Superliga dejó muchas preguntas, pero las respuestas están. Dependerá de Cocca encontrar las piezas que encajen y aprovechar las variantes que permiten pensar en otra postura que le dé a Racing la competitividad a la que ya se acostumbró.

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