Real Madrid 2001/02.

LA ÚLTIMA OREJONA MERENGUE

En 2002 Real Madrid se quedaba con su novena Champions League. En Lisboa buscará alzarse con la décima ante al otro equipo de la capital española, Atlético de Madrid, y en la que será la primera final europea disputada entre conjuntos de una misma ciudad.  

El máximo torneo de Europa es la ambición de la Casa Blanca. Desde la creación de la copa, allá lejos y en el tiempo, y en épocas donde tenía otro nombre además, la orejona y el merengue han enlazado su destino. Es una relación, que pese a tener vaivenes y distanciamientos, siempre los encuentra juntos. Se buscan, se encuentran y se necesitan. No hay manera de separarlos. Nueve son las veces que la inscripción “Real Madrid CF” fue tallada en el gran tazón plateado e impoluto que brilla con luz propia en todo el viejo continente.  

La parejita que forman ambos se tomó una larga distancia, no se los ve juntos desde el año 2002. Parece mucho pero esta unión no es como cualquiera, es aquella que ha sabido estar separada por largos 38 años, y el paso del tiempo no se ha cobrado factura en ellos. Pero yendo a la fría matemática, los doce años de frustraciones son muchos para los blancos, teniendo en cuenta la talla de jugadores que pasaron y que se exhiben ahora mismo en el césped del estadio Santiago Bernabéu.
 
La noche de Glasgow de aquel 15 de Mayo de 2002 es fría y gélida. Los guantes, sobretodos y bufandas se dejan ver en las tribunas repletas. Colmadas ellas por españoles y germanos. El recinto es un viejo conocido, el Hampden Park, que fuera testigo de la mayor exhibición de un conjunto “galáctico” de antaño. En 1960, en el denominado mejor partido del siglo, y tras un abultado marcador de 7-3, Real Madrid vence en una nueva final de la copa al equipo alemán Eintracht Frankfurt. El destino o el azar quiere que el escenario sea el mismo, y adversario de nuevo sea un equipo de Alemania, esta vez el Bayer Leverkusen. Con el correr de los minutos se hará necesario que los dioses de aquella época sean invocados ante un rival que es fuerte y complica la noche.
 
Raúl González Blanco, el Ángel de Madrid, abrió el marcador para el Real Madrid. Pero Lúcio, sin dar respiro, niveló otra vez el cotejo. El equipo “galáctico” de esos años, repleto de figuras, luchaba por ponerse en ventaja otra vez. Sin embargo, la primera mitad parece perderse en la niebla de Escocia. Pero algo mágico pasaría.
 
Sobre el final del primer tiempo un pase largo del argentino Santiago Solari puso a correr al brasileño Roberto Carlos. El lateral se esforzó y consiguió mandar un balón muy alto a la medialuna del área. Allí, seguirá el crisol de razas propio de la jugada. Un argelino de origen y francés en los papeles espera el balón. De pronto parece como si el mundo se detuviera, los segundos se hacen eternos. En la tribuna, el aliento se contiene, se cierran las gargantas y se aprietan los puños. Algo grande se intuye. No se distingue si es la pierna zurda del calvo número 5 la que busca el balón, o si la redonda es la que propicia el encuentro.
 
Los dos se necesitan, así como el Real Madrid necesita otra orejona. Será una noche de reencuentros, tal cual romántica velada. La zurda la acaricia, y ella, la redonda, marcha tranquila al ángulo, bien arriba e imposible para Butt, que nada podrá hacer. Es cosa juzgada el marcador. Ya lo era desde antes del inicio, no se podía escapar esta copa para la Casa Blanca. Otra más no. Era el lugar, el estadio, el pasado y el presente que se reencontraban.
 
Los merengues querrán que el artista talle su nombre con el cincel por una vez más. La otra parte de la capital, la colchonera, esperará lo contrario. El Aleti querrá que su nombre aparezca por fin en la lista de ganadores del torneo, aquel que perdió en 1974 y con el Bayer Munich de verdugo.
Todo se decidirá el 24 de Mayo en Lisboa. Unos buscarán la 10°, que es esquiva desde hace ya 12 años. Otros sólo la 1° y tras 111 años de historia, pero para ambos será sin dudas un encuentro histórico.