Sólo para nativos

SOLO PARA NATIVOS

Cualquier club del mundo ansía en tener entre sus filas a los mejores jugadores. Sin embargo, hay tres instituciones en el globo que no escogen a los futbolistas más destacados, ya que más allá de las capacidades de cada uno, hay una condición sine qua non sobre todas las demás: ser nativos de esas tierras.

El éxito en el fútbol se mide por resultados. El valor de lo que reflejarán los diarios o aquello que será la comidilla de los empedernidos por el éxito es lo que ha llevado al fútbol (como en sí a cualquier deporte) a la búsqueda del resultado como única moneda de cambio. Los procesos y la preocupación por elaborar a futuro, son obviados por gran parte del mundo, el cual se ha enfermado por la inmediatez y por la tapa de los lunes. No obstante, hay sólo tres equipos que consideran una costumbre –casi una ley tácita- por encima de todo, incluso de la oscuridad deportiva del “no ganar”.

En medio de este frenesí, y pareciendo meros bichos raros, no acordes a los tiempos que se corren, se encuentran esos clubes con tradición, la cual no es sólo una estirpe común ni mucho menos. La misma se volvió una manera de vida, una marca que los acompaña más allá del triunfo y del fracaso. El Athletic de Bilbao español, las Chivas de Guadalajara, desde México, y El Nacional, de Ecuador, son equipos unidos por la tradición de no incorporar extranjeros a sus filas, y quienes pueden levantar la cabeza y sentirse orgullosos por lo que son, más allá de que quizá en sus inicios no todo haya sido como hoy en día.

EL ORGULLO DE MEDIA CIUDAD: ATHLETIC DE BILBAO

La imagen lo dice todo: la mancomunión entre hinchas y jugadores del Athletic de Bilbao es total

 El club que más representa a los vascos, una de las regiones más importantes de España y que por su bagaje étnico y cultural encuentra ramificaciones en el sur de Francia. Este pueblo posee tradiciones que lo hacen único, entre ellas un idioma, el Euskera, el cual no mantiene una raíz común con ninguno de los otros dialectos del globo, ya que no desciende de las lenguas romances. Un detalle que demuestra el toque mágico que posee esa tierra.

Distinto. Así es el andar de la ciudad eje de todo Bilbao, y sus ramificaciones étnicas ya mencionadas. En medio de todo este panorama de tradición y respeto por las costumbres clásicas, las que se han originado con la vida misma de la región, y que perduran al paso del reloj y de los hombres, surgió el Athletic Club, más allá de que esa no haya sido la denominación inicial que tuvo esta historia de filiación entre los vascos y el fútbol. La cual se vio modificada con el correr de los años en forma drástica, convirtiéndose en la bandera del orgullo vasco.

Con la venida del siglo XX, entre la gran cantidad de instituciones futbolísticas que surgieron, se destacaron dos por encima de las demás: el Athletic Club y el Bilbao Club, las cuales se mantuvieron por caminos separados durante los primeros años de la última etapa del milenio pasado. En 1903 se produjo la unificación entre ambos, estableciéndose el Athletic de Bilbao, y comenzando las participaciones iniciales en torneos oficiales. A partir de allí todo cambió para siempre.

Si bien el Bilbao (una denominación que sus hinchas desprecian; más adelante se explicará por qué) mantiene la tradición de incorporar sólo futbolistas vascos, en un comienzo la historia fue diferente. El sentimiento nacionalista, entendido como orgullo por la patria y bien lejano de la oscuridad que promulgó cierto régimen unas décadas más tarde, siempre fue muy fuerte en la población de la ciudad, asimismo el nuevo club estaba superpoblado de futbolistas ingleses en sus filas, simplemente porque eran los mejores técnicamente. Así fue que las primeras copas oficiales disputadas en España, antecesoras de la Copa del Rey, se marcharon para el norte de España. No obstante, en 1911 se produjo un quiebre que resultó clave y que cambió la historia de la naciente institución.

Ante el andar arrollador del equipo en las copas naciones, el lugar donde yace el secreto de su historia rica en conquistas (siendo el más ganador en dicho apartado), varios rivales, entre ellos Real Sociedad, que ya mostraba una gran enemistad con su par rojiblanco, protestaron por la mala inclusión de los jugadores extranjeros. Según ellos las adquisiciones de los futbolistas ingleses Sloop y Martin (hoy meros apellidos olvidados con el paso del tiempo) no se correspondían con las normas vigentes, ya que se trataban de profesionales. La incipiente Federación Española se mostró reacia en primer momento y desestimó el reclamo, lo que motivó al conjunto afincado en Anoeta a retirarse del certamen.

Sin embargo, la polémica se incrementó y la propia Federación modificó su dictamen inicial y anuló el certamen, echando por tierra el campeonato del Athletic de Bilbao. La reglamentación que entró en vigencia marcaba que desde ese momento se permitirían sólo tres futbolistas extranjeros por equipo, por ello la cúpula mayor del club cortó por lo sano y tomó la determinación de incorporar nada más que a jugadores vascos, de la región de Euskal Herria (País Vasco en su idioma).

Así tomó forma una nueva etapa para un Athletic de Bilbao aún en formación: se inició el “sólo para vascos”, ya sea nacidos en dicha tierra o bien para aquellos formados en la región, una condición que tomó mayor peso en los últimos años y que permitió por ejemplo que Fernando Amorebieta, criado en Euskal pero con nacionalidad venezolana, haya llegado al primer equipo. Esta exclusividad que promueve el club ha sido discutida como racista pero es, sin embargo, una medida que pinta de cuerpo entero la manera de pensar y de vivir de los albirrojos. En verdad, una historia quijotesca que perduró pese al paso de los años y de los fracasos que opacaron al equipo, privado de ganar desde hace más de treinta años, siendo su última conquista oficial la Copa del Rey de 1984, ganada tras esa batalla ante Barcelona y un tal Diego Armando Maradona.

En la ciudad de Bilbao no son aceptadas las expresiones “Bilbao” o “Atlético” para referirse al club rojiblanco, ya que tales denominaciones fueron adoptadas durante la dictadura de Francisco Franco, el general que durante medio siglo prohibió todo tipo de manifestación de la cultura vasca, la que con tanto amor adoptan desde la cuna los nacidos en Euskal Herria, o mejor dicho, el País Vasco, y también aquellos criados en el pintoresco territorio y que por adopción son los únicos extranjeros (desde la ley) que pueden calzarse al camiseta a bastones.

EL REBAÑO SAGRADO MEXICANO

Gol de las Chivas y el festejo posterior, exclusividad de futbolistas mexicanos

“Este club vencerá o morirá, hasta el final, a base del talento y el esfuerzo de once jugadores mexicanos”, el pensamiento de Ignacio López Hernández, presidente de Guadalajara en los años ’40, sigue aún vigente. Lo cierto es que el fútbol llegó a México en barco, junto a los inmigrantes europeos que arribaron a todos los rincones del continente americano, y las Chivas no fueron ni son la excepción a la regla. Los primeros en patear un balón por las calles de Guadalajara fueron belgas o franceses, en su gran mayoría. El 15 de septiembre de 1904 se presentó en los almacenes “Casa Gas, Lucía Gas y Cía.” Edgar Everaert, un ignoto belga que forjó una amistad con el francés Calixto Gas. Como amantes del fútbol, la idea de fundar un club comenzó a tomar forma rápidamente.

La propuesta encontró la adhesión de los empleados, como también de colegas de la actividad. Así fue que ambos foráneos, junto a la participación de varios mexicanos, entre ellos los hermanos Rafael y Gregorio Orozco, decidieron establecer el club Unión, nombre escogido por Sabino Orozco, tío de Rafael y Gregorio, y el cual representó mejor que ninguno la hermandad de las diferentes nacionalidades intervinientes en el equipo.

El cuadro amateur vestía una indumentaria totalmente blanca por aquel entonces. Un rasgo que Gregorio consideró, demostrando su vocación de empresario, de impropio para un equipo que pretendía expandirse. De esta manera se consideró una total reestructuración de los valores elementales del incipiente club. Unión debía representar a toda la ciudad, y para ello, debía trastocar su aún quebradiza identidad.

En charlas con Everaert, Gregorio llegó a la conclusión de que la denominación a adoptar debía ser la de Guadalajara, luego de que el belga recordara que en Europa era muy común que los clubes tomaran como propio el nombre del lugar donde se afincaban, citando el caso del Brujas de Bélgica. Una reunión entre los integrantes mexicanos tuvo lugar y fue allí que se decidió la refundación de la escuadra, la que tomó los bastones rojos y blancos como componentes de la nueva camiseta, y en la medida más trascendental de todas, buscó llegar a todo el país al adoptar sólo jugadores mexicanos. De esta manera el club se comenzó a perfilar para llegar a cada rincón de México.

Los años subsiguientes encontraron a la institución en pleno crecimiento, conquistando campeonatos de la Liga Amateur de Jalisco, certamen donde intervino hasta la profesionalización que tuvo lugar con el salto a la Liga Mayor en 1943. Los cambios en el fútbol mexicano también produjeron la segunda oleada de modificaciones en el club, con la recomposición de su plantilla, haciendo especial énfasis en los juveniles, y con la adopción del mote que los identifica.

Las Chivas comenzaron a ser llamadas así a finales de esa década, un apodo que fue ganado en base a la larga extensión de su nombre y en gran medida por el aporte de un club rival. Es muy común en México que se adopten alias para referirse a los equipos, y hoy en día abundan las referencias de este tipo. Este factor influyó para la aparición del mote Chivas, entonado por la afición del Tampico (equipo recientemente refundado tras su desaparición) como despectivo, y que fue adoptado por la prensa. Más allá de la intención del nombre, el mismo tuvo rebote entre los seguidores del conjunto rayado, quienes desde allí se refieren a sí mismos de tal modo. En sintonía con lo de Rebaño Sagrado, motivado asimismo por el tedeum en el que el Cardenal Garibi y Rivera brindó por el primer título rayado, conseguido en la temporada 1956-57.

El salto cualitativo que dio el club, y que le permitió establecerse junto al América como los más laureados, se debió a la reestructuración de sus divisiones inferiores, conocidas como fuerzas básicas en México. El húngaro Jorge Orth, quien dirigió a San Lorenzo, llegó para colocar la piedra angular que dio inicio a la exitosa fórmula de las Chivas. A partir de su trabajo, y más allá de los altibajos por los que pasó el club, con los años de Chivas Flacas incluidos, la institución de Jalisco se mantuvo firme a la determinación de contar sólo con nacidos en suelo mexicano.

A más de un siglo de su creación, y pese a no pasar por un buen momento, privándose de festejar un título de liga desde 2006 y perdiendo su condición de máximo campeón a manos de las Águilas, el Club Deportivo Guadalajara y su determinación de permanecer exclusiva para los oriundos del país parece haber sido la medida correcta. Hoy, la gran cantidad de seguidores que posee la institución de Jalisco, y el orgullo que a sí mismos les brinda su condición, solo engrandece más a aquel equipo que allá por 1906 decidió separarse en buenos términos de su origen belga (al que homenajeo con su camiseta a bastones) y encolumnarse en el camino de un proyecto, al que el triunfo se le sumó por decantación.

EL NACIONAL, UN NOMBRE QUE DICE TODO

La camiseta roja que logró unir a todo Ecuador. El Nacional está presente en las entrañas mismas del país

Hay un cuadro en Ecuador que ostenta un nombre cuya rectitud asusta, y que se encuadra más dentro de la rigidez militar que al ámbito de una cancha de fútbol. Es que justamente ese es el lugar, a priori ajeno al mundo de la redonda, donde nació en 1960. El Club Especializado de Alto Rendimiento El Nacional no siempre se lo conoció de esta manera, aunque desde la firma de los papeles que lo reconocían como una institución se mantuvo firme a la idea de nutrir sus filas con jugadores ecuatorianos, siendo el único de los tres casos vistos que se decantó por esa idea desde el principio.

La Provincia de Pichincha fue sede de la aparición del Club Mariscal Sucre, nombre escogido en honor a Antonio José de Sucre, militar y uno de los artífices de la independencia de varios países americanos. El equipo nació por iniciativa del Capitán de Artillería, Hugo Enderica Torres, quien soñaba con la idea de contar con un cuadro nutrido nada más que por futbolistas de su país. Torres le entregó el proyecto al coronel Caupolicán Marín, aunque finalmente su par Carlos Delgado fue el encargado de darle forma a la idea. Para nutrir la plantilla del incipiente club se convocó a jóvenes del Ejército, llamados de cada uno de los rincones de Ecuador.

El club comenzó su participación oficial en la segunda división de Pichincha. Hacia 1963 el equipo logró hacer un buen papel en el certamen de ascenso y consiguió su boleto para el fútbol profesional, al que se afilió en 1964 dando el salto a la Asociación de futbol No Amateur de Pichincha. Se estableció la camiseta de color rojo con vivos negros como indumentaria oficial, mientras que se eligió el gris como predominante en la bandera, cruzada por una franja roja, azul y celeste, los colores que representan a las tres ramas del Ejército.

El incipiente fútbol ecuatoriano siguió creciendo, y con él, llegó la unificación con la Asociación de Fútbol del Guayas, en la cual se encontraban entre otros Barcelona y Emelec, los que se convertirían en sus dos mayores rivales. En 1967 llegó el primer título y desde allí se la conoció como la Máquina Gris, repitiendo en las décadas del ’70 y del ’80 dos tricampeonatos, un logro que nadie ha podido igualar. Desde siempre la predominación de las Fuerzas Armadas fue total, quedando la misma a cargo de solventar al club como así también de la cúpula directiva.

No obstante, por esta década presente el gobierno ecuatoriano tomó la decisión de que ninguna institución pública pueda aportar para una entidad, una medida que perjudicó por demás a El Nacional, tomada quizás luego de los malos y poco claros manejos de parte de la milicia. Un hecho que refleja el cambio es que en 2013 se eligió el primer presidente civil en toda la historia del club.

La crisis golpeó al club y la tradición militar se rompió, pero el único lazo que permanece más firme que nunca, y el cual da sentido a esta historia e identidad al club, es ese sentimiento por lo ecuatoriano. La adopción de un ideal nacionalista, considera por muchos como racista, es la que pese a la distancia y al origen dispar entre ambas, une a las historias que nutren este relato.

Una narración de los orígenes y las medidas que forjaron la característica que hermanan al Athletic de Bilbao, al Club Deportivo Guadalajara y a su par de El Nacional, como únicos en el mundo, más allá de los éxitos y fracasos que este ideal supuso a lo largo de su historia.