River Superliga 2019/20

RAZONES DE UN CIERRE SIN FESTEJO

Una de las mayores fortalezas del ciclo de Marcelo Gallardo al frente de River es la mentalidad. Desde su llegada en 2014, el Millonario siempre se caracterizó por mostrar mucho temple para competir al alto nivel y mantener su identidad futbolística aún en contextos adversos, tal como lo hizo para dar vuelta la final de la Copa Libertadores 2018 ante Boca o en distintos remontadas en cruces ante Gremio o Cruzeiro.

Sin embargo, en estas últimas dos fechas de la Superliga para definir al campeón, el equipo de Gallardo no pudo reponerse ante planteos superadores de Defensa y Justicia y Atlético Tucumán, ni en lo futbolístico ni en lo mental. El conjunto de Hernán Crespo había anulado al 5-3-2 de River con un gran plan de persecuciones individuales e incluso lo dominó durante todo el primer tiempo, y pese a que empató el encuentro con un buen ingreso de Juan Fernando Quintero, los de Núñez no pudieron imponer su juego en los últimos minutos ante un rival inferior en lo colectivo e individual.

River no pudo reponerse ante los buenos planteos de Crespo y Zielinski.

Algo similar sucedió en Tucumán. En contrapunto a Crespo, Ricardo Zielinski apeló al juego directo hacia sus delanteros para incomodar a la última línea de River. Javier Toledo, además de marcar el gol, fue el hombre clave de la noche, ya que ganó casi todos los duelos individuales ante los centrales rivales, especialmente ante el líbero Robert Rojas. Si bien los de Gallardo encontraron el empate con el tanto de Matías Suárez y respuestas futbolísticas después del gol de Atlético -generalmente gracias a las conducciones de Ignacio Fernández y desbordes de Milton Casco- en el segundo tiempo se mostró paralizado y casi no lastimó al arco de Cristian Lucchetti.

Ni siquiera el ingreso de Quintero y el cambio de esquema al 4-3-1-2 mejoró la calidad de sus ataques. Pese a que Zielinski acertó en utilizar a un delantero (Lucas Melano) para obstaculizar el primer pase de Enzo Pérez, River no pudo aprovechar los espacios que dejaba el local en mitad de cancha y no apeló a la amplitud de Casco. El equipo ya no movió la pelota como en el primer tiempo, verticalizó las jugadas en demasía y los errores en los pases y controles marcaron el nerviosismo que tuvo el visitante después del gol de Carlos Tévez en la Bombonera. Los cero remates al arco de Lucchetti son una prueba irrefutable del desconcierto.

Marcelo Gallardo deberá trabajar en los ánimos de su equipo, además de encontrar más variantes futbolísticas para no depender de la excelencia de los planteos rivales o alguna genialidad, cada vez más aislada en el último tiempo, de Quintero. Después de una frustración como la final perdida ante Flamengo y la trunca coronación de la Superliga, el gran desafío de Gallardo será reformular conceptos, maximizar recursos y volver a forjar la mentalidad competitiva de sus jugadores.