JUGANDO POR LA BANDA IZQUIERDA

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Que fútbol y política van de la mano, no quedan dudas. Dentro del fútbol convergen muchos y muy variados intereses, entre estos últimos tenemos al interés político. La política como una forma de mantener cierto poder sobre un determinado grupo de personas, con el fin de administrar los diversos recursos de la población, implica el manejo de ciertos lineamientos para mantener este poder, uno de ellos es el fútbol. Desde los municipios hasta llegar al gobierno federal pasando por el gobierno provincial, utilizan al deporte con fines políticos. Ahora bien, dirigentes/políticos es un aspecto de esta relación, el otro es la que mantienen los protagonistas dentro del campo de juego, jugadores, árbitros y técnicos con la política.

 
Hay jugadores que, sean arqueros, defensas, medios o delanteros, no tienen reparo en mostrar que su posición en la vida es en el extremo. Mientras la mayoría de futbolistas prefieren echar la pelota afuera cuando de cuestiones políticas se trata, ellos exhiben orgullosos sus convicciones de extrema izquierda o extrema derecha.
 
Izquierda o derecha

«Hay un fútbol de izquierda y otro de derecha. Los más generosos, los más artistas, los más cultos siempre fueron de izquierda, siempre estuvieron más cerca de mí que lo otro, el mercado. Un fútbol generoso, abierto, comprometido con la gente, el orgullo de la representatividad, el orgullo de la pertenencia, todo eso que pregono me suena más a la izquierda que a la derecha. Después hay otro fútbol, al que no le importa la gente, solamente le interesa el resultado”. Polémico como siempre, así entiende el fútbol y la vida el técnico César Luis Menotti.
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Paul Breitner.

Pero declararse de izquierda no siempre fue fácil, y menos en la España franquista, como pudieron comprobar los ex Real Madrid, Pahiño y Paul Breitner. “Ser rojo me impidió ir al Mundial de Brasil en 1950. Te lo tenías que tragar y había que tener influencias para que, además, no te pasara nada”, contaba el ya desaparecido Manuel Fernández Fernández Pahiño, apartado por leer a Tolstoi y Dostoievski. “No tengo odio a nadie, pero los fascistas me daban asco”, decía el hasta hace poco séptimo goleador de la Liga, cuando fue superado por Messi. Paul Breitner llegó al Madrid en 1974 tras marcar el gol que dio a Alemania el Mundial ante Holanda, la naranja mecánica de Cruyff. Pero el “Káiser Rojo”, maoísta que admiraba a Ho Chi Minh y al Che Guevara, apenas duró tres años en el club “merengue”. Su ideología no comulgaba con el franquismo tardío y el club lo vendió al Eintracht de Alemania en 1977 al considerarlo un “jugador conflictivo”, después de haber obtenido dos Ligas.

 
El puño en alto de Sócrates
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Sócrates

La misma barba, pelo rizado indomable e ideales comunistas adornaban la cabeza de Sócrates“Si la gente no tiene el poder de decir las cosas, entonces las digo yo por ellos”, repetía una y otra vez el “Doctor”, rostro visible de la democracia corintiana

El régimen asambleísta del Timão fue un símbolo de resistencia contra la dictadura militar que rigió durante dos décadas (1964-1985) la meca del fútbol. Aquel jugador único, que tiraba los penales de taco y celebraba sus goles con el puño en alto, llamó Fidel a uno de sus hijos en homenaje a Castro. “Lo ideal sería un socialismo perfecto, donde todos los hombres tengan los mismos derechos y los mismo deberes. Una concepción del mundo sin poder”.

Millonarios y comunistas 

“Dicen que mi apoyo al Che no coincide con un futbolista millonario. Pero no siempre fui un futbolista millonario y mantengo mis creencias y mis héroes”

Así reconocía Cristiano Lucarelli. El delantero celebró un gol con la selección sub-21 italiana mostrando una camiseta con la cara del Che y levantando el puño. El castigo, ser expulsado de la selección y no volver a ser convocado hasta ocho años después. “Hay jugadores que se gastan millones en yates o Ferraris. Yo me he comprado la camiseta del Livorno”, afirmaba el goleador retirado en 2012, ídolo de Livorno, cuna del Partido Comunista Italiano y del club más rojo del país.
 
Pero si hay un equipo comunista por antonomasia, es el Sant Pauli. El club del barrio obrero de Hamburgo se declara antifascista en sus estatutos y fue el primer equipo alemán en prohibir la simbología nazi en su estadio. Deniz Naki, alemán de padres turcos, demostró su identificación con los colores cuando, en el campo del Hansa Rostock, celebró un gol de cara a los ultras locales (de tendencia fascista) haciendo la señal de cortarles el cuello. Al final del encuentro, clavó en el césped una bandera del Sant Pauli.
 
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Deniz Naki.

Siendo jugador del Barça, Oleguer escribió un artículo denunciando la condena al etarra Iñaki de Juana Chaos. Esto le costó perder varios millones, ya que su auspiciante, una marca de ropa deportiva, le quitó su patrocinio. En las últimas elecciones, el ex azulgrana se presentó en la lista de las CUP, para acceder al parlamento de Catalunya. El defensa renunció a jugar con España, igual que el gallego Nacho, del Compostela, o Inaxio Kortabarria, capitán de la Real que ganó las Ligas de 1981 y 1982. Como Oleguer, Javi Poves está muy vinculado al movimiento okupa. Ex jugador del Atlético y del Sporting, colgó los botines a los 25 años por sus convicciones políticas. 

“El fútbol profesional es solo dinero y corrupción. Es capitalismo, y el capitalismo es muerte. No quiero estar en un sistema que se basa en ganar dinero gracias a la muerte de otros”. 

En un deporte donde casi siempre triunfan las posturas comercialmente correctas, estos jugadores han representado la voz de muchos. “Nos queman las palabras, nos silencian, y la voz de la gente se oirá siempre. Inútil es matar, la muerte prueba que la vida existe.” 

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About Author

56 años, escritor. El fútbol y el rugby, mis pasiones. San Lorenzo de Almagro un sentimiento. Escribir sobre fútbol y sus protagonistas, un oficio que intento aprender día a día.

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