CON SU PROPIA MEDICINA

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Óscar Washington Tabárez tomó nota del mal desempeño del mediocampo en los duelos ante Egipto y Arabia Saudita e hizo una modificación que terminó siendo clave: la entrada de Lucas Torreira para jugar de único volante central en un 4-3-1-2. Rodrigo Bentancur se paró de enganche, mientras que Matías Vecino se corrió a la izquierda. La idea le salió muy bien, ya que Uruguay se alejó de esa previsibilidad que se generaba por la horizontalidad de sus dos volantes centrales. El ingresado ayudó a dar equilibrio robando muchas pelotas y tuvo opciones de pase por delante. Así, encontró muchas veces a Bentancur, quien aunque estuvo impreciso, tuvo más espacios y participación. El juego fue más directo y ya no se dependía de Luis Suárez y Edinson Cavani, que pudieron estacionarse arriba sin necesidad de retroceder. Además, el ingreso de Diego Laxalt le dio salida y profundidad por el costado izquierdo, mientras que Martín Cáceres se corrió a la derecha para anular a Denís Cheryshev.

Rusia le había ganado a Egipto y Arabia Saudita siendo muy vertical y aprovechando muy bien los errores del rival en la salida y en defensa, y esta vez Uruguay lo superó con su propia medicina. Desde los primeros minutos lo presionó y tuvo contraataques en los que logró correr y lanzarse en ataque. Así se generó el tiro libre que convirtió Suárez, lo que ayudó a darle más sustento al plan de Tabárez. Su equipo tuvo más la pelota, pero no se apuraba y en este encuentro sí les dio un sentido a sus posesiones. El 0-2, tras un gol en contra de Cheryshev generado por un remate de Laxalt, pareció dar por terminado el partido, ya que Rusia careció de ideas en ataque. Al principio logró incomodar con pelotazos al gigante Artiem Dzyuva para posicionarse en campo rival o con algún intento del propio Cheryshev, pero ese recurso le duró poco y el equipo estuvo muy impreciso. Se notó la falta de una de sus figuras, Aleksandr Golovin, quien suele administrar los ataques. Además, el técnico Stanislav Cherchésov decidió rotar y utilizar a dos laterales suplentes, Ígor Smólnikov y Fedor Kudryashov, perdiendo la verticalidad que le daban los titulares Mário Fernandes y Yuri Zhirkov, por lo que el equipo fue extremadamente directo y no tuvo otro recurso que los balones largos. Para colmo, Smolnikov se fue expulsado y el local se desinfló todavía más, perdiendo la posesión del balón y mirando como tocaban los uruguayos.

Poco pasó en el segundo tiempo. Ambos sabían que la historia estaba terminada. Rusia intentó algunos ataques con el ingresado Fernándes y después apostó al doble nueve con el ingreso de Fiódor Smólov, pero a las limitaciones propias se sumó la seguridad que brindaron Diego Godín y Sebastián Coates. Solo pudo ilusionarse cuando Fernando Muslera se equivocó en la salida, pero Dzyuva definió mal. Con el correr de los minutos, el local se resignó y Uruguay empezó a jugar más cómodo en campo rival, tocando sin complicaciones y encontrando espacios para liquidar el partido. Aunque Bentancur siguió estando impreciso y el ingresado Giorgian De Arrascaeta no se metió en el partido, Uruguay pudo haber convertido mediante Cavani dos veces o con un remate de Cristian Rodríguez, el otro que entró. Pero el quinto gol para el equipo de Tabárez en esta Copa del Mundo terminó llegando por la misma vía que los cuatro anteriores: de pelota parada. Godín le ganó en el salto a Dzyuva y Cavani la empujó para sellar el 0-3.

Uruguay conservó su imbatibilidad en defensa y su efectividad en ataque. Sin brillar, le agregó un poco más de dinamismo al mediocampo, la única falla que el equipo había tenido en el Mundial. Así, hizo una primera ronda histórica y ahora deberá enfrentarse en un partido muy parejo a Portugal, un conjunto similar al sudamericano por su orden y porque tiene a Cristiano Ronaldo, un delantero que puede convertir en cualquier momento. Tabárez, con el 4-3-1-2 y  los ingresos de Torreira y Laxalt, parece hace haber encontrado el once, y demostró que puede plantarse ante cualquiera. Rusia, por su parte, tuvo una mala actuación pero fue una de las revelaciones en la fase de grupos, superando fácilmente un grupo en el que no era un firme candidato. Jugará ante España, una potencia pero que llega con muchas dudas, sobre todo en lo defensivo. La clave para tener chances será recuperar la solidez en el fondo y apostar a que Golovin ayude a solucionar los inconvenientes con la pelota.

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