BARCELONA DE GUARDIOLA, EL RESULTADO DE UN PROCESO

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Todo inició con Johan Cruyff, pero en 2008, Josep Guardiola llevó el proyecto de Barcelona a lo más alto: cuatro años de fútbol vistoso y éxitos.
La temporada 1973/74 estaba por comenzar y Johan Cruyff abandonaba el Ajax holandés con el que había sido tricampeón de las tres últimas ediciones de la Copa de Europa. Su traspaso al Real Madrid era casi un hecho por parte del club, pero el jugador prefirió ir al Barcelona, donde fue recibido como un ídolo. Empezó a forjar una identidad en la institución, aun siendo profesional dentro del campo de juego, para lograr sacarlo de una difícil situación en la que estaba inmerso el club. Luego, conseguiría grandes logros.
En esa época, de la mano de uno de los futbolistas más grandes de la historia, el Barça empezaba a transitar otro camino. Iniciaba un proyecto a largo plazo, y todos parecían estar comprometidos. Cruyff fue una de las bases que asentaron esa búsqueda, y más tarde, en su período como entrenador del club (1988-1996), siguió delineando lo que ya auguraba un futuro promisorio para los culés.
Después de tanto tiempo de espera, y mientras el equipo catalán se consagraba en Liga y en certámenes internacionales, no perdía la grandeza pero sentía que su estilo no era propiamente el requerido luego de muchos años de trabajo. De todas maneras, años más tarde llegó un hombre que logró ponerle la guinda al pastel. Esa persona hizo que el proyecto de casi cuatro décadas, allá por mediados del 2008, viera la luz en su máxima expresión.
El 8 de mayo de ese año, Pep Guardiola, uno de los mejores jugadores de la historia del club, se hacía cargo de la conducción técnica del club. Venía de tener buenos resultados en el Filial: ascenso con un nivel colectivo que convenció al presidente Joan Laporta de ofrecerle el cargo de entrenador del primer equipo. Esa decisión fue muy criticada por ser considerada una apuesta demasiado arriesgada, ya que la trayectoria de Guardiola apenas había comenzado. El contexto, además, era difícil: Barcelona llegaba de una mala temporada bajo el mando de Frank Rijkarard, quien comenzó muy bien pero no pudo mantener los buenos resultados.
Con el tiempo, Guardiola lograría que todos esos años de trabajo en un proceso se vieran plasmados en la cancha. El propio entrenador nacido en Santpedor ha hecho referencia a la influencia de Cruyff en Barcelona: “Es la persona más importante de mi carrera. No puedo entender el Barça sin él, no me lo puedo imaginar. Ha enseñado como debemos funcionar, cómo debemos jugar, cómo debemos entender el fútbol. Para mí es la persona más importante de la historia reciente del club”.
El inicio no fue para nada fácil. Sin embargo, el director técnico lejas estaba de encarar esa realidad de otra forma y siguió apostando por el  juego que respetaba y creía. Una de sus decisiones más importantes fue promover al primer equipo a Sergio Busquets, mediocentro al que conoció en el filial. No sólo eso: lo ubicó como titular más allá de algunas críticas apresuradas que recibió el canterano. Por suerte para ambos, en el tercer partido dirigido por Guardiola, llegó la victoria con goleada incluida. Desde aquél día, todos los medios comenzarían a ocupar sus páginas con incipientes elogios al equipo. Pep conquistaba la sala de prensa. Barcelona comenzaba una era formidable en la que sería capaz de ganarlo todo. Los buenos resultados se sucedieron y en mayo de 2009 llegó un baile categórico al Real Madrid en el mismísimo Santiago Bernabéu: 6-2, aplastante resultado que no se olvidará aunque pasen los años. La primera temporada terminó cargada de éxitos. A sus 38 años, Guardiola hacía lo que nadie. Lograba consagrarse en todos los torneos disputados. Liga, Champions League, Copa del Rey, Supercopa española Supercopa europea y Mundial de Clubes con aquella agónica final ante el Estudiantes dirigido por Alejandro Sabella.

Ese estilo, el admirado por todos

Lo que en un principio eran dudas por doquier, se transformÓ en elogios, halagos y una profunda admiración hacia el estilo. Ese estilo era el modo de ser del equipo. Ni ante un mal resultado se traicionaba la idea. Siempre el equipo intentaba desarrollar sus propias formas para llegar a la mejor consecuencia. No renunció a sus convicciones ni ante la más dura realidad.
Primeramente, las formas de juego del equipo catalán eran observadas como contraculturales. La prensa y los aficionados pedían otro funcionamiento ni bien comenzar, pero pronto observaron, quedaron boquiabiertos y disfrutaron de algo parecido a una función de ballet dentro de un partido de fútbol. Es que eso era innegociable, y los resultados llegaban porque siempre el estilo estaba considerado como prioridad.
El juego interior de posesión (no perdió ni un partido en registros de tenencia) y el de posición fue la característica más destacable. Continuo movimiento de piezas, clave en el sistema, para ofrecerse como pase y ser descarga. Así se acumularon las combinaciones en tres cuartos con mucho peligro y las asociaciones de gran calidad. Una de ellas, entre tantas, era la de Lionel Messi y Dani Alves, quienes se entendieron a la perfección.
En uno de los artículos que escribió para el diario español El País -13 de junio de 2006-, Guardiola hablaba de la salida lavolpiana del seleccionado mexicano liderado, precisamente, por el entrenador Ricardo La Volpe. Señalaba que jugadores y pelota deben salir jugando juntos, avanzar de forma conjunta, al estilo de los novios. Y al asumir en el Barça, eso que él admiraba de la Tricolor en el Mundial de Alemania lo intentaría imitar. Su primera defensa central, compuesta por Rafael Márquez y Carles Puyol (Gabriel Milito como primera variante), contaba con esa salida. Busquets se ubicaba entre ellos y Barcelona siempre conseguía sacar la pelota de una forma tan elegante como eficiente. Además, cuando lo consideraba apropiado, Márquez también era capaz de enviar balones largos muy precisos para los atacantes. También el cambio de frente hacia el jugador libre por la otra banda se volvió algo habitual. Los nombres cambiaron pero el sello del equipo se mantuvo: se incorporó Javier Mascherano y se afirmó Gerard Piqué.
El esquema que impuso desde un principio, al que le encontró miles de variantes, fue el 4-3-3. Encontró en Víctor Valdés un arquero salvapartidos, aún con pequeños altibajos, y los laterales tenían muy buena proyección, con criterio para asociarse en jugadas ofensivas. No había forma de encontrar desordenado al Barça. El propio modo de defenderse con la pelota hacía que siempre estuviese bien ubicado y, al mismo tiempo, produjese ese trastorno en el campo en el conjunto rival. Al recuperar la pelota, el adversario tenía que reacomodar sus piezas con rapidez, bajo una asfixiante presión que se iniciaba en tres cuartos de cancha y generaba ataques rápidos. Apenas perdía la pelota, el elenco culé tenía una presión para recuperarla con movimientos tan aceitados que generaban mucho asombro. Esa fue la clave: cada uno de los jugadores tenía tan claro lo que debía hacer, que lo hacía por inercia. Entendían el juego a la perfección. Y todo salía bien. Cada partido era un espectáculo, un gozo, un canto al fútbol, a la vida.
En el mediocampo, se consolidaron como interiores dos jugadores que formarían una dupla recordada por la eternidad: Xavi Hernández y Andrés Iniesta potenciaron al colectivo de la mejor forma. El primero, con relevos, orden, liderazgo y sensacionales pases entre líneas. El segundo con una visión periférica desde una zona más  lateral, conducciones admirables y una forma de proteger la pelota digna de elogio. En la parte ofensiva, dos extremos y la posición de centrodelantero que Guardiola alteró con su cabeza de inteligencias múltiples en el fútbol. En los comienzos, Messi jugaba de mediapunta por derecha, Thierry Henry lo hacía por la izquierda, y el camerunés Samuel Eto’o jugaba por el centro. Más tarde, con Messi como falso nueve, los éxitos del Barcelona se agigantaron. El astro argentino se afirmó como un gran entendedor de los espacios, ayudó a crear superioridad numérica en el medio y por supuesto, facilitó las cosas con su increíble cuota goleadora. Ya era un crack, pero en aquel 2009 confirmó que iba camino a ser una leyenda. Su crecimiento fue tan evidente que alcanzó cuatro balones de oro consecutivos.
Los suplentes de aquel equipo también eran de primer nivel. Barcelona tenía un plantel adecuado a lo que quería desplegar. El propio Guardiola apuntó que “es el entrenador el que se debe adaptar a los jugadores y no al revés”. El tema es que con el equipo blaugrana encontró a los jugadores necesarios y en su justa medida para desarrollar el juego que mostró y que hoy intenta ser imitado por grandes clubes y selecciones.

Logros, marcas y títulos

Más allá de que no sea menester pasar por las marcas logradas para tomar en cuenta lo alcanzado por el Barcelona, haremos un paseo por ellas. Lógicamente, hay que tener en cuenta que con Guardiola fue el único equipo en la historia capaz de ganar los seis títulos de un año. Además, el entrenador es quién más partidos de Champions dirigió en el club.
Guardiola obtuvo una cantidad de 14 títulos sobre 18 posibles que disputó. Tricampeón de la Liga desde 2009 a 2011, dos Copa del Rey en 2009 y 2012, las dos Champions que hacíamos mención más arriba (2009 y ’11), los dos Mundiales y las Supercopas europeas en los mismos años que las UCL, y la trilogía de Supercopas españolas ganadas en los años de los campeonatos nacionales logrados.
El salto de calidad que buscaba Barcelona estaba en las entrañas del club, en aquellas semillas que plantó Cruyff durante sus etapas como jugador y entrenador del club. Guardiola llevó a la realidad lo que aprendió del holandés. Los resultados fueron una consecuencia.
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Periodismo y fútbol. 24 años, de Roldán.

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