MUÑECO BRAVO

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El recuerdo de un Superclasico que pertenecía a Boca, hasta que a Marcelo “Muñeco” Gallardo le quedó un tiro libre en la puerta del área.

Son varios los equipos campeones que al siguiente torneo se relajaron y terminaron muy abajo en la tabla de posiciones. Uno de ellos, el Boca de Carlos Ischia. Tras conseguir el titulo en el triangular ante San Lorenzo y Tigre, el “Xeneize” arrancó con el pie izquierdo el Clausura 2009. Tal es así que llegó al Superclasico de la fecha 10, por debajo de mitad de tabla, y acumulando 3 victorias, 2 empates y 4 derrotas. Por su parte, River, ya con varios años sin ganar en La Bombonera (desde 2004) y habiendo salido último en el anterior certamen, buscaba la famosa “inyección anímica” que lo alejara de la irregularidad para pelear el campeonato con el Vélez de Ricardo Gareca, que no había perdido en ninguno de sus 9 partidos.

Roberto Abbondanzieri estaba en el arco xeneize; cuestionado, pero con la suficiente espalda como para seguir siendo titular. Atrás, los experimentados Hugo Ibarra y Claudio Morel Rodríguez por los costados, mientras que Cáceres-Forlin era la dupla central. Vargas-Battaglia-Chavez, un mediocampo con juego y equilibrio. El ausente era Juan Román Riquelme, y su reemplazante, tenía características diferentes: Nicolás Gaitán, con zurda endiablada y futuro europeo incluido. Los dos de arriba, ‘los mismos de siempre’: Palacio-Palermo.

Néstor Gorosito aún no había encontrado el 11 ideal de su River, que lentamente comenzaba a perder figuras. Ya sin Juan Pablo Carrizo, el 1 era Daniel Vega. La defensa aquella tarde fue Ferrari-Sánchez-Cabral-Villagra, mientras que delante de ellos, el capitán Oscar Ahumada y Nicolás Domingo prometían batallar los 90 minutos. Los 4 restantes merecen un capitulo aparte:

1) Marcelo Gallardo: Hoy entrenador, ayer lider sin cinta. Aquella tarde se recostó sobre el sector izquierdo pero por condiciones naturales intentó mucho a espaldas de Vargas y Battaglia. Su famoso duelo con Abbondanzieri tendría otro capitulo.

2) Cristian Fabbiani: La historia del ‘Ogro’ es conocidísima. Intentó hasta el hartazgo llegar al club de Nuñez, y lo logró. Sus ganas y su buen paso por Newell’s ilusionaron al hincha Millonario, que llegó a asistir a la cancha con las máscaras de Shrek. Sin embargo, con el correr de los partidos su figura se fue apagando, y aquel Superclasico en La Boca no lo tuvo como el protagonista que River necesitaba.

3) Radamel Falcao: Goleador con algunos años en el club, y un titulo incluido. Fue una de las mejores armas de Diego Simeone, y también lo era para Gorosito: terminó el torneo como goleador de River, con 8 gritos. Con los años, el “Tigre” se convirtió en uno de los delanteros más peligrosos del mundo. En Nuñez sueñan con su regreso. Algún día…

4) Gustavo Bou: Así es. El delantero que la rompió en Racing, surgió de las inferiores de River, y como bien sabemos, nunca aparentó ser ni la mitad de lo que es ahora. A su favor: Gorosito le daba responsabilidades defensivas y su juego generalmente era utilizado por los costados.

Falcao, Fabbiani y Gallardo.  Las caras ofensivas de aquél River, además de un juvenil Gustavo Bou.

En el primer tiempo se vio muy poco. Apenas un mano a mano que Vega le tapó a Gaitán, un disparo de Battaglia que se desvió y se fue cerca, y muchos roces. La hinchada de Boca festejaba como un gol cada intervención sin éxito de Fabbiani, y el ‘Muñeco’ Gallardo era lo más claro de la visita, pero un tiro libre suyo mal ejecutado devino en un grandísimo contraataque de Gaitán, a pura velocidad y gambeta. El zurdo centró al área y Palacio cabeceó bien, pero Vega estaba ubicado.

Antes de los 15 minutos del segundo tiempo, Villagra se sacó la pelota de encima. Julio César Cáceres -ex River- llegó a ese envio y pudo hacer lo mismo, pero salió con elegancia, levantó la cabeza y vio correr a Palacio. Todo River estaba mal parado. Tal es así que cuando “La Joya” le ganó a su marcador y tocó al medio para Palermo, el goleador no tenía a nadie cerca marcándolo. Quizás pensaron que un delantero de esa altura y tamaña lentitud en sus movimientos, no podía hacer nada peligroso estando afuera del área. Pero para sorpresa de todos los presentes, Martin la acomodó con el taco y sacó un zurdazo potente al que Vega apenas alcanzó a tocar. Era el 1-0.

Se abría un partido que hasta ahí, había sido puros cruces de palabras. Gorosito optó por meter mano, y el equipo quedó parado tácticamente con un 4-2-3-1. Buonanotte -sin la chispa de otros torneos- reemplazó al sacrificado Bou, y Rosales -con poca historia en River pero buen recuerdo en La Bombonera ingresó por Fabbiani, que se fue silbado, a los insultos con la platea y al llegar al banco pateó un cartel. Los cambios tuvieron rápido efecto: Buonanotte llegó antes que todos a un rebote que parecía intrascendente, y Battaglia -que aquella tarde se llenó de fouls- lo cruzó antes de que haga algo peligroso, aunque sin saberlo, había generado una chance ideal para el empate. Gallardo agarró la pelota y todos se alejaron. Nadie le iba a quitar ese disparo. Mientras el árbitro acomodaba la barrera, “el Muñe” se relamió. Y cuando finalmente Bassi le dio la orden, se lanzó en la carrera para disparar lo suficientemente alto para que la pelota pase la barrera, y con la potencia necesaria para que, una vez que vaya camino al arco, Abbondanzieri mostrara que ya no tenía los reflejos de antes. Fue el 1-1 final.

River se lamentó por quedar lejos de la cima, pero Boca se fue aún con más bronca: parecía difícil que aquel River, que no había generado peligro en todo el partido, empatara el juego. Solo podía ser a través de una pelota parada.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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