CLAVES DE UN EMPATE PARA EL OLVIDO

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 Para un equipo que busca ser superior a partir de un ataque posicional, no había peor rival que la Selección más trabajada de Sudamerica y que gran parte de ese trabajo se ha basado en replegar, juntar líneas detrás de la pelota y apostar a la capacidad goleadora de sus delanteros. Párrafo aparte: cuánto amor o convicción en estrellas uruguayas que hace diez años viajan para ponerse a disposición de planteos que ni cerca están de potenciarlos.

Ante rivales que repliegan así la clave está en lograr amplitud para abrir a la defensa, pero no terminaba todo ahí. Marcos Acuña, a perfil cambiado, salió siempre para adentro. Ángel Di María se mostró una vez más apurado. En parte responsabilidad de los jugadores, en otra parte no tanto: si un extremo no tiene nadie que le ayude a lograr un 2×1, estará mano a mano y en desventaja contra el lateral. Para contener a los externos argentinos, a Uruguay le bastaba con tener a sus laterales cerca en la marca. Como no había otro jugador albiceleste que vaya por afuera, tanto Nahitan Nández como Cristian Rodríguez podían cerrarse y formar un embudo que volvía intransitable la zona central del campo donde debían pesar Messi y Dybala. Entonces, se puede decir que la línea de tres ayudó a contrarrestar la dupla Suárez-Cavani pero obligó a restar ayudas en bandas.

Buen partido de Lionel Messi a pesar de un arranque impreciso. Necesitaba socios, sobre todo en vertical. El indicado era Paulo Dybala, pero el cordobés está acostumbrado a otra cosa. En Juventus hace lo que hizo hoy Lionel: tirarse atrás, ponerse la cancha de frente y lanzar pases/apuñaladas o probar desde afuera. Estuvo incómodo, le faltó movilidad: algo que podía dar, por ejemplo, Joaquín Correa, no Javier Pastore, que entró para reforzar lo que en realidad sobraba: pase en corto, horizontal, previsible e inofensivo. Faltaba darle más velocidad a la circulación y sorpresa a los ataques. Incluso, sino se rompió el doble cinco Pizarro-Biglia fue porque el empate tampoco venía tan mal después de la derrota de Chile ante Paraguay.

¿Es todo esto una crítica destructiva a Sampaoli? No. El escenario era difícil por rival, contexto y tiempo de trabajo: apenas hubo tres entrenamientos previo al partido, y fueron más para decidir el once que para trabajarlo.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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