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RUSSO: ENTRE EL RECUERDO DEL 2007 Y LAS NECESIDADES DEL PRESENTE

Cada brindis a principio de año, el Mundo Boca retorna al mítico año 2007, el de la última Copa Libertadores ganada por el club. Como una forma de evocar al destino, la primera medida contundente de Juan Román Riquelme en su nuevo rol como Vicepresidente y líder de todo lo referente al fútbol, fue contratar a Miguel Ángel Russo como entrenador del primer equipo. 

La decisión estaba tomada desde hace tiempo y era la más viable desde el punto de vista del ocasional parate de Russo post Cerro Porteño y por la espalda del entrenador de 63 años para comandar tamaño desafío. En un contexto de club más armónico, el otrora volante de Estudiantes De La Plata por sapiencia y buen manejo de grupo, además de la experiencia copera tanto en Boca como en otros clubes, aparece como una bocanada de aire fresco para un club dañado en muchos ámbitos.

Miguel Russo, el último entrenador campeón de la Libertadores con Boca, en 2007

Futbolísticamente, el molde ideal de Russo, a lo largo de sus experiencias, ha ido mutando según las necesidades. Enganches en Vélez y en Boca (Leandro Gracián y Riquelme); externos creativos en San Lorenzo (Santiago Solari y Pablo Barrientos); dos delanteros (Andrés Silvera y Gonzalo Bergessio) y hasta tres en algunos casos como Racing (Gabriel Hauche, Teófilo Gutiérrez y Pablo Lugüercio)

Su última experiencia fue en Cerro Porteño, donde cosechó 28 de 57 puntos posibles y arribó a cuartos de final de la Libertadores donde cayó ante River Plate. En el conjunto paraguayo, optó por un clásico 4-4-2 con extremos profundos y dos delanteros potentes por dentro. Su palmarés ofrece polivalencia de esquemas, formas y sistemas de juego de lo más variado.

Las variantes que manejaban los equipos de Russo se contraponen con la realidad reciente de Boca. ¿Cuántas veces ha sido criticado Gustavo Alfaro por no repetir equipo y/o esquema? La clave del manejo que pueda tener el campeón de la Libertadores 2007 es aprovechar al máximo los recursos con los que cuenta. Si el molde ideal es el 4-3-1-2, la presencia de Alexis Mac Allister como enganche cae por decantación. Profundizando en las características del plantel, se pueden identificar dos puntos vitales donde Russo deberá prestar suma atención: los laterales y los volantes internos.

Las bandas de Boca brillaron por su ausencia en el 2019. Buffarini y Weigandt no pudieron afirmarse en ese lugar y limitaron su accionar a cubrir sus sectores y resignar el ataque para oxigenar el equipo. En este puesto, la vuelta de Nahuel Molina tras su muy buen paso por Rosario Central puede ser una variante más que interesante. Del otro lado, recuperar al colombiano Frank Fabra es la premisa principal.

En cuanto al mediocampo, los rumores indican que la presencia de Iván Marcone en el club puede ser cuestionable. El ex Lanús nunca se sintió cómodo en el Boca de Alfaro y vio limitado su accionar a cortar y entregar pases en corto sin comprometerse con el juego decididamente. Sin embargo, el problema son los costados: Nicolás Capaldo y Agustín Almendra no terminan de dar el salto, mietras que Emanuel Reynoso navega entre la genialidad constante y la apatía futbolística, aunque a pesar del contexto, el ex Talleres logró tener buenos momentos.

Llegó Russo. Su extensa carrera y el momento del club lo sitúa como un hombre que puede ser el eslabón necesario para unir a Boca en todos sus estamentos. Es el momento de tomar decisiones.