¡ES EL MOMENTO, ARGENTINA!

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Nací un día antes de que arrancara el Mundial de Estados Unidos 1994. Tenía solo un par de días cuando al Diego le cortaron las piernas, y… ufff, menos mal que no tengo recuerdos de aquello. Porque sería mucho. Muchisimo. Con solo decir que mis primeras imagenes futboleras son con 4 años, y corresponden a la eliminación en Francia de 1998 en manos de Holanda: estaba sentado en la cama de mis viejos, con un arlequín celeste y blanco en la cabeza, viendo lo que sería mi primer momento de tristeza futbolera. El primero de muchos.

De la Selección de Bielsa recuerdo poco por lógicas cuestiones de edad. Se que disfrutaba porque ganábamos seguido: arrasamos en las Eliminatorias. ¡Como para que no! Si teníamos un equipazo. Por eso amanecí bien temprano en Corea y Japón 2002, ilusionado ya de chiquito con ver a Argentina campeón del mundo. Pero no. Ocurrió lo inesperado. No me es difícil recordar la derrota contra los ingleses -con su lider Beckham, el del peinado de moda-, la cantidad de goles errados contra Suecia, el cambio de Batistuta por Crespo, el golazo de tiro libre de Svensson y las lágrimas de todos, sobre todo, del ‘Bati’, que lloraba desconsolado, sabedor de que no jugaría otro Mundial.

Recuerdo que banqué a Bielsa porque me pareció buen tipo; me alegré cuando tuvo revancha en Atenas 2004, pero las vueltas del fútbol le dieron otro golpazo a mi joven pasión: cuando acariciabamos la felicidad, el brasileño Adriano nos la arrebató en los últimos segundos y se la llevó por penales. Me entristecí cuando el bueno de Bielsa pegó el portazo, pero las figuras siempre estuvieron, y como todo pibe, la ilusión es lo último que se pierde. Confié en El equipo de José, y ya de Alemania 2006 recuerdo todo con claridad: triunfo apretado ante Nigeria, baile de aquellos a Serbia y Montenegro y empate aburrido contra Holanda. Imposible olvidar la bravedad del partido contra México, que arrancó con derrota y se ganó con un gol histórico de Maxi Rodríguez. Pero ahí aparecieron ellos por primera vez, los alemanes. Eliminándonos en su casa, por penales. Malditos penales, otra vez. Fue el primer Mundial que viví a fondo y lloré como el pibe que era tras el fin de la ilusión. Pero me rearmé como buen futbolero y le puse entusiasmo a la Copa América 2007. Jugaba bien el equipo del ‘Coco’ Basile, con Román en buen momento y un tal Messi haciendo sus primeras armas como titular en la Albiceleste. Recuerdo que Brasil llegó a la final con lo justo, jugando mal, aburriendo y pegando mucho. Nada que ver al Brasil alegre y desfachatado que había visto por primera vez. Y así y todo, otra vez los brazucas nos robaron el sueño. Encima, goléandonos 3-0. Ser favoritos no nos sirvió de nada.

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Como buen futbolero y fanático de la Selección, acompañé con alegría las exitosas campañas de los Sub-20. Por lo tanto, también apoyé a la camada que viajó a Beijing en 2008 y se trajo la de Oro. Una alegría menor, pero alegría al fin. Ya más analítico, comprendí que aquel titulo podría llegar a ser un empujón para un grupo de estrellas que se las traía. Era el momento de pelear grandes cosas, de que todos se afiancen en la Selección Mayor, pero andá a saber qué pasó, que al Mundial entramos por la ventana, y una vez allá en Sudáfrica 2010, de nada sirvieron las comparaciones, la mística del Diego y los Balones de Oro que ganaba Messi: los alemanes nos volvieron a mandar a casa dándonos una paliza de aquellos.

Se fue el Diego y vino Batista con la idea que estaba de moda: jugar parecido al Barcelona. Era la Copa en Argentina, el país más futbolero del mundo, el que más hace sentir el calor de su hinchada. El complemento ideal para un plantel que de una buena vez por todas, tenía que demostrar los pergaminos ganados semana a semana en el fútbol europeo. Pero el fútbol es tan jodido que aquella Selección fue un fiasco y Uruguay nos eliminó. Por penales, obvio. Como siempre, malditos penales.

21Me pasó a mí y le pasó a muchos: aquella Copa América en casa fue muy dura. Tanto que dudé de seguir viendo con entusiasmo a la Selección. Pero por suerte, llegó Sabella y enderezó la nave a base de humildad, trabajo, concepto, seriedad, compromiso. Por fin Lionel se mostró como lo que era, el mejor jugador del mundo. Ganamos con comodidad las Eliminatorias y aunque los cuestionamientos le llovían, confié en ‘Pachorra’ en modo de agradecimiento por despertar mis ganas de ver jugar a Argentina. Fuimos avanzando, a los tumbos, sin que nos sobre nada. Con dramatismo y un nivel en alzas. Cruzamos el maldito Rubicón y nos hicimos sólidos ante los Holandeses. Como un guiño del destino, los cortamambo de los penales nos ayudaron. Era hora. Lo merecíamos. Estábamos en la final. Fui feliz por vivir lo que me había contado: la alegría en las calles, el clima festivo y de unidad. Momentos en que la sociedad olvida sus miserias a traves del fútbol. Rozamos la gloria. No pudimos abrazarla culpa de los alemanes y sus indudables méritos, pero… es imposible no pensar que Argentina mereció mejor suerte en aquella final.

Tengo 21 años y nunca pude ver a la Seleccion gritar campeón a nivel mayores. Hoy es el momento de romper la racha. Es el momento de que esta generación de cracks nos de una alegría al pueblo argentino, y sobre todo, a los más pibes, los que nos ilusionamos una y otra vez en vano, pero resurgimos de las cenizas porque amamos al fútbol y nunca vamos a dejar de soñar con ver en los noticieros «Argentina Campeón». Es el momento también, porque ellos, los cracks que hoy nos representan, lo merecen tanto o más que nosotros. Porque fueron presionados y bastardeados en los malos momentos, ¡cómo si ellos no quisieran la gloria! Y por supuesto que la Copa América no es el Mundial, pero qué más da. En condiciones de elegir estarán aquellos afortunados que ya vivieron las gambetas de Kempes y el Diego, los goles del Bati y alguno de los tantos titulos por Copa América. Nosotros, los que no tenemos recuerdos alegres, queremos equiparar la balanza que mide alegrías y tristezas. Y hoy es el día para empezar.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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