SUPREMACÍA VELEZANA

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Inmersos en el clima de hostilidad previo al partido, Vélez y Boca no dieron la talla del duelo más atrayente de los cuartos de final de la Copa de la Superliga. En el juego de las propuestas, el conjunto de Gabriel Heinze prevaleció en su búsqueda siempre atractiva de presionar la salida rival y progresar en el campo a base de buenas asociaciones por todo el campo. Del otro lado, Boca se limitó a obstruir a su rival y olvidó por completo la búsqueda del arco rival.

La vuelta de Mauro Zárate al José Amalfitani fue la semilla que transformó un partido de alto vuelo en una película de morbo. Las luces se fueron con el 19 xeneize y el clima fue raro durante casi la totalidad del partido. En el duelo táctico, Boca, sin Darío Benedetto ni Emanuel Reynoso, se encomendó al repliegue y la salida en largo para evitar la presión alta de Velez, cosa que logró a cuentagotas en el primer tiempo. La ausencia delcordobés ex Talleres dejó a Gustavo Alfaro sin alternativas para una tenencia de pelota correcta y con sentido. Intentó suplir esa característica con Nicolás Capaldo para romper líneas, pero el buen bloque velezano no dio ningún tipo de espacios.

La premisa de Boca fue simple: estar siempre bien parado para que los buenos delanteros de Velez no lo agarren saliendo. Mediando el primer tiempo, pasó: tras una serie de buenos pases, Thiago Almada habilitó a Matías Vargas, que ante el achique de Esteban Andrada, no pudo convertir. Este aviso, el único en ese lapsus donde el conjunto de Alfaro estuvo bien parado, agudizó el repliegue y prácticamente ya no tuvo más vuelo ofensivo.

El complemento fue todo de Velez. El efecto del duro partido del jueves ante Atlético Paranaense, con el factor lluvia a cuestas, hizo mella en el físico de Boca, que ya no pudo seguirle el ritmo al conjunto de Heinze. Gastón Giménez se hizo eje de todos los ataques sin la persecusión de Nahitan Nández -ocupado en Almada- y la circulación de la pelota fue cada vez más fluida y profunda. El 71% de posesión de la pelota fue un claro indicador, la mayoría en campo rival, de la superioridad velezana. Boca nunca intentó contrarrestar esta situación y se limitó a defender en todo momento, más aún cuando salió reemplazado Ramón Ábila, la única vía de escape ante la constante presión. El partido finalizó con el Xeneize tendido frente a su arco y un aluvión velezano sobre el arco de Andrada, gran figura del partido. La diferencia entre ambos equipos es tan simple de analizar cómo compleja de lograr: la influencia de sus entrenadores es notable. Heinze transmite una convicción por una forma de jugar que genera en sus jugadores devoción por esa manera, mientras que Alfaro, sin Reynoso, ve como su plan de juego más efectivo en Boca se desarma cual rompecabezas. El partido de vuelta será la prueba de fuego para Vélez: dar la talla en La Bombonera y demostrar que están para cosas grandes.

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