A PASO LENTO PERO FIRME

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Luego de la difícil prueba ante Egipto, esta vez Uruguay debía enfrentar a Arabia Saudita, otro rival que iba a intentar cerrarse bien atrás, y que luego de los repetidos errores en el partido inaugural contra Rusia, aprendió la lección y dejó de salir jugando excesivamente por abajo. Aunque Óscar Tabárez introdujo variantes en el equipo apostando por los ingresos de Carlos Sánchez y Cristian Rodríguez, el mediocampo volvió a tener muchos problemas para hacer circular la pelota, progresar y generar situaciones de gol.

El juego de Uruguay fue lento y previsible, con un 4-4-2 demasiado rígido. Rodrigo Bentancur y Matías Vecino no arriesgaron ni aportaron el pase filtrado que se necesita ante defensas cerradas. Jugaron en la misma línea, por lo que ninguno de los dos se adelantó y quedaron separados de los delanteros, además de no asistir a los volantes por afuera ni a los laterales, con excepción de alguna pelota cruzada. El equipo tenía la posesión, pero no estaba cómodo. Luis Suárez y Edinson Cavani no recibían, y la única alternativa que tenían era retroceder para habilitar a algún hombre que viniera de frente. Cavani advirtió esto y así Rodríguez generó el córner que terminó en gol de Suárez, tras un error del arquero Al-Owais.

Los de Juan Antonio Pizzi, por su parte, intentaron no complicarse y tocar en corto cuando pasaban la mitad del campo. El 4-5-1 estaba pensado más para contener a Uruguay que para atacar, pero igualmente se vieron sucesiones de pases interesantes, comandadas por Abdullah Otayf. Con el tiempo fueron perdiendo precisión, y la presión uruguaya era mucho para la débil técnica de sus defensores, que cometieron algunos errores en la salida. Arabia fue poco profunda y perdía casi siempre cuando pasaba tres cuartos de cancha, porque el centrodelantero Al-Mulawwad tuvo poca compañía y quedó solo contra Diego Godín y José María Giménez. Solo una vez fue exigido Fernando Muslera, por un remate de Hattan Babbir. Para colmo, sobre el final del primer tiempo salió lesionado Al-Jassim, uno de los pocos que había logrado inquietar en el conjunto asiático.

Tras el gol de Suárez, y especialmente en el segundo tiempo, Uruguay cambió totalmente su postura. Ya estaba cómodo con el resultado y decidió no desgastarse y ceder la pelota, sin presionar y confiando en la debilidad del rival para generar riesgo. Le salió bastante bien, porque Arabia dominó el trámite pero fue muy inofensiva. En ataque, el equipo sudamericano continuó siendo estático, por lo que entraron Lucas Torreira y Diego Laxalt, quien intentó algunos desbordes por la izquierda. Pasaba el tiempo y el equipo de Pizzi seguía sin generar riesgo, así que decidió mover el banco incluyendo entre otros a Al-Sahlawi, quien había convertido 16 goles en 14 partidos jugados en las Eliminatorias. Sin embargo, nada cambió. El repliegue charrúa fue eficaz y además se potenció cuando faltando 15 minutos, Tabárez decidió pasar a jugar con cinco defensores. La defensa ganó siempre y Cavani condujo bien algunos contraataques, pero el partido terminó 1-0.

Uruguay volvió a demostrar que le cuestan mucho los partidos en los que tiene la presión de proponer y de superar a equipos que se repliegan, con un mediocampo que no tiene un juego dinámico y delanteros que participan poco. Ninguna de las variantes dio resultado en estos 180 minutos. Sin embargo, pensando en los cruces de la segunda ronda, esta mala noticia puede relativizarse ya que los encuentros serán de otras características, con el equipo esperando más atrás y cediéndole la iniciativa a rivales más poderosos. Cuando intentó hacer eso en el segundo tiempo, aunque Arabia no es parámetro, mostró solidez defensiva. Lo que si deberá mejorar si quiere seguir compitiendo con éxito es el nivel de Luis Suárez: el gol le puede servir para sumar confianza, en un partido en el que volvió a estar lento e impreciso. Pero siempre es más fácil mejorar estas cuestiones cuando se gana, y para la Celeste no es común superar un grupo mundialista tan fácil. Además, los candidatos de otros grupos tampoco mostraron regularidad, por lo que también hay motivos para soñar.

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