LA PRIMERA GRAN DECEPCIÓN ARGENTINA

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Luego de ver cómo Uruguay ganó la Medalla de Oro en 1924, los dirigentes del fútbol argentino decidieron enviar una delegación a los juegos de Amsterdam 1928. Eran tiempos de un gran desarrollo: el estilo criollo ya se diferenciaba de las influencias británicas a traves de la gambeta. Aunque muchos jugadores ya cobraban por ser futbolistas, la profesionalización aún no era oficial. El encargado de armar y dirigir al plantel para los Juegos, fue un preparador físico nacido en España: José Lago Millán. Nacido en Pontevedra, llegó a Argentina a muy temprana edad. Un año antes de la cita olímpica, la Selección había conquistado el Campeonato Sudamericano en Perú 1927. En el segundo puesto, además, dejó a Uruguay, el campeón olímpico. Había motivos para creer en el Oro. En la gira previa a los Juegos, Argentina fue a España para medirse ante Atlético Madrid y Barcelona. Contra los «Colchoneros», fue triunfo 2-0. Ante los culés, la suerte fue muy distinta: derrota 1-4. También hubo tiempo para un amistoso ante Portugal, que significó el primer enfrentamiento ante un país no sudamericano. Fue 0-0.

Fernando Paternoster y Luis Monti eran dos de las figuras argentinas. No obstante, las principales cartas estaban en el ataque: Roberto Cherro, Manuel «Nolo» Ferreira, Raimundo «Mumo» Orsi y Domingo Tarascone. Este poder ofensivo hizo que otro crack como Pedro Ochoa -uno de los futbolistas más emblemáticos en la década del 20- no haya sumado ni un sólo minuto. Por su parte, Manuel Seoane, máximo goleador del amateurismo, no viajó por diferencias con los dirigentes: el goleador del Rojo pretendía que durante su estadía en Holanda, su familia sea ayudada económicamente. Ante la negativa, Seoane se quedó trabajando en el país.

El arranque olímpico no pudo ser mejor: Argentina goleó por 11-2 a Estados Unidos. Tarasconi, crack de Boca, se dio el lujo de convertir cuatro tantos. En la segunda ronda, la cosa fue más difícil, pero el talento argento terminó por imponerse: 6-3 a Bélgica, con otros cuatro goles de Tarasca. La otra parte del cuadro veía como Italia eliminaba a España, Uruguay a Alemania y la humilde Egipto, a Portugal. Los egipcios fueron la siguiente víctima de la furia ofensiva albiceleste: 6-0, con hat-trick de Tarasconi. El delantero Xeneize estaba intratable.

La final se disputó el 10 de Junio ante 28.000 espectadores. El rival, nada más y nada menos que Uruguay, el campeón defensor. Por aquel año, la hegemonía Charrúa en los Campeonatos Sudamericanos, comenzaba a ser disputada por Argentina, y en menor medida, por Brasil. Esta vez, una medalla de Oro sería el premio mayor. Pedro Pretone adelantó a los orientales, pero el gol del empate llegó por intermedio de «Nolo» Ferreira. A partir del 1-1, la tensión pudo más y no habría más goles. A épocas distintas, reglas distintas. Ni alargue ni penales: un partido desempate se jugó tres días después. Uruguay volvió a comenzar con el pie derecho gracias a un gol de Roberto Figueroa. Luis Monti empató para Argentina. A falta de quince minutos, Héctor Scarone marcó el gol del triunfo. Uruguay volvió a quedarse con la Medalla de Oro, y no sólo eso: en el primer Mundial de Fútbol, disputado dos años más tarde, volvió a ganarle en la Final a Argentina.

Pero la historia no termina ahí. Ambos planteles hicieron escala en Paris antes de regresar a sus respectivos países. Allí en la capital francesa se encontraba Carlos Gardel, que invitó a todos a su concierto. Pero la repetición de enfrentamienos entre argentinos y uruguayos llevaba a una gran tensión entre unos y otros. Gardel intentó descomprimir, considerando a todos campeones, y mostrándose orgulloso de que dos seleccionados sudamericanos arribaran a la Final. Raimundo Orsi, con pasado de violinista, subió al escenario. «Mumo» había tenido un cruce en la cancha con José Andrade, y el uruguayo había jurado venganza. Pero de repente, una bataola se desató. Orsi vio que alguien se acercaba a golpearlo -nunca se supo si era Andrade- y le pegó con el valioso Stradivarius en la cabeza. El valor de aquellos violines hoy en día ronda por los cuatro millones de dolares. Una medalla de Oro, no tiene precio.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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