ATROPELLO EN WEMBLEY

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El Manchester United de José Mourinho sufrió un atropello en Wembley: perdió 2-0 ante el Tottenham de José Mourinho. Y pudo ser peor.

Pocas veces la frase «desde el vestuario» pudo aplicarse con tanta precisión. Tottenham se puso en ventaja a los diez segundos de partido, cuando los espectadores aún tomaban asiento. No hubo tiempo para ver la disposición táctica de ambos equipos que ya el marcador se había abierto. Incluso, en el gol de Christian Eriksen, pudo verse un adelanto de lo que se vería en el resto del encuentro: un equipo local ganando duelos a la defensa del Manchester United. Es que el joven Dele Alli fue más delantero que mediapunta, y Harry Kane tuvo una noche en la que no se guardó nada. Entre ambos, volvieron locos a la pareja de centrales visitantes, compuesta por Chris Smalling y Phil Jones. Las diagonales de Heung-Min Son y el propio Eriksen también fueron demasiado para los laterales de Mourinho, Antonio Valencia y Ashley Young. Este último, acostumbrado a defender (corregir) a pura velocidad, esta vez se vio atacado por el danés, a pura técnica.

Ante una ventaja tan notoria en los últimos metros, Tottenham modificó su estrategia habitual: no tuvo tanto la posesión sino que fue más vertical. Buscaba rápido llevar el ataque a zona de definición, porque el United después del gol nunca mostró garantías allí. Por momentos, Nemanja Matic, el pivote más retrasado, se posicionaba lo más cerca posible a los dueles entre centrales y Kane/Alli, por lo que quedaba demasiado espacio en el mediocampo; Paul Pogba estaba rodeado por un Tottenham mejor ubicado, que recuperaba rápido la pelota y volvía a atacar con verticalidad. El United estaba tan sobrepasado y lejos entre sí que no podía mantener la posesión y se repetía en envíos largos hacia un solitario Romelu Lukaku. Gran mérito del Tottenham, que además de atacar, lanzó un pressing muy intenso.

Con el 2-0 al descanso, Mourinho no ajustó. Pudo colocar un tercer central para que su dupla central dejara de defender mano a mano, pero esa posibilidad también lo obligaba a quitar un atacante estando en desventaja. Apenas optó por intercambiar a Alexis Sánchez con Jess Lingard: el chileno comenzó como extremo izquierdo y luego pasó a ser mediapunta en el 4-2-3-1 elegido. Los de Manchester tuvieron un breve lapso de ese segundo tiempo en el que intentaron amigarse con la pelota y buscar a Lukaku de mejor manera. Pero duró poco. Enseguida Tottenham volvió a retomar el dominio, y fue ralentizando cada vez más el ritmo al encuentro. Sabiéndose en ventaja, dejó la verticalidad del primer tiempo y basó su juego en su versión primera: posesión y paciencia para mover al rival. El United, atropellado minutos antes, no tuvo respuestas futbolísticas, tácticas ni anímicas para presionar con mejor timing y avanzar hacia el arco de Hugo Lloris. Simplemente esperó el final mientras Tottenham de floreaba y José Mourinho observaba con preocupación.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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