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EL PLACER DE SABER A QUÉ JUGAR

La Copa América suele ser posterior a un Mundial, con todo lo que eso conlleva. Un resultado favorable invita a profundizar modelos; los negativos, cortan de raíz y obligan a una reconstrucción obligada. Uruguay, cuartofinalista en el Mundial de Rusia 2018 y con un proyecto que ya tiene 10 años de duración, no tiene necesidad de cambiar la forma. La innovación se ve en los nombres que contribuyen a profundizar un modelo efectivo, aguerrido y competitivo por donde se lo mire.

En esta oportunidad, al clásico 4-4-2, Óscar Tabarez le agregó una versatilidad ofensiva posible dentro de un contexto favorable para implementar nuevas variantes. La casi segura participación de Lucas Torreira en el eje fue cambiada: Rodrigo Bentancur y Matías Vecino formaron un tándem perfecto entre quite, distribución y presión; Nahitan Nandez en la derecha aporta su clásico despliegue y enjundia, mientras que Nicolás Lodeiro tiene libertad para buscar asociaciones y la obligación de ocupar su lugar en la banda izquierda para cubrir el ancho del terreno. Sin dudas, en nombres y características, el mediocampo celeste tiene los valores ideales para formar un conjunto versátil y con muchas variantes para cada faceta del juego.

Bentancur, de colosal partido, es el patrón del mediocampo. El volante de la Juventus tiene la cuota justa de voracidad para presionar y el don de la ubicación. Siempre aparenta estar un paso delante de la jugada y forma un tándem muy completo con el jugador del Inter, Matías Vecino. Con Luis Suárez y Edinson Cavani, amenazas latentes para cualquier defensor, los volantes tienen libertad para llegar a posiciones de gol y adoptar roles definitorios en cada momento del partido, con el plafón de contar con una saga central afianzada, y un confiable arquero.

El 4-0 ante Ecuador, con puntos altos de rendimiento, es un fiel reflejo de lo que presuponía la Copa América. Hay dos equipos visiblemente armados y superiores al resto: Brasil y Uruguay. El resto, en el limbo de sus vaivenes con nuevos y joviales procesos. La celeste, en este contexto, saca grandes ventajas sobre el resto. Redujo a Ecuador, un conjunto rápido y fuerte, a la mínima expresión y con la posibilidad de haber ampliado aún más la diferencia. Uruguay juega sin libreto. Porque cuando un equipo representa una idea de forma tan segura y sin titubear, no requiere ningún manual. Le sale natural.