SALIR DE LA CRISIS CON CATEGORÍA

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Racing no ha cambiado. A pesar de la reciente racha de 10 partidos sin victorias, Eduardo Coudet apostó por dar continuidad a su sistema táctico habitual. Esto, en el fútbol, puede ser tomado de dos maneras muy diferentes: como una virtud, si se interpreta que el entrenador tiene las cosas claras; como una falencia, si se cree que el entrenador carece de capacidad para adaptarse a nuevas circunstancias y contratiempos. Racing, campeón en reconstrucción, se encuentra a mitad de camino entre ambas posturas.
Para Coudet, el 4-1-3-2 no se toca. Es el dibujo táctico con el que Racing fue campeón, y el que lo vio sufrir algunas decepciones importantes. Pero para enfrentar a Godoy Cruz, lo que sí cambió fueron los nombres. Por una cuestión de sanciones, Matías Zaracho salió del equipo e ingresó Diego González; además, «Chacho» decidió -por primera vez- colocar a dos refuerzos como volantes interiores: Walter Montoya y David Barbona. Sin embargo, lo destacado estuvo en lo que Racing supo mantener: los altos niveles de Lisandro López y Marcelo Díaz.
Godoy Cruz se presentó en el Cilindro de Avellaneda con una postura muy neutra. Basicamente, apuntó a que el rival no lo sobrepasara. Su juego ofensivo fue casi inexistente, ya sea por fases prolongadas de posesión o bien por transiciones rápidas. El Tomba, que venía de jugar un buen segundo tiempo ante Estudiantes de La Plata,  apenas pudo elaborar juego en el campo contrario, y las pocas transiciones ofensivas no tuvieron ni el éxito ni la vehemencia necesaria para pasar una defensa con relevos muy firmes. Eso sí: el 4-4-2 de los dirigidos por Javier Patalano, fue sólido en defensa, agrupándose en pocos metros y con buenas basculaciones para tapar las bandas. Racing no lo pudo lastimar durante gran parte del primer tiempo.
A diferencia de los semestres anteriores, este momento del equipo de Coudet se puede sintetizar en una frase de Marcelo Gallardo previo al partido que disputaron hace dos semanas: «Racing no juega, ataca». Los problemas de elaboración siguen vigentes. Diego González no ha aportado la dinámica necesaria para cambiar ritmos y filtrar pases en los últimos 20 metros. No obstante, su nivel individual mejoró, ya que se pudo posicionar  como constructor. Pero con eso no alcanza para volver a las bases del equipo campeón. Los volantes internos tienen una responsabilidad enorme: no sólo deben marcar el tándem con los defensas laterales, también el equipo les exige que se escalonen en espacios interiores para que la circulación gane fluidez y la jugada no termine en centros frontales. Y otro lado, otro gran problema de Racing está siendo el recambio en ataque. Nicolás Reniero, Jonathan Cristaldo y Darío Cvitanich tienen características similares. El equipo no cuenta con un delantero vertical con capacidad física para aprovechar espacios en el 1v1 mientras Lisandro López -indiscutible- flota por todo el frente de ataque y realiza desmarques de apoyo. Los recientes rivales de Racing no tuvieron grandes dificultades para perseguir las diagonales de los atacantes académicos.
Estas cuestiones hacen que Racing necesite cambiar. Renovarse. Agregar matices. La calidad puede definir un partido pero por sí sola, no aclara el panorama colectivo. A pesar del escaso recambio en ataque, quizás Coudet tenga suficientes variantes para actualizar su estilo desde el mediocampo. Allí, jugadores como Matías Rojas, el juvenil Evelio Cardozo y por supuesto, Matías Zaracho, pueden aportar su granito de arena en la faceta que hoy por hoy más le cuesta al último campeón del fútbol argentino: la generación de juego.
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