Juan Antonio Bava

EL ÁRBITRO QUE HIZO UN GOL

En el torneo Metropolitano de Primera División del año 1983, ocurrió un hecho atípico para el fútbol. El árbitro Juan Antonio Bava metió un gol, anuló dos anotaciones para su “víctima”, y no le sancionó un claro penal. Para colmo, el equipo al que benefició, ganó 2 a 1.

El recientemente ascendido, Temperley, recibía en su casa al ya histórico en la categoría Huracán por la fecha 31 del Metropolitano 83´ en un partido atípico por lo que sucedería una vez comenzado el cotejo. Llovía en Lomas de Zamora, y mucho, pero pese a las condiciones climáticas, Juan Antonio Bava, árbitro del encuentro decidió que el partido se tenía que jugar. Tras 45 minutos de juego en los que la lluvia no permitió que el juego sea atractivo, los dos equipos se fueron a los vestuarios igualados en 0. Una vez retomado el match, la cosa empezó a mejorar. Los equipos se veían más dispuestos a atacar. Principalmente, Temperley, quien además de ser local, tenía la necesidad de sumar puntos para no tener problemas con el promedio. Cuando el partido estaba todavía 0 a 0, el juez anuló no uno, si no dos goles lícitos para el gasolero, lo que despertó la ira de los espectadores. Como si eso fuera poco, y para empeorar las cosas, minutos después no sancionó un claro penal para los locales. Esa fue la gota que rebalsó el vaso. 


Un grupo de hinchas comenzó a lanzar objetos contra el colegiado, acertando el lanzamiento de una piedra en la pierna de Bava, lo que lo llevó a tomar la determinación de suspender durante unos instantes el cotejo. Una vez que el partido fue retomado, Huracan se puso en ventaja en el marcador con gol de Néstor Candedo, a los 75´, y rápidamente, a los 79´ ocurrió el hecho tan recordado. Tras un centro del mismo Candedo, el árbitro resbaló en el barro y empujó la pelota, la cual tras una corta trayectoria por entre los pies de los defensores celestes, quienes miraban estupefactos como la pelota se acercaba a su portería, terminó dentro del arco. Primero atónitos, y luego enfurecidos, los hinchas de Temperley intentaron invadir el campo para “ajusticiar” a Bava, pero la policía lo impidió y el encuentro continuó. Ya sobre el final, Temperley descontó con un gol de Piris de penal –que según muchos, fue cobrado para calmar las aguas en el Estadio Alfredo Beranger-, pero que de nada servía. Tras el pitido final, decenas de fanáticos locales lograron vencer la barrera policial para intentar propinar golpes de puño al colegiado, quien debió irse del estadio con custodia policial. Dicho acto de violencia provocó que el gremio de árbitros decidiera hacer huelga, lo que obligó a que la siguiente fecha deba ser postergada.