INDEPENDIENTE, DE COPA EN COPA

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“Raúl Emilio Bernao, el bohemio del fútbol, que siempre zigzagueó con la pelota para eludir rivales. El incomprendido, que esperó que las lucesitas de su mente se prendieran para realizan la jugada insospechada, sorpresiva, discontinua, brillante”. Extracto de un diario de la época.

Bernao era el típico “siete bravo”. Puntero derecho rápido, de los que llegaba al fondo después de una, dos, tres o cuarenta gambetas. Siempre se las ingeniaba para engañar al defensor y enviar el centro. Guapo y encarador, también tenía olfato goleador. Sin embargo, comenzó a entrar en la historia sagrada del Club Atlético Independiente con un disparo desde afuera del área. La pelota le quedó picando y le dio con los cordones, fuerte y preciso. El arquero voló de gran forma, pero no pudo evitar el golazo. Independiente se ponía 2-0 ante Peñarol, y la Copa Libertadores comenzaba a vestirse otra vez de rojo.

Independiente venció 2-0 a Boca en la primera semifinal. Perdió la revancha y clasificó por diferencia de gol en un tercer partido disputado en El Monumental.

Independiente venció 2-0 a Boca en la primera semifinal. Perdió la revancha y clasificó por diferencia de gol en un tercer partido disputado en El Monumental.

Los de Avellaneda ya habían conquistado el trofeo un año antes, en 1964, y contra otro equipo uruguayo: Nacional de Montevideo. Manuel Giudice logró llevar al equipo nuevamente a la final, tras vencer en la semifinal al Boca de Antonio Roma, Silvio Marzolini, Antonio Rattin, Hugo Rojas y un ex ídolo del Rojo, Ernesto Grillo.

La primera final ante Peñarol se disputó en Avellanda, y fue también Bernao el que marcó el gol decisivo: 1-0 en la agonía del partido. Con un empate en Uruguay, Independiente sería bicampeón. No obstante, el equipo uruguayo se hizo fuerte. “Nos pasaron por arriba”, recordó años más tarde el arquero Miguel Angel Santoro. Fue un 3-1 para el equipo charrúa, que forzó a un tercer y último partido, a disputarse en el Estadio Nacional de Chile. Aquella noche, antes del mencionado gol de Bernao, otro remate desde afuera del área se había desviado en el defensor Carlos Pérez para luego ir a parar a la red. Toda una señal de que la Libertadores se sentía a gusto en Avellaneda.

El centrodelantero Roque Avallay fue quien amplió el marcador: 3-0. Todo en el primer tiempo. Independiente fue superior de principio a fin y borró de la cancha a Peñarol, que falló un penal en los pies de Pedro Rocha pero llegó al descuento antes del complemento. Quien selló el titulo fue Osvaldo Mura, un volante de pequeña estatura y un despliegue impresionante.

“Era un equipo bueno, compacto. Era dificil que nos ganen. Atras había experiencia, responsabilidad, profesionalismo; y adelante, juventud y atrevimiento. Creo que esa eran las bases del equipo”. Osvaldo Mura.

Independiente formó aquel día con Miguel Ángel Santoro; Ruben Navarro, Raúl Decaria, Roberto Ferreiro, David Acevedo; Juan Carlos Guzmán, Osvaldo Mura; Raúl Bernao, Vicente de la Mata, Roque Avallay y Raúl Savoy. Fue la segunda Copa Libertadores consecutiva.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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