Villa Dálmine

VILLA DÁLMINE, EL VIOLETA DE CAMPANA

Campana necesitaba un club de fútbol, si, es cierto. Lo que difícilmente imaginarían los hinchas de Villa Dálmine es que, apenas seis años después de su fundación, ya estarían jugando en la Primera B, tras lograr el ascenso en una finalísima ante All Boys. Juan Carlos Domínguez fue el autor del gol ascenso, en el mítico Tomas Adolfo Ducó. ‘Rabito’, así lo apodaban, fue un Zarateño que llegó a defender los colores de Argentina en los Juegos Olímpicos. Orgullo violeta, si. Aunque el gran orgullo del club de Campana, hubiese sido, sin duda alguna, Ricardo Enrique Bochini. «Villa Dálmine me quiso fichar cuando era pibe, y entonces mi viejo pidió trabajo para él y alguna changuita para mí en la fábrica. Como dijeron que no, seguí jugando en mi ciudad», contó el ‘Bocha’, otro nacido en Zárate, en una entrevista concedida a El Gráfico. Sin la magia del ídolo de Independiente, Dálmine contará sobre su ídolo: Jorge Benítez, un peruano «caprichoso y discontinuo, pero con un talento futbolístico increíble». Fundamental para el primer ascenso en la historia violeta.

Las páginas doradas de Villa Dálmine se escribieron en 1975. Solo había pasado un año del Mundial de Alemania. Aquella cita tuvo como campeones a los locales, pero para el recuerdo quedó la «Naranja Mecánica»: Holanda deslumbró a todos con un ‘fútbol total’ elegante y vistoso. Por su parte, en Campana tomaron nota y armaron algo parecido. Con la dirección técnica de Roberto Rolando (ex jugador de Boca e Independiente, entre otros) y figuras emergentes como Pedro Catalano (ídolo de Deportivo Español con 371 partidos, se retiró en Arsenal), Eduardo Oviedo (Toto Lorenzo lo pidió para Boca, y luego, emigró a España), Pedro Bases, Juan Alberto Martínez y Miguel Ernesto Benítez, el ‘Violeta’ jugó un fútbol inolvidable, fue campeón, ascendió a la Primera B, y se ganó el apodo «El Holanda de la C». Perseguido por un gran equipo de El Porvenir, Dálmine sacó ventaja: al ganador de cada partido se le daban 2 puntos, y fue campeón por solo 1 de diferencia. Además, no le ganó ninguno de los dos partidos a su perseguidor, pero aún así fue un justo campeón. Los números lo avalan: 113 goles (más de 3 por partido). Tras ese año, Dálmine estuvo cerca del ascenso a primera. Se quedó en el hexágonal final por el segundo ascenso. En 1978, otra particularidad: los de Campana le ganaron un desempate por no descender a Lanús, obligando al ‘Granate’ a jugar en la Primera C.

Pasaron los años y Dálmine se mantuvo, hasta que en 1981, El Porvenir se tomó revancha de aquel campeonato de 1975: en otro desempate por no descender, los de Gerli se impusieron por la vía de los penales. A partir de allí, el club funcionó como un ascensor: subió y bajó dde categoría con mucha frencuencia. En ese período, destaca el triunfo ante Racing, en 1985 por 3-1. Para aquel entonces, uno de los grandes jugadores que nació de la institución ya jugaba en Primera: José Basualdo. ‘Pepe’ tuvo un gran paso por Boca Juniors, pero no jugó en el Violeta cuando este cambió su nombre a Atlético Campana, con el objetivo de servir como referencia a la ciudad. Sin embargo, el cambio no trajo suerte. El nuevo siglo encontró al club con su antiguo nombre, Villa Dalmine, por un pedido expreso de sus socios, y en la temporada 2002/03, todo estaba dado para ascender. Basualdo regresó para retirarse en el club que lo vio nacer, y convenció a Pedro Troglio, Roberto Monserrat, Raúl Cardozo y Mario Pobersnik de que jugaran en el ‘Violeta’. Con esas figuras, Dálmine gritó campeón del Apertura, pero las internas en el plantel y la dirigencia aparecieron en el nuevo semestre: con el equipo diezmado por rencores, se perdieron las finales por el primer y segundo ascenso. El salto de categoría debía esperar. Pasaron 10 años de quedarse en las finales del reducido, con la espina clavada. Recién en la temporada 2011/12 (con otro formato: torneo largo), Villa Dálmine pudo gritar campeón y regresar a la B Metropolitana, luego de 12 años. El artífice del éxito fue Walter Otta, surgido de las entrañas del club.

En la temporada 2013/14, Dalmine se salvó del descenso a la Primera C por apenas ¡8 centésimas! Tras la renuncia de Otta, el DT que finalizó piloteando el barco en aquel torneo fue Sergio Rondina, un experimentado en el ascenso, que contagiaría hambre de gloria al plantel, para lograr lo impensado. En el segundos semestre de 2014, se definirían dos ascensos en 6 meses. «El Huevo» -así apodan al DT- se preparó para eso. El Violeta integró la Zona A, y quedó en el 4° lugar de la tabla, lo que le permitió clasificar al reducido por el tercer ascenso, dejando atrás a equipos como Almirante Brown o Atlanta. En el primer cruce importante, los de Rondina vencieron por la vía de los penales, ante Barracas Central. Luego, ante uno de los mejores de la categoría como Estudiantes BA, volvieron a repetir: clasificación por penales, esta vez, a la final. Allí esperaba Tristán Suárez, el equipo dirigido por el famoso Ricardo Caruso Lombardi, que contaba en su plantel con muchos jugadores de pasado en Primera. Para colmo, el primer partido lo jugó en condición de local, y lo perdió. Todo estaba dado para que Caruso y los suyos festejaran, pero Rondina y Villa Dálmine tendrían una sorpresa. O varias, quizás, si tenemos en cuenta que para dar vuelta la serie en Suárez se necesitaba corazón, determinación, actitud, convicción, y algo de aptitud, claro. Javier Rossi avisó que Dálmine estaba vivo, con el 1-0 en el primer tiempo. Ezequiel Cérica, con el 2-0, demostró que en Campana se habían cansado de conformarse con poco, y tenían un fuerte sueño: regresar a la B Nacional. A puro huevo, lo lograron. Y con el huevo, Rondina, intentarán no solo mantenerse, sino también, hacer ruido en la segunda categoría del fútbol argentino.