EL SUBCAMPEÓN QUE TOCÓ FONDO

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Fue un hecho único en la Argentina. En el año 1981, se produjo el primer descenso de un Grande argentino. San Lorenzo de Almagro terminó en la anteúltima colocación del Torneo Metropolitano y debió disputar la Primera B el año siguiente. Eran tiempos curiosos para el fútbol nacional: la mayoría de los clubes grandes pasaban por gravísimas crisis institucionales que provocaron sus respectivos descensos y situaciones inéditas, producto del frágil manejo de las dirigencias. Además, la Dictadura Militar pasaba por un momento muy delicado, hecho que no dejó indiferente a nadie. En ese contexto de incertidumbre, se disputó el Torneo Nacional 1982, que vio el éxito de los equipos menos pensados. Uno de ellos fue Quilmes, recién ascendido de la segunda categoría del fútbol argentino, y que terminó como subcampeón.

Yudica fue campeón de Primera con Quilmes en 1978, y también fue el encargado de lograr el ascenso.

El Cervecero vivió los ‘’años locos’’ entre 1978 y 1980. Pasó de salir campeón del Torneo Metropolitano y jugar Copa Libertadores a descender en el amanecer de la década del ochenta. El Director Técnico elegido para afrontar el duro Campeonato de Primera B fue José Yudica, artífice del Torneo conseguido en 1978. La formación que salió en el debut contra Gimnasia y Esgrima de La Plata poseía grandes figuras como Hugo Tocalli, Horacio Milozzi, Alberto Fanesi, Heriberto Recavarren y el gran Jorge Gaspari, todos consagrados en el Metropolitano obtenido algunos años atrás.

Aunque los hinchas estaban seguros de que regresarían a la máxima categoría, la Primera B se disputó con mucho nerviosismo. Sin embargo, victorias como el 4-1 a Defensores de Belgrano, 1-0 a Argentino de Quilmes o el 4-1 a Talleres de Córdoba suavizaron el recorrido. En la Fecha 14, el Cervecero dio a entender que ascendería ese mismo año. Jugaba en Floresta contra All Boys, que le estaba proporcionando una verdadera paliza: 3-0.En una muestra de calidad y mucho carácter, Quilmes logró empatar aquel partido con una magnífica chilena de Jorge Gaspari. Las últimas fechas se jugaron con mucha intensidad y se dieron situaciones fuera de lo común.

En la Fecha 37, el equipo del conurbano bonaerense debió enfrentar a Deportivo Español. A los 5 minutos ganaba 2-0 y, sin embargo, el primer tiempo terminó con empate en el marcador. Ya en el complementario, el conjunto del Bajo Flores logró dar vuelta el partido, que terminó 3-2. El ascenso parecía complicarse hasta que el Cervecero observó una seria irregularidad en la formación visitante: Rubén Arbelo, delantero del equipo de Bajo Flores, aparecía como cedido a Racing de Trelew desde el día anterior. Mientras se tomaba una decisión en las oficinas de AFA, Quilmes vencía 4-0 a Tigre y quedaba a un paso del ascenso. Finalmente, un par de días después llegó el fallo del máximo ente del fútbol argentino: el partido se le daba por ganado al Cervecero por 2-0 y el ascenso estaba asegurado, aún sin haber disputado el partido final contra Morón, que terminó con un empate sin goles. El festejo fue demasiado tibio y así lo expresó el emblema Jorge Gaspari: ‘’No sentía necesidad de festejar nada, para mí el ascenso era seguro’’, confesó en una entrevista para la Revista El Gráfico.

Al año siguiente, Quilmes debió afrontar el Torneo Nacional comandado por Roberto Rogel, con la esperanza de regresar a los primeros puestos. La base era la misma, conformando un plantel duro en defensa, compacto y con marcadas carencias técnicas, además de un elevado promedio de edad. Era la primera vez que el mencionado campeonato se disputaba antes que el Metropolitano, una forma de aliviar a los clubes recién ascendidos para no pelear el descenso de manera inmediata. Al parecer, la medida funcionó a la perfección: ninguno de los 8 clubes que accedieron a la fase final era uno de los denominados Grandes. El Cervecero quedó encuadrado en la Zona A con River Plate, Newell’s e Independiente Rivadavia entre otros. El ‘’Millonario’’, que atravesaba un momento institucional muy duro, finalizó en la antepenúltima posición. El conjunto rosarino, hueso duro de roer, quedó al borde de la recta final pero el sorpresivo escolta del grupo le arruinó la fiesta: el equipo de Mendoza consiguió clasificar junto a Quilmes, aunque sería eliminado en los Cuartos de Final contra Ferro.

En la recta decisiva, el equipo de Rogel debió enfrentarse a Unión de Santa Fe, comandado por un temible ataque que encabezaban Ramón Centurión y Osvaldo Escudero. La serie fue muy difícil, al punto que debió definirse por penales. Oscar Regenhardt desvió el tiro decisivo en el conjunto santafesino y clasificó a Quilmes para las Semifinales. Allí, debió enfrentar a Estudiantes de La Plata. En la Ida, el Cervecero ganó por 2-0 y se fue tranquilo a La Plata. La revancha inició disputada y con una torrencial lluvia de invierno que creaba un marco de película dramática. En la mitad del primer tiempo, Alejandro Sabella, cerebro del ‘Pincha’, debió marcharse lesionado. Las cosas cambiaron y el equipo de Buenos Aires puso la balanza a su favor, aprovechando los espacios y logrando marcar un gol que sentenció la eliminatoria y despertó el delirio de los hinchas que acompañaron al equipo en la Ciudad de las Diagonales. La final no se jugaba contra un equipo cualquiera: aquel Ferro de Carlos Griguol es considerado por muchos expertos el más grande equipo argentino de la primera parte de los 80s. Las estadísticas lo avalaron; a la final llegó invicto, con la delantera más goleadora y la defensa más sólida. El equipo de Rogel decidió esperar, replegarse y plantear las finales como equipo inferior. En el Sur, Hugo Tocalli fue clara figura y salvó a Quilmes de una merecida derrota. Aunque la esperanza es lo último que se pierde, el equipo sureño fue con pocas ilusiones al estadio Arquitecto Ricardo Etcheverri. Y así le fue: los tantos de Miguel Ángel Juarez y de Juan Domingo Rocchia, uno de los defensores más goleadores de la historia del fútbol argentino, le dieron su primer título profesional al Verdolaga. La verdadera paradoja fue que aquel subcampeón, volvería a descender en el torneo siguiente, que vería consagrarse al Estudiantes de Carlos Salvador Bilardo. El equipo del Sur no volvería a ver la luz hasta 1992. A pocos clubes les ha tocado vivir años tan cambiantes como a Quilmes.

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Un romántico del futbol. Messista. Argentino por sobre todo. Junto letras en @PasionFulbo y @Uni_Futbolero. Muy ocasionalmente en @KaiserFootball.

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