EL FÚTBOL COMO GUERRA

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Un 2 de abril pero de 1982 ocurrió otra de las locuras de la Dictadura Militar que ejerció su poder a base de represión sistemática desde 1976 hasta 1983 para perpetuarse en el poder. Un plan macabro había sido el Mundial de Fútbol en 1978, otro el conflicto por el Beagle que no llegó a guerra con Chile gracias a la mediación del Vaticano y, por último, la guerra de Malvinas. Pues bien, hoy se cumple un nuevo aniversario de esa nefasta guerra que culminó con 649 jóvenes argentinos muertos. Los medios de comunicación fueron cómplices de anunciar una guerra casi ganada cuando en realidad ocurría todo lo contrario. La gente olvidó por unos instantes la represión y se concentró en la Plaza de Mayo para festejar la presunta victoria, aunque poco tiempo después, más precisamente el 14 de junio de 1982, Argentina decidió rendirse y Gran Bretaña volvió a ocupar las tierras hasta el día de hoy. Pero en todo está el fútbol. Casi siempre en lo bueno y muchas veces en lo malo, ya sea para esconder cosas o como método de distracción. Una vez más, el deporte más popular del mundo resultó ser cómplice.

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El gobierno de facto insistió en que todo continúe normalmente, como si nada estuviese pasando. Y así fue. Argentina disputó el Mundial de ese año desarrollado en España, pero no es todo: se jugó normalmente el Torneo Nacional que ganó Ferro.  Ese torneo fue jugado por 32 equipos: 18 de Primera División y 14 del Interior. Incluso el mismo 2 de abril hubo fútbol: por la novena fecha, Central Norte le ganó 1-0 a Mariano Moreno de Junín. De no creer. Como si fuese poco, se decidió renombrar el torneo. Hubo dos cambios de nombres: «Malvinas Argentinas» fue el primero, y «Soberanía Argentina en las Islas Malvinas» el segundo. Todo era patriotismo absoluto: la guerra se tomaba como si fuese un partido de fútbol, mientras miles de almas jóvenes rezaban y luchaban por sus vidas. El 2 de mayo tampoco fue una fecha más: ese día fue el hundimiento del Crucero General Belgrano, que dejó 323 muertos. Pero por supuesto que el show debía continuar: Boca 1-1 Estudiantes, Quilmes 2-3 River, Newell’s 4-1 Gimnasia de Jujuy, entre otros partidos. Aquí no ha pasado nada. Apenas tres días después, la Selección Argentina disputó dos encuentros de preparación para el Mundial: en River, le ganó 2-1 a Bulgaria, y en Rosario 1-0 ante Rumania, el 12 de mayo.

Un día antes de la rendición argentina, el equipo de César Luis Menotti debutó en el Mundial ante Bélgica, perdiendo 1-0. Por el Torneo Nacional, Ferro y Quilmes se clasificaban a la final. Apenas 24 horas después los soldados argentinos se rendían en Malvinas, dejando las Islas en manos de Inglaterra. Y disculpe, señor lector, si usted está indignado y busca un final pronto. Pero no. Esto siguió, y luego del dolor y la tristeza, el 20 y 27 de junio se desarrollaron normalmente las finales del Nacional: 0-0 la ida y 2-0 la vuelta a favor del Ferro de Carlos Timoteo Griguol, que se coronó campeón indiscutido. Una vez más la marca del fútbol opacando realidades. Como si fuera poco, el país se tomó como una revancha lo sucedido en 1986 en el Estadio Azteca. Diego Armando Maradona hizo dos cosas geniales: le robó a un ladrón al hacer la famosa «mano de Dios» y luego hizo la obra de arte más preciosa y jamás vista. Gambeteó a cuanto inglés se le cruzara en el camino, los dejó ahí para siempre, inundados en la bronca y el dolor. Sí, perder aquella guerra dolió más, es indiscutible. Pero al menos los argentinos tocaron el cielo con las manos por una vez y vieron a su máximo rival arrodillado ante los pies del más grande. El fútbol fue indispensable para lograr aquel mimo al alma argentina. Una vez más, el fútbol hizo de las suyas. Cómplice en 1982, revanchista en 1986. Pero siempre presente. Hoy, 2 de abril, conmemoramos y honramos a los veteranos y a los caídos en aquella absurda guerra.

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Estudiante de periodismo. Maradoniano y Riquelmista. "Hasta la victoria siempre". "El periodismo es el mejor oficio del mundo".

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