SÓLO EN LAS ALTURAS

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Todo el partido transcurrió bajo la misma tónica, con Uruguay manejando más la posesión pero sin poder quebrar a un extremadamente ordenado y solido Egipto. Oscar Wahington Tabárez apostó por Giorgian De Arrascaeta para que intentara ser el nexo entre los mediocampistas y los delanteros, pero pocas veces encontró espacios. Si bien el trámite empezó con ambos equipos presionando y proponiendo desde abajo, con el paso del tiempo se volvió muy disputado en la mitad de la cancha. Matías Vecino y Rodrigo Bentancur -quien comenzó conduciendo al equipo y filtrando buenos pases pero luego se cayó-, se complementaron poco y jugaron muy horizontales, sin poder romper líneas. El equipo de Hector Cúper hizo un gran trabajo defensivo, con los diez jugadores de campo moviéndose en bloque y tapando a los receptores. Tarek Hamed y Mohamed Elneny, el doble cinco de los africanos, se lució  y apropió de la mitad de la cancha. Nahitán Nández estuvo impreciso y no dio amplitud por la derecha, y solo el lateral Guillermo Varela intentaba ser un complemento por esa banda, mientras que desde la izquierda Martín Cáceres no aportó en lo ofensivo.

Así las cosas, pocas jugadas limpias le llegaron a Luis Suárez, quien tuvo un muy mal partido al perder muchas pelotas y desperdiciar situaciones de gol impropias en él. Tampoco intervino demasiado Edinson Cavani, pero este se las arregló para generar sus propias chances o servirle otras a su compañero de ataque. Lo bueno para Uruguay era que a pesar de no jugar bien, con una simple combinación entre ambos le alcanzaba para ocasionar peligro. La excepción a la displicencia general fue el colosal Diego Godín: no solo le ganó casi siempre a Marwan Mohsen sino que en varias ocasiones salió jugando en forma brillante desde atrás, generando buenos ataques para su equipo. Por su parte, la ofensiva egipcia sufrió claramente la ausencia de Mohamed Salah, que estuvo en el banco de suplentes. Si bien por momentos pudo ser vertical y conducir bien de contraataque hasta tres cuartos de cancha, le faltó esa chispa que le suele dar su figura. Por eso no logró profundizar y chocó seguido ante los centrales rivales. Tuvo aproximaciones, generadas más por el extremo derecho Amr Warda que por el izquierdo Trezeguet, pero no llegadas claras. De todas formas, el equipo no parecía sufrir porque fue muy ordenado y cuando alguien fallaba, su arquero Ahmed El-Shenawy respondía con maestría.

En el segundo tiempo, Uruguay pareció iniciar con otra actitud y verticalidad, pero la sensación fue pasajera y Tabárez decidió los ingresos de Cristian Rodríguez y Carlos Sánchez para ganar amplitud. Al principio ambos consiguieron refrescar el mediocampo y asociarse bien, pero luego se fueron frustrando ante el muro de Egipto, que no sintió la salida por lesión de Hamed. Además, el conjunto de Cúper empezó a generar peligro jugando en largo con Mohsen, quien ganaba y lograba que su equipo se asentara en campo rival. Solo cuando sucedía esto Uruguay podía ilusionarse con algún contraataque, porque cuando su rival se replegaba se le hacía imposible. Sobre el final, Uruguay dejó de lado sus nuevas formas y fue a buscar el partido más decididamente con su estilo clásico, jugando en vertical o con balones largos. Así, logró meter al rival en su arco, pero al mismo tiempo arriesgó demasiado dejando solo a los centrales atrás. Egipto tuvo espacios para ilusionarse con ganarlo. La nueva postura del equipo dirigido por Tabárez fue muy efectiva y Cavani, de gran partido, tuvo dos situaciones que no entraron por muy poco. En una de las últimas jugadas, Giménez generó un tiro libre en campo rival y él mismo ganó magistralmente de cabeza luego del buen centro de Sánchez, dándole una victoria clave a su equipo.

El triunfo es vital para Uruguay desde lo anímico, ya que además de sacarse los nervios del debut -no ganaba un primer partido mundialista desde hace 48 años-, se consolida en el grupo A y si vence al débil Arabia Saudita, prácticamente se asegura pasar de fase. La nota negativa pasa por el nivel de Suárez y porque su nuevo mediocampo no superó la primera prueba, mientras que se confirma que Godín y Giménez son garantía. Además, sin brillar logró generar muchísimas chances de gol y terminó mereciendo la victoria. Por el lado de Egipto, el resultado final es muy duro pero eso no opaca la buena actuación. Si logra replicar el orden defensivo que mostró en la primera fecha y le suma el desequilibrio en ataque de Salah, tiene motivos suficientes como para soñar con clasificarse a octavos de final.

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