EL DÍA QUE EL MURO DE BERLÍN FUE UNA LÍNEA DE CAL

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Estaban divididos otra vez. No por un muro, como era lo habitual desde hacía 13 años, sino por una raya de cal. De un lado Alemania Federal (RFA), capitalista, y del otro Alemania Democrática (RDA), comunista, estaban en cada mitad de la cancha ese 22 de junio de 1974 en Hamburgo cuando un balón logró lo que pocos habían logrado: pasar de un costado al otro.
El equipo occidental era era el organizador y contaba con estrellas como Sepp Maier, Berti Vogts, Franz Beckenbauer o Gerd Müller. Por su parte, los occidentales clasificaban por primera vez a un mundial con muchos jugadores del Dynamo Dresden (Klaus Sammer, Frank Ganzera, Hans Kreische) que era el equipo que dominaba en su liga. El empate que habían protagonizado Chile y Australia por el mismo grupo les dio la clasificación a ambos, así que solo restaba saber quién sería primero.
Se enfrentaban por primera vez y fue todo un acontecimiento político y social. Desde temprano la ciudad vivía un clima de alegría y tensión, porque nadie sabía que iba a ocurrir. El Volksparkstadion estaba lleno, con unos 60.000 hinchas locales y sólo unos 3000 ruidosos visitantes. En los palcos se encontraban tanto dirigentes de la FIFA como legisladores, cancilleres y ministros de ambas naciones.
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Ahí estaban 22 alemanes de ambos sectores compartiendo, en el mismo terreno de juego, de este deporte llamado fútbol. La RFA era superior técnicamente e impuso condiciones en los primeros minutos, pero la resistencia de sus rivales no se quebraba y, encima, generaba peligro en las contras.
El público, impaciente, comenzó a silbar a sus propios jugadores por no poder abrir el marcador. La desesperación fue apoderándose de ellos con el correr de los minutos pero faltaba lo inesperado: tras un pelotazo largo, Jürgen Sparwasser la bajó con el pecho y, recortando de izquierda hacia el centro, eludió a los defensores y definió ante la salida de Maier que no pudo hacer nada para evitar el gol de los orientales.
TResultado de imagen para alemania occidental oriental mundial 1974odo era incredulidad, el equipo occidental había caído en su casa. Los gestores de la hazaña se agruparon en el centro del campo para saludar a sus hinchas ante el silencio de un estadio que todavía no entendía qué era lo que había pasado.
A futuro, el resultado favoreció a la RFA, ya que al terminar segundos fueron emparejados en el grupo B junto a Polonia, Suecia y Yugoslavia, mientras que sus rivales tuvieron que ir con potencias como Holanda, Brasil y Argentina. Lo que pasó después es conocido: en la final, los locales le dieron vuelta el encuentro a la “Naranja Mecánica” para obtener su segundo mundial, mientras que RDA sólo logró rescatar un punto ante el combinado albiceleste.
Hasta el día de hoy, muchos justifican la derrota alegando que “Alemania Federal se dejó perder para evitar a Brasil y Holanda”. Lo cierto es que lejos de la especulación, el héroe de la jornada, Sparwasser no olvidó jamás lo hecho. “Si en mi lápida pusieran ‘Hamburgo, 1974′, todos sabrían quién yace debajo” Declaró años más tarde, cuando el muro que los dividía ya era historia, al igual que su gol.
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