Grandes ausentes en los Mundiales de fútbol.

LOS GRANDES AUSENTES

La Copa del Mundo es el torneo que reúne a los mejores jugadores del planeta. Los ilustres apellidos que engalanan cada puesto de la cancha se dan cita cada cuatro años. Sin embargo, el destino geográfico de algunos cracks, la mala fortuna o incluso decisiones polémicas, hicieron que varios de los más grandes estén ausentes en la cita máxima.

Defensores capaces de salir jugando con galera y bastón, creadores inagotables en la mitad de la cancha y delanteros letales frente al arco adversario. Apellidos pesados, nombres propios de grandes futbolistas, los cuales lograron reunir cualidades como las enumeradas y que, sin embargo, dejaron en el debe de su currículum acudir a un Mundial, ese certamen corto y frenético que paraliza la vida de todos y cada uno de los mortales amantes del fútbol.
La Saeta Rubia se encuentra en el Olimpo de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Por tal razón es que la ausencia de quien llevó consigo los colores de Real Madrid hasta su muerte, producida el 7 de julio de 2014, en la máxima cita del fútbol mundial toma dimensiones más dolorosas. El hombre que revolucionó el cómo jugar a la pelota, que lo profesionalizó y fue capaz de rendir en cualquier posición, no sólo ofensiva, sino del campo entero, no regó de gloria ningún terreno mundialista por la mala fortuna. Suerte esquiva a la que además se agregó la estupidez política.
El debut de Di Stéfano en la cumbre futbolística pudo concretarse en el Mundial de Brasil 1950. Sin embargo, que la organización del mismo no cayera a favor de nuestro país fue suficiente para que Juan Domingo Perón, quien vivía su primer mandato como presidente de la Argentina, decidiera no presentar equipo. Era una época en donde aún había reminiscencias de los años dorados del fútbol criollo. Cuatro años más tarde, en Suiza, la misma inseguridad de Pocho, ante el temor a no lograr una actuación destacada, derivó en otra ausencia del conjunto albiceleste.
Los años pasaron y la suerte a Di Stéfano parecía seguirle siendo esquiva. Pese a que esta vez Argentina sí participó en Suecia 1958 (donde se retiró siendo goleado 6-1 por Checoslovaquia), la «Saeta» defendía ahora los colores de España, seleccionado con el que debutó en 1957 tras esperar por largos dos años el cambio de nacionalidad. Sin embargo, «la Furia» no clasificó a la contienda.
Chile, en el final de su carrera, parecía ser la vencida. Empero, Alfredo debió seguir cargando con su cruz, ya que a poco del Mundial y mientras participaba de los entrenamientos de la Roja en Bilbao sufrió una lesión que lo alejó de la Copa. Con su baja se fueron las ilusiones de España, que no logró pasar a la segunda ronda en un verdadero “grupo de la muerte”, compuesto por checoslovacos y brasileños: los finalistas del certamen.
GEORGE BEST

El quinto Beatle es uno de aquellos emblemas marginados por mera cuestión geográfica. Lo cierto es que de haber nacido en Inglaterra, Best no hubiera faltado a “la” Copa, pero al nacer del otro lado del charco, más precisamente en Irlanda del Norte, la cuestión se volvió difícil. Sus excesos dentro de la cancha (en jugadas de otro planeta) y sus desmanes fuera de la misma (con mujeres de otra galaxia) convirtieron al nacido en Belfast -capital de su país- en alguien sin igual.

Pelilargo, flaco y desgarbado, su silueta se volvió inconfundible en Old Trafford, la casa de Manchester United. «He gastado mucho dinero en mujeres, alcohol y automóviles… el resto lo he desperdiciado» es una de sus míticas frases y que lo pinta de cuerpo entero. Su andar con los Diablos Rojos comenzó en 1963 y se extendió en forma exitosa hasta 1974, momento a partir del cual desparramó su fútbol por equipos de menor valía (amén de ayudar a instalar el Soccer en Estados Unidos).
Su selección, pese a no tener gran tradición, logró sacar boleto a tres Copas del Mundo. Aunque por desgracia ninguna coincidió con el paso del endiablado número 7. La primera fue en 1958, cuando el delantero apenas tenía 12 años de edad. La segunda,  y en la que sí pudo intervenir, lo encontró a las puertas del retiro y aunque fue tenido en cuenta por el entrenador Billy Bingham, finalmente no fue citado para España 1982.
Sus últimos años transcurrieron en el Tobermore United de su tierra. Así, y ante una nueva conquista del humilde país (al ganarse el derecho de participar de México 1986), su ídolo ya había colgado los botines. Harto de esperar quizás esa chance que no se pudo dar cuando lo hubiera querido. 
El único futbolista africano que logró ganar el Balón de Oro nunca pudo darse el lujo de decir presente en la competición más grande del mundo. Nació en Liberia en 1966 y en base a su potencia física arrolladora edificó una brillante carrera, en gran medida de la mano del francés Arsène Wenger, quien lo descubrió y acercó a Mónaco.
Tras mudarse a otro grande de la Ligue 1, como lo es el PSG, recaló en Milán. En el Rossonero vivió sus años más gloriosos como futbolista. Fue pieza fundamental para la conquista de dos scudettos consecutivos, por lo que se alzó con la distinción de la revista France Football en 1995. Pese a brillar en Europa, fracasó en sus dos intentos de llevar a su país a la Copa del Mundo.
Debutó con la selección de Liberia en 1987 pero la irrupción de la Guerra Civil en aquel país, y la posterior sanción internacional que recibió la federación, lo alejaron de la misma hasta 1994. Tanto en la clasificación a Italia 1990 como a Corea-Japón 2002 (donde además se desempeñó como patrocinador y asistente del seleccionador Philippe Redon) quedó a sólo 1 punto del objetivo, ya que en ambos finalizó segundo en su grupo, detrás de Egipto y Nigeria respectivamente.
Weah, quien destacó por la ayuda humanitaria que brindó en su golpeado país (producto de dos guerras civiles), es embajador de Unicef y se ha postulado en dos ocasiones a elecciones presidenciales en Liberia, siendo derrotado en 2005 y 2011, esta última como acompañante de fórmula.
ERIC CANTONA
Este galo se privó de representar a Francia por su carácter irascible. Él fue el único responsable de su no participación con Les Bleus en una Copa del Mundo. La furia con la que regó el césped fue proporcional a su talento, el que no siempre fue bien recompensado como producto de esa forma de ser tan particular.
En Auxerre dio sus primeros pasos, en uno de los pocos sitios en los que se marchó sin dejar una imagen negativa. Buscó crecer como futbolista con la transferencia a Olympique de Marseille, algo que no pudo conseguir en ninguno de los dos ciclos que protagonizó con la camiseta del conjunto de la costa sur. Se desvinculó en definitiva al llegar el año 1991, y tras fichar por Nimes, institución en la cual tampoco la pasó mejor: tras agredir a un juez, decidió rescindir su contrato y retirarse del fútbol.
Este currículum no le permitió afianzarse en la Selección de Francia, de la que por otra parte fue marginado. Un fuerte cruce verbal con el seleccionador Henri Michel, a quien insultó con dureza, le costó la exclusión en 1988. Ya en 1992, y tras pasar una prueba en el Leeds United, su carrera tuvo un giro inesperado. Participó activamente en el conjunto que se alzó con el título en la última Football League, ya que un año después entró en vigencia la actual Premier League.
Su buen nivel, y mejorado carácter, provocaron que Alex Ferguson pusiera los ojos en él. Así fue que fichó por Manchester United una vez concluida la temporada. En los Diablos Rojos se convirtió rápidamente en ídolo de la tribuna. Heredero del histórico número 7, enamoró con sus goles y jugadas. Además, Aimé Jacquet lo recompensó con la capitanía de la Tricolor, que iniciaba el camino hacia el Mundial de 1998 tras no poder en 1994.
Sin embargo, y cuando parecía ser que el fútbol lo premiaba otra vez por su esfuerzo y dedicación, lo bueno le duró poco a Cantona, como siempre a lo largo de su carrera. Luego del recordado incidente en Selhurst Park, la casa del Crystal Palace, un 25 de enero de 1995, cuando le propinó una patada voladora a un hincha local, todo cambió. Fue borrado por el DT de su país y duramente castigado por la Federación Inglesa con nueve meses de suspensión.
Otra vez el irascible de Eric quedó out de lo mejor del fútbol. Por su parte, Francia logró sacarse la espina y fue campeón con un Zidane brillante, mientras que Cantona, cansado y sin motivación alguna, dejó la práctica profesional algunos meses antes.
RYAN GIGGS
Dueño absoluto de la franja izquierda de Old Trafford. Su brillo aún perdura pese a retirarse en 2013. Parece extraño no ver a este galés dentro del campo de juego, alguien que heredó la mística de George Best en los Diablos Rojos y también la maldición de nacer en un país que nunca estuvo a su altura.
Fueron 23 años en la élite del fútbol mundial. Durante ese lapso fue amo y señor con una zurda endiablada, propia de un sudamericano. Si bien fue perdiendo recorrido con el paso de los años, ganó experiencia y sabiduría, lo que sin dudas le permitió reinventarse como jugador. Sumó nada menos que 37 títulos oficiales, con más de 1000 partidos disputados en su club.
De joven tuvo la chance de representar a Inglaterra, pero fiel a su nación optó por vestir la roja de Gales, selección en la que debutó en 1991, convirtiéndose en aquel momento en el futbolista más precoz en conseguirlo. Siguiendo los pasos de los malogrados Ian Rush y Mark Hughes, los años pasaron para los Dragones y las frustraciones se siguieron acumulando. En un país en el que rugby es religión, el fútbol no logra calificar ni como secta.
Ese fanatismo de algunos pocos es una explicación viable al nulo interés de los chicos galeses por la número 5, a excepción de la irrupción de Gareth Bale, que parece encaminarse a cargar con la misma cruz que Ryan, quien se retiro de la escuadra nacional en 2007. Disputó 64 encuentros y logró anotar 12 goles, 6 de ellos en Eliminatorias, en las cuales Gales ni siquiera se posicionó cerca de clasificar en las cuatro ocasiones que Giggs participó (1994, 1998, 2002 y 2006).
Tan sólo pudo participar de una competición de selecciones y no fue con los colores de Gales. En 2012, al ceder a la tentación, formó parte del combinado que presentó Gran Bretaña en los Juegos Olímpicos de Londres. Allí, el bueno de Ryan fue capitán y se dio el gusto de anotar un gol ante Emiratos Árabes Unidos. Fue el único consuelo que logró este brillante galés, por nacer en un país que salvo en 1958 (donde incluso superó la primera fase y cayó ante Brasil, luego campeón, por apenas 1-0) nunca llegó a la cita mundialista.
JARI LITMANEN
El último lugar de la lista es para el finlandés más famoso del fútbol, nacido en la ciudad de Lahti en 1971, y que se dio el gusto de vestir la camiseta de tres colosos de Europa: Ajax, Barcelona y Liverpool. Más allá de que las lesiones le jugaron una mala pasada en los últimos dos, el conjunto de Ámsterdam fue testigo de lo mejor de su repertorio como goleador.
Litmanen era un mediapunta o falso nueve que se logró posicionar en esa escuela de talento que es el cuadro holandés, apadrinado por un tal Louis van Gaal, DT en los exitosísimos años 90. Sin dudas, quien es referente indiscutido en su país, edificó una buena carrera en el viejo continente, aunque en el debe de la misma quedó su experiencia con la Selección nacional.
Debutó con los colores de su país el 22 de octubre de 1989, en un amistoso ante Trinidad y Tobago, debiendo esperar casi dos años para marcar un gol: el 16 de mayo de 1991 frente a Malta. El Principito, tal como fue conocido, tuvo en su poder el brazalete de capitán desde 1996, habiendo disputado más de 124 encuentros y anotado un total de 30 goles. Tomó parte en las Eliminatorias de 1990, 1994, 1998, 2002, 2006 y 2010, aunque como era de esperar no logró guiar a la clasificación al débil conjunto.
Sin embargo, antes de su retiro dejó en claro que no fue por culpa suya, ya que con 39 años y 270 días Jari Litmanen anotó ante San Marino, convirtiéndose en el jugador más longevo en marcar en un cotejo eliminatorio organizado por UEFA. 
Maximiliano Santini
@santinimaxi