EQUIPOS MALDECIDOS EN LA COPA LIBERTADORES

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Durante décadas, San Lorenzo sufrió las cargadas de parte de las hinchadas rivales que ostentaban tener por lo menos una copa internacional en sus vitrinas. El mote de “sin Libertadores” para uno de los clubes considerados grandes del futbol argentino, era casi un Karma para los cuervos, que muchas veces culpaban a la mala suerte por tantos años de sequia. La dirigencia del club había despreciado la de 1960 al cederle la localía del partido desempate de las semifinales a Peñarol, que no desaprovechó la oportunidad de alcanzar la gloria. Razón del lamento de los hinchas azulgranas hasta el 2014, cuando recién pudieron festejar. Para muchos futboleros, con el Ciclón se había cerrado el círculo de los gigantes sudamericanos “vírgenes” en el torneo, aunque todavía existen muchos. Algunos, tan obsesionados como el América de Cali y Cerro Porteño, que pareen maldecidos y le dieron lugar a historias tan insólitas como curiosas para explicar tantos años de frustraciones.

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El caso de la mala fortuna del Diablo Rojo, como lo llaman en Colombia al América, deber ser el más emblemático por haber perdido cuatro finales. Tres de ellas de manera consecutiva durante la década del 80, época de mayor gloria de la institución caleña, cuando contaba entre sus filas a figuras como el Ricardo Gareca, Roberto Cabañas y Willington Ortiz. Eran los tiempos del dinero sucio del narcotráfico llevado al fútbol cafetero por los capos de la mafia colombiana, que vieron en el deporte popular la mejor manera de ocultar su verdadera dedicación y legitimar su oscura fortuna haciendo creer a la sociedad que invertían en planteles millonarios y jugadores estrella. Pero ni con todo el dinero del temido Cartel de Cali, los Escarlatas pudieron lograr el objetivo de llegar a lo más alto de Sudamérica. Según el mito de “La maldición de Garabato”, la decisión por Asamblea de Socios de incluir al club a la Liga Profesional en 1948, trajo consigo el enojo de uno de ellos. De nombre Benjamín Urrea, alias Garabato, gritó enojado por el resultado de la votación: “que lo vuelvan profesional, que hagan del América lo que quieran, pero juro por mi Dios que nunca serán campeones” y se retiró en medio de las risas de todos los presentes. Nadie se lo tomó enserio, pero luego de 31 años sin dar la vuelta y desesperados por el título, los hinchas recurrieron a un exorcismo para espantar la desgracia y lo consiguieron parcialmente en 1979. El cuadro caleño obtuvo el pentacampeonato de la Liga Nacional, pero nunca pudo quebrar el supuesto maleficio copero en las finales del 85, cuando perdió por penales el desempate contra Argentinos Juniors en Asunción; en el 86, donde cayó sin atenuantes con el River Plate del Bambino Veira; o en el dramático tercer partido ante Peñarol y el gol agónico del Tigre Aguirre en el 87. Tres años seguidos de subcampeonatos, aunque no sería todo: en el 96 volvería a caer una vez más frente a River. Aquel hecho marcó el inicio de su prolongada decadencia hasta llegar a los días actuales, donde milita hace varias temporadas en la segunda división colombiana, ya sin el poderío económico de otros tiempos debido a la “Lista Clinton”, ley que lo perjudicó drásticamente por su relación con grupos criminales.

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El otro caso es el de Cerro, uno de los más ganadores del fútbol guaraní y con más participaciones en la Copa (38 con la actual), pero que nunca pudo superar las semifinales, instancia que alcanzó en 1973, 1978, 1993, 1998, 1999 y 2011, a pesar de contar con grandes formaciones, como el que fue liderado por Saturnino Arrúa en el 73. Considerado uno de los mejores futbolistas paraguayos de todos los tiempos, Arrúa se lesionó en la previa al juego con Colo Colo, por lo que Club del Pueblo como se lo llama en Paraguay por su popularidad, sintió la ausencia y quedó en las puertas de la final por primera vez. La última frustración fue en el 2011 contra el Santos de Neymar. Por todas esas desilusiones, el Ciclón también cuenta con sus historias fantásticas. Ambas relacionadas con su ex estadio, son transmitidas de generación en generación. “La maldición de la Ollita” es un mito muy popular en las calles de Barrio Obrero. Así se conoce extra oficialmente a la antigua cancha del club por estar al lado de lo que se llama popularmente como “La Olla Monumental” (General Pablo Rojas, estadio actual). Fue construida en 1936 por esclavos bolivianos capturados durante la Guerra del Chaco, uno de los enfrentamientos bélicos más infames entre hermanos sudamericanos. Sabiendo su triste final una vez finalizado el trabajo, los obreros habrían maldecido al dueño de esas instalaciones con el fin de que nunca pueda conseguir el éxito. Otra de las historias difundidas por los hinchas, es que el ex presidente de Blas Irala, se habría ofendido por “taparse” las antiguas tribunas (bautizadas con su nombre) por el nuevo recinto azulgrana y habría jurado que el club nunca saldría campeón “a sus espaldas”. Hoy el General Pablo Rojas está en remodelación para convertirse en el estadio más moderno de Paraguay, mientras tanto los cerristas tienen que bancarse que Olimpia, su clásico rival, le eche permenantemente en cara sus títulos internacionales. No caben dudas de que San Lorenzo se sacó de encima una mochila pesada con el Patón Bauza.

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Estudiante de periodismo en la UNLZ. Se juega como se vive. Un, dos, tres y a lo que salga. Que gane San Lorenzo.

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