MARADONA: EL GOL IMPOSIBLE

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Un 3 de noviembre de 1985, Maradona escribía uno de sus mejores poemas.

Qué gol. Qué poema. Cómo pide la distancia con su brazo izquierdo mientras su pierna prepara el truco.

Napoli-Juventus. El Sur contra el Norte. El débil contra el poderoso. El pobre contra el rico.

Era tiro libre indirecto. Adentro del área. Cuenta la leyenda que su compañero Eraldo Pecci le decía que no, que era imposible. Y en realidad tenía razón Pecci: era imposible. Demasiado cerca del arco como para que la pelota pueda pasar una barrera adelantada y bajar hacia la red. Era imposible. Pero para Maradona no. Para Maradona nunca hubo imposibles.

El movimiento que hace con la zurda al momento de rematar es arte puro. El remate perfecto para lograr el gol imposible.

La barrera ni llegó a reaccionar, porque claro: el tipo estaba pidiendo distancia, y de un segundo a otro, la pelota ya está, ya pasó la barrera. Fuiste. Hay uno que sí está atento, que sospecha de esa mezcla de Dios y Diablo; salta, pero estaba del lado opuesto al que viaja la pelota.

Y el arquero, pobre arquero. Estaba tapado. Y recordar que lograr pasarla por encima de la barrera era imposible. El tipo pensó lo que todos: que Diego iba a probar al palo del arquero. Y encima, cuando vio que la pelota ya había pasado la barrera, se tiró. Y podía llegar, eh. Porque el remate obligó a tanta precisión que no pudo viajar con mucha fuerza. Casi que se congeló en el aire durante algunas milésimas. Fue similar a lo que le pasó a Peter Shilton: llegó dos segundos tarde a La Mano de Dios porque había unos duendes que lo aferraban al piso, no lo dejaban saltar. Lo mismo al arquero de la Juve: le costó despegar los pies del piso porque los duendes existen y ahí estaban, dispuestos a colaborar con la concreción de lo imposible, con el golazo, con el poema. Con la venganza de los pobres.

El público festeja. Diego corre. Un policía ubicado detrás del arco salta incrédulo. Los fotógrafos emprenden la carrera hacia la zona del festejo para retratar el milagro, el tiro libre imposible. Y Eraldo Pecci también corre reprochándose por haberle dicho al genio que era imposible. Está seguro que jamás volverá a decirle algo así.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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