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LAS MEJORAS EN EL BOCA DE RUSSO

Del magro inicio con empate ante Huracán, al éxtasis del título. Boca comenzó el año con un sinfín de cambios. Nueva Comisión Directiva, cambio de entrenador, y una mutación notoria en el juego. De potenciar el triángulo Andrada-López-Izquierdoz, al fulgurante nivel ofensivo del equipo, convirtiendo en ocho partidos la misma cantidad de goles (16) que en los últimos 16 encuentros. 

De la jugar a la retranca a defender a campo abierto. La confirmación de Junior Alonso y el regreso de Frank Fabra.

El primer semestre de la dupla Lisandro López y Carlos Izquierdoz fue para enmarcar. Con solo siete goles en contra en 16 partidos, los zagueros fueron la explicación de muchos triunfos xeneizes junto a Andrada y los sedimentos del armado de un equipo campeón. La gran diferencia entre un semestre y otro es la altura donde defienden. Tras un primer semestre de posicionamientos bajos y mucha colaboración de los volantes externos para defender, Boca subió las líneas con apoyos del renovado Jorman Campuzano para jugar a campo abierto.

En este contexto, apareció en todo su esplendor Junior Alonso: el internacional paraguayo tiene un gran primer pase, tanto en corto como en largo, y una tremenda capacidad en el juego aéreo que lo convierte en una pieza clave del campeón. Además, la elección de Frank Fabra sobre Emmanuel Más fue una declaración de principios: buscar el arco de enfrente con gran cantidad de gente en campo rival. El colombiano tuvo la confianza necesaria para retomar su nivel previo a la lesión que lo marginó del Mundial, y volvió a ser un arma vital para oxigenar el ataque.

Campuzano, Villa y Tévez: la respuesta a todo

Con la confianza del entrenador, Campuzano fue el mejor jugador de Boca en las últimas siete fechas de la Superliga. A lo largo del torneo, fue el futbolista de Boca con mejor promedio de pases completos (91%) y una gran capacidad de ubicación para sostener el volumen ofensivo del equipo. Es vital al auxiliar compañeros para dar apoyos y generar la superioridad numérica que permite progresar en el campo. Además, el colombiano puede romper líneas a través del pase o de conducciones.

Por otro lado, las sociedades son el alma de un equipo de fútbol. Sebastián Villa y Carlos Tévez obran en consecuencia. Por cualidades y estado de forma, Boca tiende a centrar el juego en la banda izquierda para explotar el tándem Villa-Fabra con el apoyo de Tévez, más Campuzano o Pol Fernández. De la izquierda al centro, Tévez tiene toda la cancha de frente para decidir rematar de afuera o hacer jugar a los compañeros. Estos apoyos son vitales para generar espacios de forma constante.

Por otro lado, Villa en izquierda encontró panorama para explotar su gambeta en velocidad sin que lo marque la línea como pasaba por derecha. A diferencia de otros tiempos suyos, no recae demasiado en el centro y busca la definición por su parte, aunque sin demasiada efectividad en, tal vez, el único punto flojo de su actual rendimiento. Para que este nivel sea posible, la presencia de Fabra es fundamental para arrastrar marcas y ganar precisión en espacios reducidos. 

El 4-1-3-2 da mucha amplitud. La clave para que, como en ciertos tramos ante el DIM, el equipo no quede largo es la velocidad para distribuir la pelota y la buena ubicación de la línea defensiva. En este último rubro, Izquierdoz tiene dificultades para solventar la presión alta pero, ante todo problema, está Andrada para solucionarlo. La diferencia es que las intervenciones del arquero son más esporádicas. Y eso también responde a que las mejoras de Boca son notorias y constantes. Partido a partido, el equipo de Miguel Ángel Russo sube un escalón más en su estado de forma.