River 2020

UN NUEVO ESQUEMA

En el partido ante Independiente en Avellaneda, Marcelo Gallardo dispuso un 5-3-2 para reemplazar la función del transferido Exequiel Palacios. ¿Será el esquema base para todo el semestre?

Exequiel Palacios fue uno de los jugadores más importantes para River en el 2019. Su combo de despliegue, pressing, llegada al área y pases filtrados fueron claves para el funcionamiento del conjunto de Marcelo Gallardo.

Por lo tanto, su salida al Bayer Leverkusen fue un golpe duro para la estructura del equipo, ya que al no disponer jugadores de su característica en el plantel y no encontrar opciones de jerarquía en el mercado, el Muñeco optó por cambiar el esquema de cara al primer partido del año ante Independiente.

El Millonario dispuso un 5-3-2, con tres centrales: Paulo Díaz, Robert Rojas (Lucas Martínez Quarta volverá ante Godoy Cruz) y Javier Pinola; Enzo Pérez, Leonardo Ponzio e Ignacio Fernández fueron los mediocampistas internos; Gonzalo Montiel y Milton Casco hicieron las veces de carrileros. Arriba, Rafael Santos Borré compartió ataque con Matías Suárez.

En algunos tramos del primer tiempo, River encontró la circulación, distribución de espacios y ocupación de los carriles que exige este sistema; carrileros profundos y abiertos (tal como Montiel en el primer gol); mediocampistas internos que generen juego y puedan pisar el área; centrales adelantados, atentos a los duelos individuales y a conducir/filtrar entre líneas (como hizo Paulo Díaz en el segundo tanto de Borré); delanteros al acecho para aprovechar los espacios interiores que genera la amplitud de los laterales.

Sin embargo, en el complemento, el equipo de Gallardo comenzó a tener muchos problemas para progresar en el campo debido a un exceso en la verticalidad, y por momentos quedó desguarnecido frente a los ataques de un mejorado Independiente. Fue allí cuando los tres centrales sirvieron para contener el juego ofensivo que el Rojo generaba para la finalización de sus dos delanteros, Silvio Romero y Leandro Fernández.

Luego de la expulsión de Alexander Barboza, River convirtió el segundo gol, pero jamás pudo tener el dominio del juego a partir de la posesión. Ni siquiera cuando Gallardo quitó a Ponzio para que Enzo Pérez volviera a ser el mediocentro más posicional. El contexto recordó al la semifinal de Libertadores en La Bombonera. Desperdició muchos ataques en el afán de verticalizar todas las jugadas y no aprovechó el hombre de más a partir de circular la pelota y generarle superioridades a Independiente, que en ese momento plantó un ofensivo 4-3-2.

El 5-3-2 es una gran forma de poder ocupar todos los carriles y hacer fluir una buena circulación, pero para eso el Millonario deberá sumar a su repertorio una mayor posesión y más criterio para pensar los ataques. Sin un volante mixto como Palacios, el vértigo de Nacho Fernández o Nicolás De la Cruz muchas veces acelera innecesariamente las jugadas y la línea defensiva no puede ocupar los espacios vacíos, especialmente a los costados del mediocentro (Fernández y Domínguez lastimaron en esa zona) o a las espaldas de los carrileros.

Quizás, el único jugador de esta característica sea Juan Fernando Quintero, quien puede ser ese administrador en el que River pueda aumentar la productividad en sus ataques y poder perfeccionar un sistema que Gallardo ya tiene entre sus planes.