LA LLEGADA DEL MESÍAS A LA TIERRA

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El 21 de marzo del año 2010 fue la fecha elegida por Lionel Andrés Messi Cuccitini -el Mesías-, para consagrar su llegada al planeta Tierra y entrar en el Olimpo de los dioses del fútbol, poniéndose a la altura de su antecesor: Diego Armando Maradona. El escenario elegido fue La Romareda. RCD Zaragoza y FC Barcelona disputaban un partido correspondiente a la segunda vuelta del campeonato de la Liga española. El equipo dirigido por Pep Guardiola se presentaba con bajas claves en la zona media (Xavi Hernández y Andrés Iniesta), falta de rendimiento en hombres importantes como Zlatan Ibrahimovic y, además, se estaba jugando el primer puesto con el Real Madrid CF. Leo Messi, con una actuación monstruosa, lideró él solo a su equipo a la victoria final (2-4).

El estadio era un hervidero desde el inicio. El Zaragoza se armó bien atrás, para buscar salidas al contragolpe. No lo tendría fácil el Barça para ganar allí. Pero si una vez Larry Bird, asombrado con una gesta histórica de Michael Jordan (que anotó 63 puntos en el Boston Garden), comentó que vio a Dios disfrazado de jugador de baloncesto, aquella noche en La Romareda el omnipotente vestía de azulgrana y lucía el 10 a sus espaldas. Cuando acabó el partido, con el mundo asombrado por tal exhibición futbolística del genio rosarino, comenzaron los debates de si estaba al nivel de Diego Maradona o si ya realmente podría ser considerado como el mejor de todos los tiempos.

El partido comenzó con dominio del Barcelona, como siempre. El problema era que ante la falta de sus dos orfebres en el medio del campo les costaba elaborar jugadas. Así que tuvo que utilizar más el juego vertical y las transiciones cuando robaba. Messi comenzó pegado al costado derecho, donde lo esperaba su compatriota Ponzio, para derribarlo una y otra vez -ya que quitarle la pelota parecía algo imposible-. Un error en la salida de balón de los maños al principio, propiciado también por esa presión tan característica del Pep Team, condujo al Barça a marcar el primer gol: Messi tiró la diagonal hacia dentro, el Zaragoza robó e intentó salir, pero Diogo entregó la pelota a Ibra, que abrió a banda para Pedro, para que éste pusiera en bandeja el 1 a 0 a Messi, que lo firmó de cabeza.

La obra de arte que puso la Romareda a sus pies

Corría el minuto 20 de partido de la segunda mitad, Ander Herrera recibía un balón en la medular de su compañero Gabi y, antes de pudiera girarse para esconder la bola, apareció Messi como un león para presionarle y quitarle el esférico. Una vez que lo consiguió, lo cosió a su pie izquierdo y lo depositó en las redes de la portería que defendía Roberto. Entre medias, dejó una jugada llena de poesía en la que se cruzó la mitad del campo: primero dribló y dejó sentado a Jarosik; después se fue a por Contini, a quién encaró en el pico del área y con un doble recorte sacó de la jugada; para finalmente acabar definiendo con un disparo raso y cruzado al palo largo. En ese instante todo el estadio se puso de pie para ovacionar al genio, un fenómeno como Thierry Henry se echaba las manos a la cabeza en el banquillo y Pep Guardiola se acercaba al graderío para comentarle a un aficionado rival que si no fuera por él entrenaría en Tercera. En aquella jugada Leo Messi juntó todo lo que un futbolista puede hacer en un terreno de juego: defender, crear y ejecutar. Él solo fue capaz de dibujar una obra de arte que quedará para la historia, y con la que confirmaba la llegada de un genio único e irrepetible al planeta fútbol. Durante todo el partido no paró de producir jugadas ofensivas, a pesar de la dureza con la que se mostraron algunos rivales con él, pero en aquella acción lo unió todo. Correr a la velocidad que lo hizo el argentino, con el balón pegado al pie, y ser capaz a la misma vez de pensar y frenar para regatear y definir, es algo que nunca se había visto antes, y que probablemente jamás se verá. “Yo esta noche he visto a Maradona, pero más rápido, a más revoluciones”: José Aurelio Gay, técnico por entonces del Zaragoza, tras el encuentro.

The Show must go on…

El show debe continuar: eso dice la famosa canción del grupo inglés “Rock Queen”. Y eso fue lo que Leo cumplió. Una vez que puso a todo un estadio rival a sus pies, siguió dando muestras de su talento y abusando de su imaginación. Recibiendo un pase de su compañero Iniesta -que entró en la segunda parte-, disparó desde la frontal del área con su pie izquierdo un balón a la escuadra; inalcanzable para el guardameta Roberto. La incredibilidad continuaba creciendo para todos los asistentes en aquella noche de primavera.

El rosarino no paraba de mostrar una y otra vez que el trono mundial del fútbol le pertenecía a él y de que, aunque muchos achacaban gran parte de su éxito a sus compañeros, con un balón en sus pies era capaz de hacer cualquier cosa sin necesidad de que le asistan siempre. Un futbolista total. Un genio. Y cuando el panorama se complica, los grandes jugadores tienen la obligación de asumir el protagonismo y aparecer. Del 0-3 en el marcador a favor del Barça se pasó al 2-3 en pocos minutos. El encuentro se encontraba en sus últimos compases. Los de Guardiola se relajaron y el Zaragoza acortó distancias y levantó los ánimos a sus aficionados, que creían en la remontada. Los maños presionaban asfixiantemente a los culés y los decibelios de La Romareda resonaban altos.

Pero Messi volvió a sacar la barita mágica: recibió en la banda un pase elevado de Busquets, controló con la diestra y tiró de sombrero ante Ponzio con la izquierda. Ya dentro del área repitió el doble recorte a Contini, que lo acabó derribando cuando el argentino hizo uno más sobre Jarosik. Después, demostrando una cualidad más (el compañerismo) dejó que un Ibrahimovic cuestionado lanzara el penalti que cerraría el partido.

¿Está Leo a la altura de Diego? Respuesta rápida, sí. Como bien dijo una vez Jorge Valdano: “sabemos que Maradona y Messi son dos jugadores incomparables, de épocas distintas, y el siguiente paso que hacemos es compararlos. Para empezar tenemos que estar de acuerdo de que hablamos de dos genios. –Di Stéfano, Johan Cruyff, Pelé, Maradona, Messi, pocos más han llegado a esa categoría. Muchos quedaron en el camino-. Maradona y Messi son dos jugadores de una magnitud futbolística enorme que han dominado -Leo aún lo hace- la época en la que han vivido. Y son muchas las cosas que tienen en común, y algunas menos las que los diferencian. Ambos son argentinos, zurdos, de corta estatura y de enorme talento natural. Juegan y desarrollan su fútbol en una posición similar: la de diez, la de los buenos. Y desde ahí reciben, encaran y sortean rivales, asisten a sus compañeros o buscan la portería. Son rápidos, tanto pensando como actuando, tienen una precisión de cirujano en la izquierda y un gran dominio del balón. Se podría decir que técnicamente rozan la perfección. Y aunque los diferencia que Messi es más veloz, más ejecutor y más constante, y Maradona más artístico y más estratega, son dos jugadores de niveles equiparados. Dos extraterrestres, cada uno con su historia, que ha aparecido en un mundo de humanos que juegan al fútbol.

Podríamos haber también comparado lo que Diego ganó en su día y lo que está ganando Leo en esta época. Pero los tiros no van por ahí. Maradona subió a los altares y se coronó ganando un Mundial y dignificando el fútbol argentino desde la acción y, además, elevó a la fama a un club pequeño como es el SSC Napoli italiano. Messi, en cambio, es el hombre récords. Vistiendo la camiseta del FC Barcelona ha marcado más goles que nadie en la Liga y en la Champions, ha sido el mayor exponente del mejor equipo de todos los tiempos (el Barça de Pep Guardiola) y ha levantado cuatro balones de oro. Con Argentina se quedó a las puertas de ganar un Mundial, que sin él nunca habrían podido ni siquiera competir. Cuando Diego Armando Maradona se retiró del fútbol se dijo que no se volvería a ver nunca jamás un futbolista con tanto talento pisar un terreno de juego. Se le considera el Dios del balompié. Y años después parece ser que este todopoderoso mandó a su hijo a La Tierra para que disfrutáramos con él. Así que la respuesta de si Leo está a la altura de Diego empezó a quedar clara el día que el mesías llegó a La Tierra. Uno es el padre y el otro es el hijo. Cada aficionado dirá quién de los dos le hizo más disfrutar. Pero lo que está claro es que estos dos genios comparten el mismo nivel de talento de cuna.

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En el fútbol hay que jugar al ataque, debe ser un espectáculo. Y si jugadores y aficiones no disfrutan no merece la pena jugar.

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