TOTTENHAM DIO UN PASO AL FRENTE

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En el renovado Hotspur Stadium, Tottenham recibió a Manchester City por el encuentro de ida de cuartos de final de la UEFA Champions League con su actual once de gala, distribuido en un 4-2-3-1 con Heung-Min Son, Dele Alli y Christian Eriksen por detrás de Harry Kane. En cambio, en el equipo de Pep Guardiola hubo algunas sorpresas. Bernardo Silva fue baja de último momento por lesión y en su lugar ingresó Riyad Mahrez para ocupar el lugar de extremo derecho, mientras que Fabian Delph fue titular en el lateral izquierdo ante una nueva molestia física de Benjamin Mendy. Además, Kevin de Bruyne fue relegado al banco de suplentes para hacer lugar entre los titulares a Ilkay Gündogan.

Desde el comienzo el conjunto de Mauricio Pochettino mostró su intención de asfixiar al City en la salida y no dejarlo progresar con comodidad. Para esto eligió “partirse” en dos, desprendiendo a los cuatro hombres ofensivos para ir a buscar bien arriba y manteniendo a los mediocampistas Moussa Sissoko y Harry Winks un tanto más retrasados, atentos a que el español David Silva no les ganase las espaldas. De esta manera los locales condicionaron bastante el juego de su rival,  pero les faltaba un punto más en cuanto a creatividad. Los de Guardiola respondieron a esa presión alta de dos maneras: primero con el habitual movimiento de Delph cerrándose junto a Fernandinho para generar superioridad, y luego haciendo descender unos metros a Gündogan con el mismo objetivo pasando a formar un 4-2-3-1. Lo cierto es que, si bien no sufrieron pérdidas demasiado apremiantes, los Citizens nunca lograron salir del fondo con la limpieza que hubiesen deseado.

Promediando la primera etapa Eriksen y Son intercambiaron bandas, y con el danés por izquierda con la cancha de frente para lanzar, el panorama cambió considerablemente. Allí llegaron los mejores momentos de Tottenham en todo el partido, con Kane pivoteando y asociándose con el mencionado Eriksen, y buscando al espacio a Son y a Alli. Sissoko se hizo muy fuerte en los duelos personales con los mediocampistas del conjunto visitante, que nunca lograron pesar en el trámite del partido. Lo mejor del City se vio desde los pies de Raheem Sterling, que a través de una jugada personal con gambeta y remate generó el penal que Hugo Lloris le tapó a Sergio Agüero.

En el segundo tiempo el partido se volvió un poco más abierto, con menos precauciones de ambas partes. La intensidad de Tottenham en la presión bajó, y los de Manchester comenzaron a instalarse de forma más continua en campo rival aunque sin generar demasiado ante el orden inalterable de los de Pochettino. Las posesiones no tuvieron ni el ritmo ni la toma de riesgos necesarios, la participación de los laterales para romper por carriles exteriores fue escasa, y los únicos recursos fueron unipersonales de Mahrez o Sterling. Gabriel Jesús ingresó en lugar de Agüero pero su presencia pasó desapercibida.

Con la salida de Kane y el ingreso de Lucas Moura, los Spurs adoptaron definitivamente una postura contragolpeadora. Ante la ausencia del centrodelantero cobraron mucho más protagonismo Eriksen y Son, y fueron justamente ellos dos los encargados de generar la jugada que terminó en el único gol del encuentro: gran pase filtrado del danés a espaldas de la defensa y resolución a pura perseverancia del coreano para marcar el 1-0. Pep intentó reaccionar mandando a la cancha a De Bruyne y Leroy Sané, pero quedó la sensación de que los ingresos fueron demasiado tardíos. Tottenham, por su parte, regaló una verdadera muestra de carácter ante la adversidad de perder a su mejor jugador, y dio un paso muy importante hacia las semifinales.

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