CUANDO EL MUNDIAL FUE UN POTRERO

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 Leónidas Da Silva quedó en la historia por sus espectaculares movimientos, míticas bicicletas y perfectas chilenas, muy anteriores a las de O Rei Pelé. Además, consiguió algo que nadie pudo lograr en una Copa del Mundo: anotar un gol descalzo.
 
Los futbolistas brasileños son los más ricos técnicamente. La historia ha confirmado que su ADN posee algo que los hace especiales. No se sabe bien qué es, pero sin dudas es una verdad innegable. Esa estirpe, esencia, marca, o como quiera uno llamarle, se presentó en cada uno de los centímetros que componían la espigada figura de Leónidas Da Silva, el delantero fetiche en Brasil durante las décadas del ’30 y del ’40, y quien además se dio el gusto de anotar de una manera única en la historia de los Mundiales.
“Ese hombre de goma, en el suelo o en el aire, posee el don diabólico de controlar el balón en cualquier lugar, y lanza chutes violentos cuando menos se espera. Cuando Leónidas marca un gol, uno cree estar soñando”, aseguró el periodista francés Raymond Thourmagem, de la revista “Paris Match”. Un elogio que pone en situación lo que supo representar este mortífero goleador y dribleador.
Los reportes de la época no hacen más que demostrar la admiración que el “Diamante Negro”despertaba en cada partido. Todos y cada uno de los equipos por los que pasó, atesoran el orgullo de que el primer crack brasileño haya vestido sus colores. Desde los humildes Sírio Libanés, entre 1929 y 1930, y el Bonsucesso, en las campañas 1931 y 1932, hasta los gigantes Peñarol (1933), Vasco (1934), Botafogo(1935-1936), Flamengo (1936-1941) y São Paulo (1942-1950), en todos Leónidas dejó su huella. Siendo el elenco Tricolor el lugar que escogió para poner punto final a su dilatada carrera, luego de sumar en fila cinco Campeonatos Paulistas.
Resultado de imagen para leonidas da silvaLo concreto, y, paradójicamente, el motivo más pequeño por el que pasó a la inmortalidad, si tenemos en cuenta lo enorme y brillante de su carrera deportiva, es el famoso gol que le anotó descalzo a Polonia, en los octavos de final del Mundial de Francia 1938. Dicho encuentro terminó 6-5 a favor de los brasileños y donde el crack terminó de desnivelar las acciones con tres tantos en el global.
Con el marcador igualado 4-4 se produjo la inusitada situación. El juego se encontraba en tiempo suplementario, con paridad y tensión de partes iguales para ambos lados. El terreno del Stade de la Meinau, en la hermosa ciudad de Estrasburgo, no era el mejor. Las fuertes lluvias crearon un lodazal donde el balón casi no conseguía rodar, y por ende los futbolistas debieron esforzarse en demasía para hacer pie en tales condiciones. Sin embargo, Leónidas tuvo un “deja vu futbolístico” (si es aceptable tal expresión) y recordó las largas tardes que supo pasar en los potreros de su tierra, de aún peores terrenos. Así, y en base a su olfato de goleador se las ingenió para destacar por sobre los demás. ¿O acaso los buenos de verdad no deben siempre ser los mejores, aún en la adversidad?
En el inicio del tiempo extra, Leónidas se percató de que su botín derecho se había descocido, por lo que se acercó al banco de suplentes con la esperanza de solucionar el problema, o tal vez conseguir otro calzado. Empero, en ese momento se inició un ataque de la Verdeamarela, y la joya, impacientado por la demora de sus asistentes, decidió volver al paupérrimo terreno sin ninguno de sus zapatos, como si de la de arena de Río se tratara. Claro que la acción hubiera pasado desapercibida en la historia de no haber finalizado con el arquero polaco, Edward Madejski, recogiendo el balón del fondo de la red. Pero este majestuoso delantero poseía un instinto notable, una intuición destacada para percibir el peligro de gol, por lo que cuando la pelota le quedó servida, no dudó y destrabó el duro y difícil cotejo con un remate efectivo.
El árbitro, entre el barro que cubría la escena y la distancia que lo separaba del rectángulo mayor, convalidó la jugada y posibilitó así la primera anotación sin botín de la que conste de la historia. Después vino el sexto de su equipo, una vez más con su firma. Sobre el final, el descuento polaco clavó la chapa en el definitorio 6-5 para Brasil. Un encuentro épico.
Leónidas se erigió en la figura indiscutida del Mundial y cosechó 7 gritos en los 4 cotejosque disputó en la Copa. Paradójicamente, Ademar Pimenta, el técnico del Scratch, lo sorprendió la mañana del 16 de junio con un incomprensible: “le dejo descansar para la final”, privándolo así del choque ante Italia de semifinales. Tal era la confianza que reinaba en el equipo que se creía en un triunfo ciego, pese a que el rival defendía el trofeo Jules Rimet. Para la desgracia de Da Silva, el conjunto de Vittorio Pozzo se impuso por 2 a 1 y sacó pasaje a la gran final, en la cual venció a Hungría por 4-2 para erigirse en bicampeón mundial. Claro que el DT no pudo regresar inmediatamente a Río de Janeiro por el odio popular que pesaba en su contra. Pero el daño ya estaba hecho y Leónidas, el “Diamante Negro”, el futbolista más espectacular de aquella época, fue privado de una final de Copa del Mundo, un lujo que nadie tuvo la fortuna de poder presenciar.
 
 Los goles de aquella histórica tarde, incluido aquel tanto descalzo: 
 
 
Maximiliano Santini
@santinimaxi
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Periodista deportivo egresado del Círculo. Amante de todo tipo de deporte, sin distinción alguna. Sueño con clonar a Lampard para que nunca deje de patear una pelota. Escribo sin ansias de ser leído.

1 comentario

  1. Leonardo SPFC on

    Grande Diamante negro. Foi fantástico sua história com a camiseta do São Paulo. Gracias desde Brazil!!

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