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¿AÑO DE TRANSICIÓN?

Tras la época dorada de Alex Ferguson en el Manchester United, otro escocés llegó al club. Hasta el momento, la temporada de David Moyes no es buena. Volvió a perder el clásico ante Manchester City, y lo que puede ser un tiempo de adaptación deriva en una grave crisis de juego.

Lógicamente, el fin de una gloriosa era supuso un quiebre en la realidad del club. Tras 28 años, la máxima figura de la institución abandonó el cargo de director técnico, después de haber conseguido muchísimos títulos, dando lugar a un nuevo proyecto. Se fue Ferguson, contrataron con la venia de Sir Alex a David Moyes, que pasó 11 años dirigiendo al Everton sin conseguir ganar un campeonato. De un tiempo a otro, el período de transición por el que debía atravesar el Manchester United era esperable.

Aquellos primeros años de Fergie no fueron buenos, ni siquiera hacían presumir lo que llegaría a futuro. Tres años estuvo en el banco sin poder conseguir un título, hasta que levantó una de las copas nacionales. De todas maneras, cuando se fue dejó a un equipo multicampeón, y Moyes no pudo sostener eso. Fueron muchas las reuniones que mantuvieron previamente, de hecho el propio Alex designó a David como su sucesor, pero la historia hasta el momento no desanda el mismo camino.

En la actualidad, las razones de ese bajón futbolístico pueden ser muchas, pero cabe observar los resultados. Hoy en día, el United necesita de un milagro para poder acceder a la próxima Champions League, competición a la que no falta desde hace un gran tiempo. Deberá ganar la edición que se está disputando, en la que en cuartos de final se enfrentará al poderoso Bayern Munich, o bien cosechar una cantidad de puntos muy valorativa. Además, Tottenham y Everton se plantean como rivales en la pelea por acceder a la Europa League.

Desde que Moyes está en el banco de Old Trafford, la realidad es que los aficionados hoy lo apoyan un tanto más que al principio. El pasar la eliminatoria ante el Olympiacos, sin buen juego pero con la historia y jerarquía de un grande, le da un aire renovador. Pero muchas fueron las críticas, y los rumores de que pondrían fin a su ciclo. Al principio de su gestión, había quiénes acudían al estadio a ver al equipo y se iban antes de tiempo. Igualmente, más allá de todo esto, resulta difícil imaginar su destitución, recordando el período anterior.

Ahora bien, el Manchester United ha sufrido una caída en su nivel de juego que es muy significativa. A continuación, iremos punto por punto para observar los matices en el rendimiento del conjunto conducido por Moyes. Entre ellos, la derivación en malos resultados, algunos cambios que modificaron la estructura completa del equipo, y pocas cosas que rescatar.

Problemas en la salida

El equipo se ha resentido en lo que fue una de las grandes premisas del United de Ferguson, la salida del balón jugado desde abajo. En eso ha influido de gran manera la poca capacidad de primer pase de los zagueros ante la presión rival. Tanto Ferdinand como Vidic, o las variantes de Jones, Evans o Smalling, tuvieron la dificultad de pasar la primera línea contraria para poder avanzar con pelota. El Man United solo ha podido salir limpio cuando la pelota le llegó a los mediocentros (en su defecto, salió mal por los laterales), y en ese aspecto también ha habido una modificación clave.

Desde Everton, Moyes trajo consigo a su figura, Marouane Fellaini. Aunque, extrañamente, no lo coloca en función de mediapunta, como lo hacía en el elenco Toffee, sino que lo coloca como MC, e incluso ha alternado en el equipo titular. En los últimos partidos, se ubicó cercano a Michael Carrick; los buenos movimientos y la precisión de ambos colaboraron para avanzar con posesión, pero su lentitud por momentos ha permitido transiciones rivales.

Teniendo en cuenta este punto, los balones directos han sido muchas veces la única opción para los zagueros, que frecuentemente no encuentran a los hombres de la mitad ante el apriete rival.

Crisis de juego

Sin dudas, el gran problema de este equipo es la generación de juego. Si los mediocampistas están absorbidos por la marca, como casi siempre sucede tanto en Premier como en Champions, todo recae en Rooney, que debe bajar una gran cantidad de metros para transportar el balón hacia zona ofensiva. Wayne es el jugador de más categoría del plantel y exhibió sus virtudes para realizar este trabajo, pero no debe ser lo necesario.
La dependencia en Rooney aumentó sobremanera
Esa es una de las graves dificultades del juego colectivo, no poder salir de la presión. Así transcurren los encuentros sin poder encontrar una solución. Cuando ha jugado Cleverley, su dinámica de cara a tener todo el campo rival de frente ha ayudado a Rooney, pero el retroceso de Tom no es bueno y –junto con la preferencia de Moyes por Fellaini– lo han sacado del equipo.

Su mayor virtud, y las formas

Dirigido por Sir Alex Ferguson, el United tuvo una característica que lo hacía temible, y que con ciertos matices hoy conserva con el actual entrenador. Hacerse ancho en ataque, con la calidad de jugadores profundos y peligrosos que tiene el plantel en fase ofensiva, es la gran virtud. La cuestión ha sido llevarla a cabo con el mismo ímpetu con que lo hacía el equipo en la pasada temporada, cuando el United dominaba en ambas áreas.
United ensancha los ataques, quizá la mayor virtud
Para abrir la cancha, jugadores como Valencia, Januzaj, Young, el incorporado Juan Mata, son muy importantes. Aunque si el conjunto contrario cuenta con un buen mediocampo, y tapa las subidas de los laterales, los extremos no cuentan con un buen desdoble para el apoyo, y deben realizar una jugada individual para ingresar al área. Se hace un equipo partido, y los mediocentros no llegan a desarrollar la función de conectar las líneas, que quedan muy separadas.

Los cuatro de arriba

En los partidos recientes, David Moyes incluyó en ofensiva a los cuatros jugadores del plantel que mejor pueden hacer un rombo ofensivo en tres cuartos de cancha. Mata por derecha, Rooney en el centro, Januzaj por la otra banda, y unos metros arriba Robin Van Persie. Con este póker de jugadores en la parte alta de la cancha, ante rivales de menor jerarquía en la liga inglesa, la pareja del medio conformada por Carrick – Fellaini no tuvo mayores problemas para volver a tomar la bola y reubicarse ante una pérdida.

Distribución con el rombo ofensivo
De todos modos, extrañamente el DT sacó al belga para la ida vs Olympiacos por Champions (sin Mata, que jugó la competición para Chelsea), y ubicó a Cleverley en el centro. La presión de los helénicos en El Pireo fue fundamental, los volantes nunca pudieron jugar cómodos, y el resultado negativo ya es sabido. En la vuelta, la jerarquía individual con la que cuenta el United, junto a la enorme noche de Van Persie, colaboraron para pasar a cuartos de final.

Cuando los cuatro nombrados anteriormente estuvieron de arranque, el juego fue bueno, porque Mata hace de socio de Rooney, y porque los laterales tienen mejor coordinación con los extremos. Pero, ante un equipo que ya no puede desordenar al rival con las extraordinarias transiciones de defensa a ataque de la época de Fergie, un mal pase puede significar una chance rival ante el alterado retroceso.

El panorama a futuro

La temporada no está siendo positiva, si el United mantiene sus chances en Europa solo se debe a la categoría de sus jugadores, y no debido a un nivel colectivo que lo transforme en un potencial candidato en los certámenes que disputa. Cayó ante el City, y ante el Bayern Munich, por la Liga de Campeones, deberá ir sin el cartel de favorito, pero con la ilusión de repetir lo hecho en aquella final disputada en Barcelona en 1999.

La lesión de Robin Van Persie, que seguramente se perderá tanto el partido de ida como el de vuelta, es un problema de difícil solución para Moyes, dado que aumentará incluso más la exclusiva dependencia que este equipo tiene de Wayne Rooney. Tal vez vuelva a ubicar a Valencia para obtener esas sociedades que tan bien le hacen al ‘10’. Sin embargo, cualquier aficionado del Manchester estará esperando que finalice esta temporada de transición, y que finalmente solo sea eso, un año de adaptación.

Nicolás Galliari

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