Historia reciente de la Selección Argentina

LA HISTORIA ANTE TUS OJOS

La historia la conocemos todos. Nacimos con una serie de hechos ya sucedidos. Nos los contaron mil veces. Vimos cientas de repeticiones televisivas. Cumplimos años y esperamos que la historia se presente ante nosotros. Porque de tanto escucharla pero nunca verla, hasta empezamos a dudar de su existencia. Siempre es necesario corroborar, presenciar, ser testigo. Más acá, en Argentina, donde el fútbol es mucho, muchísimo más que un deporte. Y no seremos los mejores, pero estamos entre ellos. Aptitudes nos sobran, y nuestro ego generalmente termina resultando un enemigo. Porque solemos creernos los mejores pero hay una generación que jamás vio triunfar a la Selección. Otra que apenas tiene un par de recuerdos de aquel equipo que llegó a la final del Mundial 1990, sin jugar bien y con Maradona como el principal arma de Carlos Bilardo. Por más pibes que hayan sido, afortunados los que vieron como Argentina se metía entre los mejores y estaba a un paso del título. Nosotros, los de la nueva generación, apenas si pudimos ilusionarnos durante Francia 1998, cuando los holandeses nos eliminaron en cuartos. Ni hablar del golpe en 2002, en pleno apogeo futbolistico, cuando uno es pibe y todo pasa por jugar a la pelota, por ver a las estrellas en las ligas de elite. Allí, cuando vimos como las ilusiones de un país entero duraban apenas un par de días. Esta generación vibró en Alemania 2006 pero tampoco pudo palpar esa sensación de estar entre los mejores, y al menos se retiró con dignidad y la cabeza en alto. También volvimos a creer con la llegada de Diego. Porque, de una u otra forma, la historia se acercaba a nosotros. En un juego constante de volver al pasado y buscar relaciones con las viejas glorias y hazañas, los alemanes volvieron a romper en pedazos aquella ilusión. Y en aquel momento sentimos resignación. En cierta forma, bajamos los brazos. Nos rendimos ante la realidad. Si el presente indicaba que hacía 24 años no estábamos en una final, que el último título fue 1993, que hasta la Copa América se nos esfumaba. Y bueno, quizás era porque tan buenos no éramos. Ni siquiera tener al mejor jugador del mundo nos ayudaba a recobrar la esperanza.
Y cuando bajábamos los brazos, mirábamos de reojo a aquella historia, prácticamente aceptando que eso formaba parte del pasado y no de lo real, posible y cercano, algo empezó a forjarse. Con la llegada de un nuevo cuerpo técnico, y a base de trabajo, compromiso, pasión, y un sueño. Argentina comenzó lentamente a encadenar buenos resultados. Pero siempre se miró de reojo a la Selección. Porque no terminaba de encajar en el gusto del hincha, o bien porque ilusionarse era algo sin sentido vistas las últimas tristezas. La zurda de Lionel Messi fue la caricia al alma que necesitábamos. La garra de un lider como Javier Mascherano erigió como esos abrazos apasionados que dan fuerza en los momentos difíciles. La mente de Alejandro Sabella fue la pausa y la mesura. La cuota de inteligencia y tranquilidad para no ceder ante las presiones populares. Los resultados comenzaron a llegar y la cita mundialista en Brasil llegó. La afrontamos con la misma pasión de siempre, y mientras tanto, en la cancha el plantel ya se había acostumbrado a ganar. A veces jugando mejor y a veces peor, pero sorteó siempre los obstáculos que se le atravesaron. Y si bien las críticas nunca dejaron de llegar, la convicción interna pudo más. Ellos son los responsables de que hoy, una generación entera se encuentre con la historia. Y si, al fin, ya era hora. Esta es la tan famosa historia. Llegar a una final mundialista es reservarse un lugar en la eternidad. Nosotros, los que siempre habíamos sido derrotados y siempre escuchamos hablar de la magia de Diego, las gambetas de Kempes, la garra de Passarella y Ruggeri, la capacidad goleadora de Valdano, el desequilibrio de Burru, los penales atajados por Goycochea, hablaremos a nuestros hijos y nietos sobre la zurda de Lionel, los goles de Pipita, las gambetas de Di Maria, el corazón de Mascherano, la seguridad de Garay, y también de los penales que supo atajar Romero. Hablaremos de como un país entero salió a festejar, se ilusionó, se desahogó, vio como sus sueños se hacían realidad. Y observó también que la famosa historia, por fin estaba adelante sus ojos.