28/08/2005: EL CLÁSICO QUE LO CAMBIÓ TODO

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28 de Agosto de 2005, La Plata. Pasadas las tres de la tarde, no hay un alma en la ciudad de las diagonales. Las plazas, usualmente pobladas, se encuentran semi-vacías. La gente está ocupada. En su casa, pendiente de la televisión, o bien comiéndose las uñas con la oreja pegada a la radio. Otro gran número se encuentra en las calles de 1 y 57, más precisamente en el Estadio Jorge Luis Hirschi, donde el Club Estudiantes de La Plata hace las veces de local. Resulta que esta vez no es un partido común y corriente, de esos que se olvidan rápido. No, es el clásico de la ciudad, y por ende, la misma se encuentra paralizada. La parcialidad del Club Gimnasia y Esgrima La Plata también se acercó en gran número al estadio “pincharrata” para presenciar el derbi.
Herrera; Angeleri, Ortiz, Alayes, Arano; Braña, Cardozo, Bastía, Carrusca; Pavone y Calderón, son los representantes del club local, mientras que Navarro Montoya; Franco, San Esteban, Goux, Licht; Cabrera, Escobar, Fredrich, Lobos; Vargas y Delorte son quienes saltaron a la cancha con la camiseta del Lobo. Jorge Burruchaga y Pedro Troglio ya dejaron atrás sus épocas gloriosas como futbolistas profesionales -con mundiales incluídos-, y buscan hacer sus primeras armas. “Burru” llega en la cuerda floja. Su equipo perdió los dos compromisos ligueros, y para colmo, quedó rápidamente eliminado en la Copa Sudaméricana. El clásico resulta una prueba vital y quizás, definitiva. Por el lado de Gimnasia, conoció el triunfo, el empate y la derrota, pero con la particularidad de que el traspié no fue menor: 0-6 como local ante Vélez. A favor de los “triperos”, el último clásico se quedó en el bosque tras una goleada por 4-1. 
Tras la derrota en 1 y 57, Gimnasia se recuperó y peleó el torneo.

 

Y está parejo el clásico. Es más, no se sacan ventajas. 44 triunfos para cada uno, y predominan los empates (49). Y ahora, cuando la ciudad está vacía y las avenidas solo alojan a algún que otro desprevenido al que no le interesa el fútbol, en la cancha se sigue demostrando esa paridad. Ningún equipo se saca ventaja. Ya terminó el primer tiempo y se vio más fricción que juego. Solo hubo dos oportunidades: Pavone desperdició una ante el “Mono” Navarro Montoya, y Alayes le ahogó el grito al “Flaco” Delorte tras una mala salida de Herrera. 

Pero es fútbol y todo cambia. Y pasadas las tres de la tarde, José Luis Calderón ya decretó la apertura del marcador a favor de Estudiantes. El local se replegó y aprovechó la impericia en ataque del “Lobo”, que ni aún moviendo su delantera (Valenti y Casado en lugar de Delorte y Vargas) pudo llevar peligro al arco de los de Burruchaga. Por eso los minutos pasaron y el león rugió feliz, sabedor de que necesitaba los tres puntos. Y el lobo, se fue agazapado pero sabiendo que dentro de la paridad, ayer les había tocado ganar y hoy, tocaba perder.

Aquel clásico de 2005, fue el último disputado en el Jose Luis Hirschi de 1 y 57.

Lo que no sabía el público de Estudiantes, es que aquella avalancha generada tras el gol de Calderón, sería la última en su viejo estadio de 1 y 57. La suspensión para una posterior remodelación total de su casa se consumó tras aquel clásico del que salieron victoriosos, ya que se registraron incidentes antes y después del clásico. Pero atención, porque el público pincharrata tampoco imaginaría que aquel 2005 era la antesala a un proceso plagado de alegrías: dos campeonatos locales y la obtención su cuarta Copa Libertadores aparecerían en las vitrinas del club. Diego Simeone y Alejandro Sabella fueron los entrenadores que le permitieron al público volver a gritar campeón. Y como frutilla del postre, haciendo homenaje a la vieja frase que reza que “no hay mal que por bien no venga”, el dolor de decirle adiós a su casa fue calmado con el regreso de un hijo prodigo: Juan Sebastián Verón. Por “La Bruja” y su escoba mágica, Estudiantes lograría volver a los primeros planos del fútbol argentino.

Para Gimnasia las cosas fueron distintas. El dolor de perder el clásico calmó rápidamente, ya que el equipo de Pedro Troglio levantó la cabeza y realizó una campaña formidable, peleando el título hasta la última fecha y siendo el único puntero en gran parte del torneo. Finalmente, el sueño de gritar campeón siguió como cuenta pendiente, luego de que sea Boca quien se alce con la corona. 

Lo que ninguna de las dos parcialidades imaginaba, era que tras el gol de José Luis Calderón en el minuto 49 del partido, se marcaría el fin de una época de paridad en el clásico. Después de aquel partido, Estudiantes se quedó con 11 de los 20 encuentros posteriores. Entre esos, se incluyen un histórico 7 a 0, justo en el certamen que Estudiantes se consagró como campeón (Apertura 2006) y sólo un triunfo de Gimnasia, 3-1 en El Bosque, por el encuentro correspondiente a la segunda fecha del Clausura 2010. Para peor, el club “tripero” pasaría dos temporadas en la B Nacional mientras su archirival le jugaba de igual a igual a uno de los mejores equipos de la historia: el Barcelona de Messi.


Pasados 12 años de aquel clásico que significó el último de Estudiantes en su propio estadio, el club que hoy preside el ídolo Juan Sebastián Verón se prepara para retornar a las calles de 1 y 57; con la alegría de volver a casa, pero la nostalgia de saber que allá afuera, sea en el Estadio Ciudad de La Plata o en cancha de Quilmes, las cosas -y en especial el clásico- han ido muy bien.

Las calles de 1 y 57 se alistan para volver a recibir al clásico de La Plata.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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