DANTE PANZERI: OBRA Y VIDA DE UN REVOLUCIONARIO

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Trascender. Quizás, el objetivo en la vida. A nadie le gustaría irse de este mundo sin dejar absolutamente nada. Ni un rastro. Ni una huella. Dante Panzeri debe sentirse satisfecho: a 38 años de su fallecimiento, el periodismo aún lo recuerda.

Hay otra realidad que no lo favorece: a Panzeri lo cita más gente de la que lo lee. ¿Quién fue? ¿Qué hizo? ¿Cómo lo logró? Su obra es tan amplia que resulta imposible terminar de conocer. Si hasta para su lugar de nacimiento los datos no se ponen de acuerdo: algunos indican Las Varillas, Córdoba, y otros a la Provincia de Santa Fe. Lo cierto es que en 1923, nació el periodista deportivo más emblemático de Argentina. Se inició en el diario La Voz de San Justo. Tenía el anhelo de trabajar en El Gráfico -revista deportiva por excelencia en esa época- y lo logró a los 21 años. Luego se dio el lujo de ser el Director. En el máximo cargo duró tres años. La Revista ganó en estilo pero perdió en ventas. Junto a Panzeri, participaron otros íconos como Pepe Peña y Osvaldo Ardizzone.

Una particularidad era la de no entrevistar a deportistas: “No tienen mucho para decir. Hablan con su cuerpo. con su performance. Nada encuentro interesante de lo que puedan decir. El reportaje es algo a lo que le tengo aberración”. Convicciones son convicciones: Pelé, Di Stefano, Puskas y Chartlon disputaron el Mundial de Chile 1962, pero Panzeri, enviado para la cobertura, no hizo contacto con ninguno de ellos. Aquel sería su último año en la prestigiosa Revista. La Editorial insistió en publicar propaganda sobre el Ministro Alvaro Alsogaray. Panzeri se negó pero el extracto igual fue publicado. Sintió que aquello era una pérdida de autoridad y quiso volver al puesto de redactor, pero ¿quién podía llegar a ser más importante que él? Le ofrecieron una indemnización y abandonó El Grafico.

“El juego es el jugador. El estilo es el jugador. Siempre decide el jugador”.

Su obra abarcó muchos más medios gráficos, y programas radiales o televisivos. Panzeri era un intelecual de convicciones inquebrantales, y se diferenció del resto a la hora de comentar partidos. Salió de la narración clásica de la jugada para aportar concepto, siempre con una cuota de emoción. Fue, sobre todas las cosas, apasionado por el fútbol bien jugado. Criticó a las nuevas ideas revoluciones tácticas, y hasta despotricó contra la figura de los entrenadores: “Un director técnico que sepa de fútbol puede colaborar a lo sumo en un diez por ciento para conseguir un triunfo…el sistema de juego no existe. Es un invento de los que no entienden de fútbol”. Panzeri otorgaba crucial importancia a la figura del futbolista: “El juego es el jugador. El estilo es el jugador. Siempre decide el jugador”. Siempre punzante, fue duro con grandes entrenadores como Osvaldo Zubeldía y Juan Carlos Lorenzo. Este último, cansado de las críticas, lo desafió a dirigir, a lo que Panzeri respondió: “¿Cómo no voy a poder dirigir? Si Lorenzo dirigió en dos mundiales, cualquiera puede hacerlo”. Pero además, sus ideas no variaban ni se silenciaban por nada del mundo. Cuando trabajaba en el Diario El Día de La Plata, fue tajante en agravios contra el Estudiantes multicampeón, llegando a decir que aquel equipo era “un imperio de la ilegalidad futbolística”. También fue uno de los primeros en observar el nacimiento de ideas diferentes en César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo, aunque nunca tomó una postura a favor de alguno de los dos. Panzeri admiró a La Máquina de River, y argumentaba también que el “Charro” Moreno era superior a Pelé. Mostraba su enfado con aquellos que iban a la cancha a ver ganar y no a ver jugar. Siempre puso el grito en el cielo cuando el espectáculo no aparecía. Mantuvo esa ética durante toda su carrera y también fue coherente a la hora de trasladar esos pensamientos a otros deportes: despreció, por ejemplo, al boxeo y al automovilismo.

Fue misterioso en lo que a cuestiones políticas se refería. Criticó a Juan Domingo Perón pero también mostró su enfado con lo que siguió. José María Suárez, compañero suyo en La Prensa, sostuvo: “su ideología política era todo un misterio. Murió sin que ninguno de sus amigos supiéramos a quién había votado. Decía que era uno de sus secretos y eso le permitía tener independencia para criticar a quien quisiera”. Cerca de sus últimos años, repudió que Argentina sea el organizador del Mundial 1978. Incluso, en septiembre de 1976 fue a la casa del vicealmirante Carlos Lacoste, quien quería convencerlo de los beneficios mundialistas. Panzeri llegó a la reunión con dos carpetas para fundamentar sus opiniones. Decía que en el país había otras prioridades como salud, vivienda y educación: “El Mundial 78 no se debiera realizar en la Argentina por las mismas razones que un tipo que no tiene guita para ponerle nafta a un Ford T no debe comprarse un Torino. Si lo hace, es porque alguien está robando”. Un cancer le quitó la vida a los 57 años, apenas unos meses antes de que el Mundial de inicio.

Matías Bauso, quien estudió la obra durante más de un año y reeditó el libro de Panzeri “Dirigentes, decencia y wines”, sostiene que no pudo encontrarle una sola contradicción. En su último cargo, como Editor de Deportes en La Prensa, no permitía notas de boxeo y automovilismo. Tampoco incluía las formaciones de los equipos de cara a los partidos de cada día: “¿Y yo cómo sé cómo van a formar? ¿Cómo voy a poner que van a jugar estos 11, si nunca terminan jugando esos 11? Los demás diarios que mientan, nosotros no les mentimos”. Su obra más recordada es “Fútbol, dinámica de lo impensado”, pero sería un error reducirlo a aquello.

Panzeri es el Periodista Deportivo más emblemático; el que revolucionó grafica, radio y televisión. Siempre disparó sus verdades. Quizás quien mejor lo haya definido, sea el periodista Ariel Scher: “Transformador gigantesco de su oficio, porque se atrevió a contar lo que hasta él nadie contaba, y porque incluyó al poder y a sus peores usuarios en el campo de lo que le corresponde indagar al periodismo deportivo”. Al fútbol de hoy no sólo le hacen falta dirigentes, decencia y wines.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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